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sábado, 21 de abril de 2012

Aurora consurgens III


ML von Franz
AURORA CONSURGENS

Como ustedes recordarán, estábamos en medio del proceso circular en donde cada capítulo parece comenzar con una situación similar —con una nigredo, para usar una expresión alquímica— seguida de una descripción de cierto tratamiento de la materia, y al final de cada capítulo hay un aspecto de la albedo.
Esto se muestra primero en la forma de la nube negra que cubre la tierra y el alma o la mujer a quien se redime de ella, y después aparece en la forma de una inundación que cubre la materia y de una mujer que acarrea la muerte y después vuelve a ahuyentarla, tras lo cual aparecen las perlas blancas. En el último capítulo que comentamos, la nigredo tomó la forma del cautiverio babilónico, que duró setenta años y del cual después son redimidas las hijas de Jerusalén y de Sión. El proceso se ha descrito ya sea como un lavado, en que se lava repetidas veces la materia, o en la forma de una unción con el agua de la Iglesia, el crisma, de modo que el poder de penetración entra en el objeto tratado. El gran problema es, precisamente, cuál es el objeto tratado; a veces se dice que la prima materia es la materia tratada en el proceso alquímico, pero después queda claro que es la Sabiduría de Dios lo que, por decirlo así, ha caído en la materia y se ha vuelto idéntico a ella, y, además, a veces es el propio autor, ya que habla en primera persona: «Llorando estoy en la noche…». A partir de ello tenemos que concluir que tanto el espíritu en la materia como el autor están a veces contaminados; la diferencia entre ambos es incierta, y el alquimista se ha vuelto literalmente idéntico al objeto místico que está cocinando en su vasija. La situación bordea un estado psicótico —o se aproxima mucho a él—, en el que es típico que la conciencia del yo sea devorada al haberse identificado conciertos complejos del inconsciente, generalmente de naturaleza arquetípica. Sucede también en lo que Jung llama una psicosis voluntaria, es decir en la imaginación activa. Por consiguiente no sabemos, ni podemos juzgarlo del todo por el propio escrito, si nos encontramos frente a una psicosis involuntaria o con una que podríamos llamar voluntaria, es decir con el producto de una forma de meditación como ésta.
Si mi hipótesis es correcta y este documento fue escrito por santo Tomás de Aquino en su pugna con la muerte, ninguna de estas dos cosas es totalmente verdad. Pero hay una tercera posibilidad, esto es, que en este caso haya una irrupción de un contenido arquetípico del inconsciente a la que no se pueda calificar de episodio psicótico, sino más bien de una invasión premortal del inconsciente, por así decirlo, que también puede asumir formas similares, a las que se llega no por la meditación sino por una intrusión súbita del inconsciente colectivo en el racionalísimo sistema mental de una personalidad excepcional. Entonces, estos capítulos nos mostrarían cómo en su lucha con la muerte la personalidad aún sigue tratando de asimilar este impacto, de digerirlo y de encontrar una actitud correcta ante él, de integrar el contenido que lo ha invadido. Ésa es mi hipótesis del texto. No es más que una hipótesis; sólo puedo decir que es probable, pero no afirmarla como una certidumbre.
He aquí el capítulo siguiente: Aquel que hace la voluntad de mi Padre y arroja este mundo en el mundo, se sentará conmigo en el trono de mi reino sobre la silla de David y los tronos del pueblo de Israel. Ésa es la voluntad de mi Padre, [para] que uno pueda ver que Él es veraz y que no hay ningún otro que dé abundantemente, sin cicatería ni vacilación, verdaderamente a todas las naciones, y Su único hijo engendrado, Dios de Dioses, Luz de Luces, y del Espíritu Santo, que proviene de ambos y es co-igual con el Padre y el Hijo. Porque en el Padre está la eternidad y en el Hijo la igualdad, y en el Espíritu Santo la unión de eternidad e igualdad. Puesto que se dice que tanto el Padre como el Hijo y el Espíritu Santo, estos tres son uno, es decir cuerpo, espíritu y alma, porque toda perfección está fundada sobre el número tres, esto es, medida, número y peso, porque el Padre es hecho de nadie, el Hijo es del Padre y el Espíritu Santo procede de ambos. Al Padre se le atribuye sabiduría por la cual Él rige y ordena todas las cosas en moderación, cuyos caminos son incomprensibles y cuyo juicio está más allá del entendimiento. Al Hijo se le atribuye la verdad [pero con el matiz de la verdad realizada] puesto que cuando Él moró entre nosotros aceptó algo que Él no era, Dios perfecto y al mismo tiempo hombre generado de semilla humana y alma racional; obedeciendo la orden de Su Padre y apoyado por el Espíritu Santo, Él ha redimido al mundo perdido por obra del pecado de los padres. Al Espíritu Santo se le atribuye el amor que transforma toda cosa terrestre en una celestial, y esto en tres aspectos: bautizándola en la corriente, con sangre y en ardientes llamas. En la corriente él anima y purifica, lavando de toda suciedad y sacando del alma todo lo que sea «humoso». Tal como está dicho: Tú haces fructificar las aguas para la vivificación de las almas. Porque el agua nutre a todos los seres vivientes, por tanto el agua que desciende del Cielo embriaga a la tierra que recibe el poder por el cual pueden ser disueltos todos los metales. De modo que la tierra desea agua, diciendo: Envía tu pneuma espiritual, esto es, el agua, y será renovado y tú creas de nuevo la faz de la tierra, porque él insufla su aliento a la tierra y la hace temblar y cuando él toca las montañas ellas humean, pero cuando él bautiza en sangre nutre y alimenta. Tal como está dicho: El agua de bienaventurada sabiduría me ha nutrido y su sangre es la verdadera poción, porque el alma está situada en la sangre. Como dice Sénior: El alma permanece inmersa en agua que es similar a ella en tibieza y humedad y en la cual consiste toda vida. Pero cuando él bautiza con fuego ardiente, entonces vierte en el alma y la dota con la perfección de la vida. Porque el fuego da forma y perfección al todo. Tal como está escrito: Él le instila en las nances su aliento viviente y el hombre que antes estaba muerto se convierte en alma viviente. Del primero, segundo y tercer efectos dan testimonio los filósofos que dicen: El agua conserva el embrión durante tres meses dentro del útero, el aire lo nutre y lo sostiene durante tres meses, y durante los tres últimos lo preserva el fuego. Y el niño no saldrá a la luz antes de que se hayan cumplido todos estos meses, pero entonces nacerá y recibirá la vida del sol, que es el resucitador de todas las cosas muertas. Por lo tanto se le atribuye a este espíritu debido a su perfección y al séptuple don de que él tiene siete poderes en su efecto sobre la tierra.
Como este capítulo es muy largo me saltaré una parte. Primero él calienta la tierra. Tal como está dicho: El fuego penetra y refina mediante su calor, y Caled Menor dice: Calentad la frialdad del uno con la calidez del otro. Como dice Sénior: Poned al macho sobre la hembra, esto es, el calor sobre la frialdad. En segundo lugar, el espíritu extingue el fuego interior, del cual el profeta dice: Y el fuego fue atizado en su reunión y la llama consumió a los impíos sobre la tierra, y Caled Menor extinguió el fuego del uno con la frialdad de la otra. Hay algunas otras citas que significan lo mismo, es decir que hay que extinguir el fuego con fuego. En tercer lugar, el espíritu ablanda y licúa la dureza de la tierra. En el proceso emitirá su palabra y los licuará, su pneuma soplará y el agua fluirá. Y en alguna otra parte se dice: La mujer disuelve al hombre, como el hombre congela a la mujer, esto es, el espíritu disuelve al cuerpo y lo ablanda, y el cuerpo permite que el espíritu se solidifique. En cuarto lugar, el espíritu ilumina, porque borra toda oscuridad del cuerpo, tal como se expresa en el himno: Purifica las horribles oscuridades de nuestra mente, permite que los sentidos se iluminen. Y el profeta dice: El los conduce toda la noche en la luz del fuego y la noche será tan brillante como el día. Como también observó Sénior, él vuelve blancas todas las cosas negras y rojas todas las blancas, porque el agua blanquea y el fuego da luz. Y en el Libro de la Quintaesencia está escrito: Tú contemplas una luz maravillosa en la oscuridad. En quinto lugar, el espíritu segrega lo puro de lo impuro, porque separa del alma todas las cosas accidentales, los vapores y malos olores, y tal como está dicho: El fuego separa lo que es diferente y agrega lo que es similar. Por lo tanto el profeta dice: Tú me has puesto a prueba en el fuego y ningún mal fue hallado en mí. Y Hermes dice: Tú separarás lo denso de lo sutil y la tierra del fuego. Y Alphidius dice: La tierra se vuelve líquida y se transforma en agua, el agua se vuelve líquida y se transforma en aire, el aire se vuelve líquido y se transforma en fuego, el fuego se vuelve líquido y se transforma en tierra glorificada. Y a este efecto es a lo que apunta Hermes cuando dice en su secreto: Tú separarás la tierra del fuego, y lo sutil de lo denso, y esto se ha de hacer sin tropiezos. En sexto lugar, el espíritu eleva lo que es bajo, porque lleva a la superficie el alma que está profundamente oculta en la tierra, de la cual el profeta dice: Él libera a los prisioneros en su poder; y también: Tú has liberado mi alma del Infierno más profundo. Isaías también afirma: El pneuma del Señor me elevó. Y los filósofos dicen: Quien quiera que pueda hacer visible lo oculto entiende toda la obra, y quienquiera que conozca nuestro Cambar [es decir, fuego] es un verdadero filósofo. En séptimo y último lugar, él confiere el espíritu viviente, espiritualizando con su aliento el cuerpo terrenal, del cual se dice: Tú espiritualizas al hombre mediante tu aliento. Y Salomón dice: El espíritu de Dios llena la tierra. El profeta también dice: Y por el pneuma de su boca toda la tierra existe. Y Rasis dice en La Luz de las Luces [un texto árabe]: Lo pesado sólo puede ser elevado por lo ligero y lo ligero sólo lo pesado puede hacerlo descender. Y en La Turba [otro texto] se dice: Haz el cuerpo incorpóreo y lo sólido volátil. Todo esto se hace con nuestro espíritu porque sólo él puede purificar aquello que fue concebido de simiente impura. ¿Acaso no dicen las escrituras: Lavaos y seréis puros? Ya Naaman se le dijo que se sumergiera siete veces en el Jordán y que quedaría limpio. Porque hay sólo un bautismo para la ablución de los pecados, como lo testifican el Credo y los profetas. A quien tenga oídos para oír, dejadle oír lo que el espíritu de la doctrina dice a los hijos de la ciencia sobre el efecto del séptuple espíritu, del cual todas las Escrituras están llenas y al que los filósofos aluden con estas palabras: Destílalo siete veces, y entonces habrás logrado la separación de toda la humedad destructiva. Quizás hayan advertido ustedes que el tono del texto ya no es extático. De cuando en cuando hay hermosas citas poéticas, pero en este capítulo hay en general un tono bastante monótono, y al comienzo, como seguramente habrán notado, hay una repetición casi literal del credo del symbolum:
Padre del Hijo, Luz de Luces, Dios y Hombre, y así siguiendo; las ex presiones pueden variar en los diversos credos, pero no hay gran diferencia. Aquí, naturalmente, tenemos la versión católica. Como recordarán, al comienzo del proceso había una abrumadora invasión positiva de la Sabiduría de Dios, a quien el autor ensalzaba en su júbilo; después parecía haber caído en una inflación en la que desdeñaba a aquellos que no saben nada de una experiencia tal y se ponía agresivo contra la gente ignorante, y luego descendía a algo bastante aburrido y hacía un juego de palabras con aurora, aurea hora.
Después de esa primera fase comienza lo que yo llamaría la circulación de una espiral: siempre comienza con un proceso oscuro y describe lo que se ha hecho, y después termina con un resultado positivo, y esto se repite. Aquí estamos en mitad de la espiral, pero ¿qué dirían ustedes que fue lo típico de este capítulo, comparado con los anteriores? ¡Hay un retorno sorprendente a la actitud oficial cristiana! Al comienzo el autor repite incluso, literalmente, el symbolum del Credo, la Confesión de Fe, la versión oficial de todo ello: Creo en Dios Padre, y todo eso. ¿Por qué lo hace?¿Qué demuestra así?
Respuesta: Que está más o menos de vuelta en sí mismo.
M. L. von Franz: Sí, está volviendo a ser consciente; está tratando de retornar a su anterior actitud consciente o, se podría decir, de apartarse de la inundación que lo anegó, y ahí ven ustedes para qué sirve un credo o una actitud religiosa oficial: es un bote donde uno puede refugiarse del ataque de los tiburones. Uno puede salir a bañarse en el inconsciente, pero si aparecen los tiburones está el bote para volver a él, y ésa es la razón de que a la Iglesia se la haya comparado con un bote o una isla donde uno se puede refugiar cuando la influencia del inconsciente se hace demasiado fuerte. Si no cuento más que con mi razón humana y me digo que tengo que ser razonable, con eso no me basta para mantener a raya el influjo del inconsciente, pero tener una creencia que sigue existiendo en la conciencia es como un bote, es un lugar donde uno puede refugiarse. Por ende, debemos llegar a la conclusión de que nuestro autor no era un hereje y no dudaba de su Credo, sino que creía en él, como cabía esperar de un clérigo del siglo XIII. Era realmente un católico creyente, un cristiano medieval, y por consiguiente ahora intenta refugiarse en su creencia, ¡pero hay un cambio! Si ustedes se fijan, primero confiesa que cree en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y eso se mantiene más o menos durante las diez primeras líneas de la primera página, pero el resto del capítulo, en su totalidad, está dedicado a los efectos del Espíritu Santo. Es sorprendente. El Espíritu Santo llena la totalidad de uno de los capítulos más largos de todo el libro; el autor sólo está interesado en sus diferentes efectos alquímicos. Así, el énfasis total de su Credo se desplaza súbitamente haciael Espíritu Santo. Aquí atrapamos in flagrante, por así decirlo, lo que sucedió hacia aquella época, es decir entre los siglos XII y XIII. Si conocemos la historia de la evolución espiritual del cristianismo, sabemos que por aquel entonceslas sectas del Espíritu Santo aparecieron por todas partes. Algunas eran heréticas, en tanto que otras intentaban mantenerse dentro de la Iglesia, pero de pronto el Espíritu Santo se convirtió en la ocupación y preocupación de la gente. Hubo muchas discusiones teológicas y muchos movimientos, como el de los Hermanos del Espíritu Santo «los Humillados», los Pobres de Lyon, el Corazón Leal, el Gran Corazón de los Terciarios y otros semejantes, y todos confesaban que estaban especialmente consagrados a la adoración y el seguimiento del Espíritu Santo. Ustedes recordarán que en la Biblia el propio Cristo predecía que después de Su muerte Dios enviaría un Consolador que consolaría a las gentes de Su partida de la tierra y de Su muerte, y que aquellos que recibieran al Espíritu Santo podrían hacer obras aún mayores que las de Él mismo. El Espíritu Santo ha sido pues, desde el comienzo mismo, un aspecto muy burdo de la imagen cristiana de Dios, porque de acuerdo con la Biblia, de él se dice que entra directamente en el individuo. Con Cristo uno ya no puede comunicarse directamente, porque después de Su resurrección regresó al Cielo. El propio Dios no ha bajado jamás a la tierra..., cosa que no es verdad exactamente, porque los tres son uno, pero ahora estoy hablando como si no lo fueran. Pero, de acuerdo con la Biblia, se supone que el Espíritu Santo desciende una y otra vez sobre los individuos, y que eso no está restringido por el tiempo. Oímos hablar de contemporáneos que se encuentran una y otra vez con Cristo, pero no podemos comunicarnos con El ahora, a no ser mediante visiones o por la oración. Por otra parte, a lo largo de la historia se ha supuesto que el Espíritu Santo es capaz de descender sobre las personas; eso transmite la idea de un individuo que se llena directamente con el espíritu de Dios o, como lo han visto con claridad ciertos teólogos, que incluso continúa la encarnación de Dios. Dios sólo se encarnó «oficialmente» una vez, en la persona de Jesucristo, pero por mediación de las obras del Espíritu Santo cualquier individuo de la comunidad cristiana puede volver a convertirse en receptáculo del espíritu divino, lo que sería una encarnación de una partícula de la Divinidad. Las conclusiones de ciertas sectas medievales, cuando estas ideas cobraron de improviso tanta importancia emocional, eran muy sorprendentes. Por ejemplo, hay un dicho de san Pablo: ubi spiritus, ibi libertas, es decir, donde opera el espíritu —se entiende el Espíritu Santo— hay libertad, y por lo tanto ellos pensaban que si estaban plenos del Espíritu Santo ya no necesitaban obedecer a la Iglesia ni ir a confesarse, porque mediante el Espíritu Santo tenían su propia conexión directa con la Divinidad. Esta interpretación, como es natural, se convirtió en un peligro para la organización de la Iglesia. Además algunos sectarios dijeron que si uno estaba pleno del Espíritu Santo podía leer por su cuenta las Sagradas Escrituras y entenderlas directamente, y que entonces la interpretación de la Iglesia ya no era necesaria. La Biblia podía ser entendida simbólicamente y tomada espiritualmente, esto es, simbólicamente. Por eso estas personas empezaron a leer la Biblia y a interpretarla por sí mismas. Otras sectas llegaron al punto de decir que si uno estaba lleno del Espíritu Santo podía cometer cualquier pecado sin que estuviera mal —el adulterio, por ejemplo— porque «donde está el espíritu, hay libertad». Pueden ustedes imaginarse que la Iglesia no aprobó semejantes interpretaciones y por lo tanto algunas sectas del Espíritu Santo fueron parcialmente condenadas e incluso muy perseguidas, y en su mayoría tuvieron que cerrarse. Se anticipaban, como ya se vio hace tiempo, a la evolución de la Reforma, en cuyos comienzos hubo también un intento de afirmar que cada individuo tenía el derecho de comunicarse directamente con la Divinidad, sin tener como intermediario a ninguna organización humana. A estos movimientos selos denomina en general prerreformistas, porque comparten la idea de una comunicación individual y directa con Dios, aunque en otros sentidos eran, naturalmente, diferentes. Por lo tanto, si nuestro autor, que ha pasado por una experiencia religiosa, quiere mantener su actitud cristiana, se ha de referir al Espíritu Santo, como si la situación hubiera quedado salvada si él podía entender que su experiencia le había sido transmitida por el Espíritu Santo; desde este ángulo, todavía podía integrar su experiencia con su punto de vista consciente. Por eso se aferra emocionalmente a esta idea como factor de salvación. Describe al Espíritu Santo primero en tres formas de bautismo: por el agua, por la sangre y por el fuego, y luego describe los siete procesos en los cuales el Espíritu Santo afecta a la materia. Después el texto cambia en forma pasmosa, porque de pronto el Espíritu Santo se convierte en una especie de agente químico que cocina, limpia, purifica y sutiliza la materia alquímica. Aquí se lo concibe como una especie de energía, algo como el fuego o la electricidad, que tiene un efecto sobre la materia. Aquí la idea del espíritu retorna a su forma original y arquetípica, es decir, el mana.
Por la historia comparada de las religiones sabemos que uno de los conceptos más antiguos de lo Divino en muchas religiones primitivas es el concepto de mana, mulungu y otros semejantes, la idea de un poder divino, que muchos etnólogos han equiparado con algo así como una electricidad mística. Es como una energía divina, que penetra ciertos objetos y hiere a determinadas personas. Un rey tiene mana, un jefe también lo tiene, lo mismo que las mujeres cuando menstrúan y cuando acaban de dar a luz, y también un árbol herido por el rayo. Al mana se lo debe tratar siempre con respeto, ya sea manteniéndose alejado de él mediante tabúes, o aproximándose a él de acuerdo con ciertas reglas. Puede ser destructivo o positivo. Una mujer menstruante, por ejemplo, tiene mana negativo y hay que mantenerla alejada de la tribu y de los rituales tribales durante el período, porque está, por así decirlo, cargada de electricidad destructiva. El mana también puede ser neutral, porque si el jefe de una tribu tiene mana puede otorgar fertilidad a la tribu, al ganado y al suelo de sus dominios; o, si lo abordan con irreverencia, puede embrujar a la gente y hacer que enferme, por ejemplo. Ésta es una idea arquetípica. Psicológicamente, se podría decir que era una representación de los efectos del Sí mismo, o de la energía psíquica que en este nivel no se vivencia como una imagen personificada de Dios, sino más bien como un aspecto impersonal del poder divino. En variantes religiones posteriores, y a veces geográficamente diferentes, hay otros aspectos de lo Divino, ya sean dioses, demonios, espíritus ancestrales o lo que sea, que están todos más o menos personificados; son figuras más o menos antropomórficas que también representan el poder del inconsciente, pero que tienen una forma, y de las que se habla como si fueran, en parte, personalidades. La culminación de esto se encuentra en la religión griega, donde los dioses tienen forma humana y son representaciones de los arquetipos, y en la judeocristiana, donde a Dios se lo concibe también como un ser de forma humana y con reacciones semihumanas. En el arte cristiano, por ejemplo, a Dios se lo suele representar como un anciano de barba blanca; ésa es la forma clásica. El aspecto de mana, el aspecto de la Divinidad como una especie de poder no personificado, reaparece súbitamente en el cristianismo en la forma del Espíritu Santo, que es agua, viento y fuego: un viento llenó la casa, sobre las cabezas de los apóstoles en Pentecostés aparecen llamas, y en el bautismo aparece también como agua. Por consiguiente, aquí la idea arquetípica reaparece en la interpretación del Espíritu Santo como un poder impersonal con un aspecto semi material. A esta idea se adhiere nuestro autor cuando muy ingenuamente describe al Espíritu Santo como una especie de agente físico semi material que actúa sobre la prima materia: primero lavándola y después llenándola de sangre —es decir, vivificándola— y por fin calentándola con fuego, lo que sería darle vida y resurrección. Esto lo amplifica incluso comparándolo con el nacimiento de un niño, que durante tres meses está preservado en agua, nutrido por el aire durante otros tres y luego tres meses más por el fuego, hasta que nace. De manera que la actividad del Espíritu Santo, el impacto que éste tiene sobre la materia, pone en juego al mismo tiempo la generación y el parto, la nutrición del niño divino y el ayudarlo a nacer. Aquí ven ustedes que nuestro texto es una descripción típica de la forma en que se produce la piedra filosofal, porque con frecuencia se la compara con el proceso del nacimiento; es el Sí mismo que nace dentro de la psique como un niño divino. También hemos visto ya alusiones al motivo de la coniunctio.
Ahora se dice: cubrir la frialdad de la una con el calor del otro; poned al macho sobre la hembra, lo caliente sobre lo frío. Aquí está la idea de la coniunctio oppositorum, el acoplamiento del varón y de la mujer, y hay también una despersonalización mediada por la atribución de cualidades, de manera que lo cálido y lo frío se reúnen, lo que sería un acoplamiento de potencias opuestas. En el medievo era una idea generalizada la de que, fisiológicamente, los hombres eran calientes y las mujeres frías. Después viene una idea más sutil, la de que esta reunión de los opuestos significa que secretamente son uno, porque el fuego tiene que ser extinguido por el fuego, o tiene que ser refrescado, refrigerado, por su fuego interior. Psicológicamente, ¿cómo interpretarían esto?
Respuesta: Suena algo así como el Ouroboros.
M. L. von Franz: En cierto modo lo es, pero en un nivel más primitivo porque el Ouroboros es el proceso natural de aquello, mientras que aquí está en el recipiente tal como ha salido. Sí, en cierta medida, pero psicológicamente, ¿qué diría usted que es? ¿Qué es el fuego ?
Respuesta: La emoción.
M. L. von Franz: Sí, pero ¿qué es lo positivo en la emoción? Transforma, cocina e ilumina; ésa es la forma en que el fuego aporta luz. Si estoy emocionalmente atrapada por algo puedo entenderlo; si no me estoy debatiendo emocionalmente con mis problemas, o con lo que sea, de la lucha no resulta nada. Donde no hay emoción no hay vida.
Si tienen que aprender algo de memoria, y ese algo no les interesa, no hay fuego; no se les grabará aunque lo lean cincuenta veces. Pero tan pronto como hay un interés emocional, con una vez que lo lean ya lo saben. Por consiguiente, la emoción es el portador de la conciencia; sin emoción no hay progreso en la conciencia. El aspecto destructivo aparece en las peleas y conflictos; allí nos devora. La otra persona dice que es terrible cuando uno deja salir su propia emoción destructiva, pero es que si no la dejamos salir la emoción nos devora. Ustedes saben lo placentero que es guardarse para uno un afecto; pero si lo que no dejamos salir es una emoción negativa, nos carcome desde adentro. Es como tener dentro, durante horas, un perro que gruñe. He aquí una alusión a la emoción perversa: «El fuego fue reavivado en la reunión y la llama consumió a los impíos de la tierra». Es la quema de los impíos, de los pecadores. Y después se dice: «Él extingue el fuego en su propia medida interior». Psicológicamente esto es muy revelador. En análisis, los pacientes repiten una y otra vez al analista que están enamorados de alguien o que lo odian, aunque declaran saber que aquello es del todo irrazonable. «No estoy loco —dicen—; puedo comportarme y ser razonable, pero esto no se me pasa, ¿qué puedo hacer? ¡Por favor, ayúdeme! No me basta con saber que todo es una tontería. »La respuesta a esto es difícil de aceptar: el fuego tiene que quemar el fuego, uno tiene que quemarse en la emoción hasta que el fuego se extinga y se equilibre. Es algo que lamentablemente no se puede eludir. Uno no puede sacarse de encima el ardor del fuego, de la emoción; no hay receta para liberarse de ella: hay que soportarla. El fuego tiene que arder hasta que se haya consumido la última impureza, que es lo que todos los textos alquímicos dicen en diferentes variaciones, y tampoco hemos encontrado ninguna otra manera. No se lo puede impedir, sino sólo sufrirlo hasta que lo que es mortal o corruptible o, como dice tan bellamente nuestro texto, hasta que la humedad corruptible, la inconsciencia, se haya consumido. Ése es el significado: es la aceptación del sufrimiento. 

Si uno está lleno de diez mil demonios no puede hacer más que quemarse en ellos hasta que se aquieten y se calmen, y plantear al analista, o a quien sea, la exigencia infantil de que nos ayude con alguna especie de treta consoladora no sirve para nada. Si un analista finge que puede hacerlo, no es más que un charlatán, porque tal cosa no existe, y de todas maneras no tendría sentido. Si intenta sacar a los analizandos del sufrimiento eso significa que los priva de lo que es más valioso; los consuelos baratos son un error, porque así uno aparta a la gente del calor, del lugar donde se efectúa el proceso de individuación. Quedarse asándose en el Infierno es lo que produce la piedra filosofal; como se dice aquí, el fuego se extingue con su propia medida interior. La pasión tiene su propia medida interior; no existe una libido caótica, porque sabemos que el inconsciente mismo, como naturaleza pura, tiene un equilibrio interno. La falta de equilibrio proviene del infantilismo de la actitud consciente. Si uno se limita a seguir su propia pasión de acuerdo con sus propias indicaciones, jamás llegará demasiado lejos, siempre lo conducirá a su propia derrota. La pasión desordenada busca la derrota. Las gentes que tienen una naturaleza desordenadamente apasionada, una especie de naturaleza diabólica, buscan amorosamente una persona o una situación contra la cual puedan darse de cabeza, y desprecian a cualquier  pareja o situación en la que su propia pasión gane. Instintivamente buscan la derrota. Es como si algo dentro de ellos supiera que a ese demonio hay que golpearlo en la cabeza, y ésa es la razón de que, si uno se muestra amistoso o débil o comprensivo con un fuego semejante, no ayuda a la persona; por lo general, entonces esa gente se va y lo abandona a uno, porque no es eso lo que quieren. El fuego de la pasión busca aquello que la extinga, y por eso la necesidad de individuación, en tanto que es una urgencia natural desordenada, busca situaciones imposibles; busca el conflicto y la derrota y el sufrimiento porque busca intensamente su propia transformación. Digamos que alguien está poseído por un poder demoníaco. Si puede dominar a las personas que lo rodean no es feliz, sino que sigue estando inquieto; domina a toda la familia y sigue dominando afuera, y en su vida profesional, pero todavía está inquieto. En realidad está en busca de alguien que pueda vencerlo; eso es lo que anhela, aunque naturalmente no le gusta. Es una actitud ambigua, porque la odia y al mismo tiempo ansia que alguien o algo lo venza y ponga término a su poder. Es muy importante saber esto en el tratamiento de los casos fronterizos, porque estos pacientes suelen sufrir emociones tremendas y siempre intentan hacer que todo el impacto se descargue sobre el analista, esperando y temiendo que él les devuelva el golpe; eso es porque el fuego conoce su propia medida interior. 

Después nuestro texto dice que el espíritu rompe o modifica lo que es duro y endurece lo que es débil. Eso parece comprensible, pero ¿cómo lo interpretarían?
Respuesta: Es la coniunctio entre macho y la hembra.
M. L. von Franz: Sí, la dureza sería lo masculino, es una conjunción de opuestos, pero ¿cómo se aparecería eso en la vida, ablandar lo que es duro y endurecer lo que es débil?
Pregunta: ¿Tiene que ver con las cuatro funciones? La función principal es lo que es fuerte, y la cuarta función es débil.
M. L. von Franz: Sí, pero la función principal no siempre es dura.
Pregunta: ¿Lo duro no podrían ser las resistencias?
M. L. von Franz: Sí, las resistencias o, por ejemplo, una actitud rígida en algún rincón donde uno literalmente se endurece, que es una reacción compleja típica. Cuando por ejemplo, un analizando se niega a hablar de algo, eso sería un endurecimiento y está encubriendo una debilidad; la obstinación y la rigidez son duras, y por lo general eso tiene que ver con experiencias infantiles destructivas y negativas. Por ejemplo, esas personas cancelan el amor o alguna otra cosa, y en el proceso llegan incluso a cancelarse a sí mismas. Ponen su empeño en el éxito o en el dinero o en algo de esa clase, e interiormente están como congeladas. Es muy frecuente que el proceso analítico consista en suavizar los ángulos duros de la personalidad, que suele sufrir un doloroso calambre. Endurecerse es un síntoma de debilidad, por lo tanto solidificar lo que es débil sería parte del mismo proceso, porque es donde uno se siente débil donde se pone rígido, en tanto que donde es fuerte se mantiene flexible. 

La rigidez de la gente se genera en las debilidades y el miedo; el miedo los pone rígidos y los hace cerrarse, por eso al mismo tiempo la debilidad debe ser fortalecida, sea la debilidad del yo o un sentimiento de debilidad o lo que fuere, pues hay muchas debilidades. Entonces el proceso psicológico suele consistir en aflojar partes de la personalidad que se han puesto rígidas y solidificar el núcleo de la personalidad, el Sí mismo, y eso sería reunir los opuestos del macho y de la hembra. Entonces llega el cuarto efecto, la iluminación. Es cuando uno experimenta la sensación de comprender, cuando ciertos problemas se aclaran. Se lo llama también la coloración y el blanqueado, porque las cosas se aclaran y la vida empieza nuevamente a fluir. El espíritu segrega la forma pura de la impura, de modo que todas las cosas accidentales desaparecen: malos olores y cosas así. 

Para comentarlo alquímicamente: es muy frecuente que la piedra filosofal esté rodeada de material extraño que no le pertenece y que, por consiguiente, hay que lavar o quemar hasta que desaparezca. Es un hecho que en el proceso alquímico no todo tiene que ser integrado; hay algo a lo que se llama ya sea la tierra condenada, terra damnata, o bien res extraneae, cosas exteriores o externas, que hay que desechar en vez de integrarlas. Hay que tirarlas, sin más ni más. Con frecuencia la gente que ha leído un poco de psicología junguiana cree que todo lo que sucede, sea lo que fuere, pertenece al proceso y debe ser integrado, pero eso es verdad sólo cum grano salis; es un hecho que no todo pertenece. Como todas las verdades psicológicas, todo pertenece en un sentido, y para nada absolutamente en otro. ¿Qué son esas cosas externas que hay que tirar?
Respuesta: Las actitudes colectivas.
M. L. von Franz: Sí, las actitudes colectivas que estorban al desarrollo del individuo, o la identificación con otras personas. Mucha gente no llega a sí misma debido a su admiración por alguna otra persona, quizá del mismo sexo; siempre se refuerzan por ser como esa persona y por eso pierden la oportunidad de llegar a ser ellos mismos. Como una serpiente mira fija mente a un conejo, así miran ellos a otro, o a una idea colectiva; eso es algo externo, no es lo que ellos son, no les pertenece, y esas cosas no tienen que ser integradas.
Los sueños le dirán a uno que se aparte de eso, que lo deje, que no es suyo y no tiene por qué interesarle. Por lo tanto, la individuación significa también separación, diferenciación, el reconocimiento de lo que es nuestro y de lo que no lo es. Lo demás, hay que dejarlo en paz. La libido y la energía no se han de desperdiciar en cosas que no nos pertenecen. Por ende, se puede decir que hay tanto separación como integración, y eso sería regeneración a través del fuego hasta que, como dice el texto, uno alcance un estado de tranquilidad, porque cuando las gentes pueden renunciar a ideales o a actitudes colectivas que no le corresponden, de pronto se sienten en paz. De pronto se relajan y dicen:«Gracias a Dios, siempre creí que tenía que ser brillante y ahora me doy cuenta de que no tengo por qué». Sólo habían estado mirando fijamente a alguien que lo era. De esa manera se redime uno del esfuerzo constante por lograr algo que en realidad no le pertenece. 

Después se describe la totalidad del proceso como la tierra que se convierte en agua, el agua en aire, el aire en fuego y el fuego en tierra. Ahí tienen ustedes la idea clásica de la circulatio, de moverse a través de los cuatro elementos, de repetir nuevamente el proceso, pero siempre en otro nivel. Es la idea clásica de ir rodeando el Sí mismo a través de los diferentes elementos y de las diferentes formas; es, entre otras cosas, la circumambulatio, el proceso de individuación a través de las cuatro funciones y de diferentes fases de la vida. En el proceso de individuación es muy frecuente que emerjan una y otra vez los mismos problemas; parece que estuvieran resueltos, pero después de un tiempo reaparecen. Si lo vemos bajo una luz negativa, nos desalentamos y decimos: aquí está otra vez lo mismo, la misma antigualla; pero cuando se lo mira más de cerca uno suele ver la circulatio, porque la cosa simplemente ha reaparecido en otro nivel. Por ejemplo, ahora puede haberse convertido en un problema de sentimientos. Tomemos los tipos intelectuales e intuitivos que recorren muy rápidamente un proceso analítico y parece que entendieran mucho de psicología junguiana y de lo que les está pasando interiormente. Asimilan mucho, pero para ellos no se ha convertido en un problema ético; el sentimiento queda fuera, y con ello se omite el aspecto ético, lo que significa que en su comportamiento ético en el mundo mantienen el mismo viejo estilo, quizás acorde con la razón o con la influencia colectiva o con alguna otra cosa. Hablan del proceso de individuación como si hubieran llegado allí y lo conocieran muy bien, lo que en cierto sentido es verdad, porque lo han asimilado, digamos, en fuego, pero todavía no en tierra. De modo que el fuego tiene que cambiarse en agua y el agua en tierra, y después tienen que volver a vivir toda la cosa una vez más como problema ético.
A veces esas personas descubren de improviso que están de nuevo en el comienzo, que no han aprendido ni siquiera el abecé del problema de la sombra o de algo semejante, y dicen que ahora por fin entienden el problema, porque hasta entonces sólo lo habían entendido de un modo parcial. Esto sucede constantemente con la comprensión psicológica; hay muchas capas, y algo siempre se puede entender en un nivel nuevo y más profundo. Uno lo entiende con una parte de sí mismo y entonces la moneda sigue cayendo, digamos, y uno se da cuenta de la misma cosa, pero en un nivel mucho más vivo y más rico que antes, y eso puede continuar indefinidamente hasta volverse completamente real. Incluso si uno siente que se ha dado cuenta de algo, debería tener siempre la humildad de decir que así es como lo siente por el momento; unos años más tarde quizá diga que antes no lo sabía en absoluto, pero que ahora puede entender lo que aquello significaba. Eso es lo que me parece tan hermoso en este trabajo: que es una aventura que no termina nunca, porque cada vez que da uno la vuelta a una esquina se le abre una visión totalmente nueva de la vida; uno nunca sabe ni lo tiene completamente claro, ni siquiera en el caso de las cosas que por el momento siente que tiene bien ordenadas. 

La última sección se refiere al espíritu viviente y al a espiritualización del cuerpo, haciendo el cuerpo incorpóreo y el espíritu concreto. Es otro aspecto de una coniunctio, de una unión de los opuestos, pero de nuevo tiene un matiz diferente. ¿Cómo considerarían ustedes eso? El cuerpo, la cosa material, se espiritualiza, y el espíritu a su vez se vuelve concreto. ¿Qué significaría eso en la práctica?
Respuesta: El final de la escisión entre cuerpo y espíritu.
M. L. von Franz: Sí, pero ¿qué aspecto tiene eso?
Respuesta: Sería una actitud totalmente diferente hacia el cuerpo.
M. L. von Franz: ¿En qué sentido?
Respuesta: Sería introducir la experiencia analítica o espiritual en la vida real.
M. L. von Franz: Sí, eso sería solidificar el espíritu. Si uno pone en práctica lo entendido psicológicamente, está encarnando lo que era espiritual. Si reconoce que algo está bien y lo pone en acción, entonces se vuelve real. Ahora, la otra parte, ¿qué implicaría?
Respuesta: Una actitud de la conciencia que se retira en parte de la experiencia espontánea, al tiempo que la considera simbólicamente. . . Una especie de espiritualización de la experiencia.
M. L. von Franz: Sí, sería entender simbólicamente una situación concreta. Si puedo atenerme a lo que dice Goethe: «Alies Vergangliches ist nur ein Gleichnis» —Todo lo perecedero no es más que un símil—, si incluso en una situación material completamente concreta puedo ver su aspecto simbólico, tomando distancia ante ella, entonces la espiritualizo, se convierte en un símil de algo psicológico. Todos los acontecimientos externos en la vida no son más que símiles en cierto sentido; no son más que parábolas de un proceso interior, simbolizaciones sincrónicas. Hay que mirarlos desde ese ángulo para entenderlos e integrarlos, y eso sería espiritualizar lo físico.
Pregunta: ¿No existe el peligro de, por ejemplo, perderse el sabor de un buen roastbeef?
M. L. von Franz: Ciertamente, ¡y por eso hay que volver a solidificar el espíritu! Hay que hacer las dos cosas. Es lo que decía el maestro zen: «Al comienzo del proceso el agua es agua y las montañas son montañas y los ríos son ríos». Ese es el gusto de un buen bistec, pero para el yo, y eso no sirve. Hay que adentrarse en un estado en que las montañas ya no son montañas, los ríos no son ríos y el agua ya no es agua, lo que significa que uno los ve como símiles. Pero al final del proceso las montañas son otra vez montañas, y allí es donde juega la resolidificación del espíritu. Lo malo es quedarse atascado en el medio, de una manera o de otra. El proceso necesita ambos movimientos para no volverse destructivo, y eso está muy bellamente ejemplificado en la alquimia. El cuerpo tiene que ser espiritualizado y el espíritu tiene que encarnarse, deben suceder ambas cosas. Aquí, en este documento, pueden ver un ejemplo de lo que dice Jung: que la alquimia compensa la unilateralidad de la espiritualización cristiana. Es ese movimiento subyacente, que no es anticristiano, sino que completa al cristianismo aproximando más los opuestos, trayendo la vida física y lo relacionado con ella más dentro del campo de la observación y de la atención.
Comentario: He observado con frecuencia que en el análisis junguiano existe el riesgo de intelectualizar el espíritu.
M. L. von Franz: Sí, ¡y entonces se adelgaza espantosamente! El espíritu se convierte en conceptos intelectuales y pierde su cualidad originaria emocional y conmovedora, y entonces sucede exactamente lo que usted dice. Ese es el  gran peligro, porque entonces el espíritu se queda tenue y embotellado.
Pregunta: ¿No se podría decir que toda vez que hay una verdadera experiencia espiritual debería hacerse manifiesta?
M. L. von Franz: En estas cosas no hay «debería». Creo que una verdadera experiencia espiritual —aunque no sé exactamente lo que usted entiende al decir eso— se manifiesta.
Mythos significa comunicación. Si usted está anonadado por una experiencia espiritual, ella misma quiere que usted la comunique, es decir, que la manifieste; ése es el significado de la palabra mythos. No hay experiencia religiosa allí donde no hay la necesidad de hablar de ella; eso es natural, pero no es necesario añadir la palabra «debería». Si es verdadera, se volverá real, su fluir natural será hacia la realidad. Es algo que está muy bellamente ejemplificado en Black Elk Speaks.
A los nueve años, en una especie de coma, Black Elk [Alce Negro] tuvo una tremenda experiencia espiritual, de la que no habló con nadie hasta que le apareció una fobia a los truenos. Entonces fue a ver a un médico brujo que le dijo: «Esa experiencia no te ha sido dada sólo para ti; se la debes a tu tribu». Cuando habló de sus visiones con su tribu, la fobia desapareció.

Yo diría que una verdadera experiencia espiritual se vuelca naturalmente en la comunicación, pero no hay en ello un elemento de «debería». Si es real se manifestará involuntariamente; incluso si uno trata de guardársela se le escapará, y así se manifiesta en la realidad, porque es real.  Si uno tiene que decirle a la gente que un sueño significa algo, que se ha de actuar de acuerdo con él, ya eso es malo. Una de las experiencias más positivas en análisis es cuando un analizando trae un sueño cuyo significado uno le dice, pero sin comentárselo. Se limita a interpretar el sueño, y a la sesión siguiente el analizando le dice: «¿Sabe lo que sucedió? ¡Usted me dio la interpretación de aquel sueño, y como resultado yo hice tal y tal cosa!». No es necesario ponerse en el papel de la gobernanta y decir que uno debería hacer lo que dice el sueño; ésa no es la manera adecuada. Por lo general, si una persona es moralmente sana, ese resultado se dará de forma natural. Digamos, por ejemplo, que un hijo adulto sigue tratando de sacarle dinero a la madre, y que ella es muy blanda y no puede decirle que no; como piensa que tal vez esté pasando hambre, le envía sin tardanza el dinero. Supongamos que una madre así soñara que enviarle dinero a su hijo significaba que estaba envenenándolo. No es necesario decirle que no le envíe dinero, sino que con explicarle: «El sueño dice que si le envía dinero, usted está envenenando o castrando a su hijo», a la vez siguiente la mujer vendrá a contarles que por fin se decidió y ya no le enviará más dinero. Así suceden las cosas si la gente es moralmente sana, y entonces hay esperanza. A veces he tropezado con casos en los que pensé que prácticamente no había esperanza, casos horribles, pero si tenían esa cualidad yo estaba segura de que saldrían del paso, e incluso sin demora. Esa clase de integridad moral e ingenuidad que dice simplemente «Sí» lo acelera todo. En la Biblia se dice: «Que tu comunicación sea, Sí, sí; No, no». Esas personas son moralmente sanas. Lo opuesto serían aquellos que entienden, dicen que sí a todo con la cabeza, pero sabe el cielo cuántos electro shocks necesitan, desde adentro y desde afuera, antes de darse cuenta deque tienen que hacer algo al respecto. Las madres dicen que saben que no deben comerse a sus hijos, pero nunca se les ocurre cambiar de comportamiento. Ni siquiera se dan cuenta de lo que están haciendo. El otro día supe por una hija que su madre le había telefoneado tres veces el domingo diciéndole que debía ir de inmediato a casa. Esa misma madre me juró durante la hora analítica que ella jamás le planteaba exigencias a su hija, y que le permitía una libertad total. Me miró directamente a los ojos y me juró que no le reclamaba nada. Como lo que la hija me había dicho era confidencial, yo no podía usarlo como ejemplo. Estaba furiosa, pero no podía hacer nada.
«¿Está segura?», le pregunté, y me respondió: «Sí, absolutamente». Allí el espíritu jamás se materializa. Esas personas pueden analizarse durante años sin el más mínimo resultado. Pueden hablar de psicología junguiana como si la conocieran a fondo, pero no cambian. 

Saltaré a la parábola siguiente para ocuparme de la que se refiere al credo filosófico basado en el número tres, que continúa la tendencia que apareció en el último capítulo, es decir, una confesión de la imagen trinitaria de Dios. Están los tres efectos del Espíritu Santo, las tres etapas de la obra alquímica, y así siguiendo. Tres veces tres meses está el niño en el útero materno, y después viene el simbolismo de un séptuple proceso que en un sentido es muy similar al proceso anterior, con el nacimiento del niño, la circulación a través de los elementos, los efectos del Espíritu Santo, etcétera, como temas principales. El capítulo siguiente es la quinta parábola, «El tesoro que la sabiduría construye sobre la roca». Ustedes conocen en san Mateo el famoso símil de la casa construida sobre arena y la construida sobre roca, y saben también que en Proverbios 9, 15, está el símil de que la Sabiduría construyó su casa sobre siete pilares e invitó a los israelitas a comer en ella.
La Sabiduría construyó una casa y los que en ella entren serán benditos y encontrarán alimento, de acuerdo con el testimonio del profeta. Se embriagarán con lo que desborda de tu casa, porque en tus atrios un día vale mil (Salmo 84, 10). Benditos son los que moran en tu casa. Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, golpead y os abrirán. La Sabiduría clama a las puertas y dice: «Mirad que estoy en la puerta y golpeo; si cualquiera oye mi voz, y abre la puerta, entraré y cenaré con él, y él conmigo». Qué grande es la plenitud de la dulzura que tú reservas escondida para los que entran en esta casa, una dulzura que el ojo no ha visto ni el oído ha oído, ni ha entrado en el corazón del hombre. Aquellos que abren esta casa tendrán santidad y la plenitud de los días, porque está construida sobre una firma roca que sólo será abierta por la sangre del macho cabrío, o cuando la golpee tres veces la vara de Moisés, cuando el agua mana abundantemente y la congregación bebe y sus bestias también.
Aquí ven ustedes que esto es solidificar lo que es débil. La roca representa la firmeza de la personalidad, que viene de un largo proceso de asimilación del inconsciente. Si uno ha experimentado durante el tiempo suficiente los grandes altibajos que lleva consigo el encuentro con el inconsciente, entonces se forma lentamente un núcleo inconmovible. Creo que ni siquiera una curación o una evolución psicológica, que es la misma cosa, cambia el conflicto ni cura un problema; lo que en realidad cambia es la capacidad de soportarlo mejor, y ésa es la verdadera evolución. 

A veces la situación externa puede seguir tal cual, o ciertas dificultades de carácter, lo que se llama neurosis de carácter, se mantienen hasta cierto punto. Si, por ejemplo, alguien tiene un temperamento muy apasionado, o una tendencia a deprimirse, generalmente eso continúa durante largo tiempo. Se necesitarán por lo menos veinte años para erradicarlo; no se puede cambiar enseguida, porque está muy arraigado en la naturaleza de uno. Pero el primer paso es ser capaz de soportarlo mejor, sin dejarse disolver por aquello; desapegarse y tener un punto de vista, saber que ésa es la debilidad que uno tiene, a la cual no quiere ceder, y que finalmente pasará. El primer paso es que ya uno no es idéntico a sus propios puntos locos. Por ejemplo, si un paranoico dice: «Creo, pero claro, es probable que no sea así, que. . . », eso demuestra que ahora tiene algo firme, una roca, más allá de su sistema paranoide; aunque todavía no se ha liberado de su fantasía, por lo menos ya puede decir que quizá lo esté imaginando. Es el comienzo de la formación de tierra sólida; fuera del conflicto, algo se ha escapado del diablo. O si el animus o alguna emoción siempre le ha hecho perder a uno el equilibrio, y comienza a haber períodos en que se vuelve razonable, aunque después pueda volver a estar poseído por la pasión, esos momentos son el comienzo de la formación de la roca interior. El trocito de terreno sólido donde uno hace pie se va fortaleciendo y lentamente se convierte en algo sólido, de modo que uno tiene cada vez más la sensación de que probablemente nada de lo que pueda venir volverá a destruirlo. Se lo puede describir de manera más pesimista, pero sigue siendo la misma cosa positiva: uno ha sufrido tanto, o se ha precipitado tan profundamente en su propio infierno que, gracias a Dios, ya no puede caer más bajo, y eso da cierto sentimiento de seguridad. Si uno ha tocado el fondo del infierno ya no hay nada más abajo, y allí es donde comienza la roca sólida. O alguien puede venir diciendo que siempre ha tenido miedo de enloquecer, pero ahora que ha llegado a los cuarenta sin que le pasara, lo más probable es que ya no le pase nunca. Si le dicen eso, uno por lo general puede asentir sin mala conciencia. Si han llegado a ir tan lejos sin quebrarse, no es probable que se quiebren, porque algo se ha coagulado dentro, se ha vuelto sólido; y sobre esto, que es el objetivo de la obra, uno puede retirarse a la mansión interior de la sabiduría, que está construida sobre una roca y es inconmovible; el texto dice, incluso, en la eternidad. 

Ustedes pueden preguntar si eso no es endurecimiento; ¿no vuelve a ser la rigidez? Pero la respuesta es« no». De una roca así mana el agua de vida; es la roca de donde Moisés, por un milagro, obtuvo el agua de vida. Es una roca que es también un pozo, y por lo tanto es la cosa más líquida, el opuesto de la rigidez o el endurecimiento. Significa ser flexible pero inconmovible, y por eso el doctor Jung dice que el proceso de individuación, si se produce inconscientemente, hace que el individuo sea duro y cruel con sus semejantes, y que si es un proceso consciente, conduce a la piedra filosofal: no a un endurecimiento de la personalidad, sino a la firmeza en el sentido positivo de la palabra. Uno ya no se disocia fácilmente ni se deja llevar por la emoción, no pierde su punto de vista por obra de la presión colectiva ni nada de eso, pero esto no significa un endurecimiento que escape de toda influencia. 

Eso es probablemente lo que significa la alusión a la roca sobre la cual está edificada la casa de la Sabiduría. En ella tiene lugar, como dice el texto, la visión de la plenitud del sol y de la luna. Esto se refiere al motivo de que en esta casa tiene lugar la coniunctio; por lo tanto se hace referencia a ella como el recipiente alquímico, que es la casa en donde se unen el sol y la luna. 

En nuestro capítulo la casa está construida sobre catorce pilares. Los pilares representan las catorce cualidades que debe tener el alquimista. Las cualidades no son sólo éticas, sino que incluyen toda clase de suposiciones sobre lo que debe tener un ser humano: salud, humildad, santidad —por la descripción, eso parece querer decir «integridad» o pureza—, castidad, virtud —en el sentido de efectividad o eficiencia—, una fe que tenga la capacidad de confiar en las cualidades espirituales que no se pueden ver —o de entenderlas—, esperanza —una de las cosas peores en el trabajo interior es la desesperanza; es terrible cuando la gente abandona la partida declarando que no tiene remedio; ése es uno de los discos rayados del animus —, caridad, compasión, bondad —una especie de benevolencia—, paciencia —que es muy importante—, moderación —un equilibrio entre los opuestos—, disciplina o poder de penetración y obediencia. Respecto de esto dice que la decimocuarta piedra o pilar es temperatia, lo que significa un temperamento equilibrado, del cual se dice que nutre a la gente y la conserva en salud porque cuando los elementos se encuentran en un estado de desequilibrio el alma disfruta viviendo en el cuerpo, pero cuando están en pugna, no. Por lo tanto el equilibrio es la mezcla correcta de los elementos, del calor y el frío, de lo seco y lo húmedo, de modo que ninguno desequilibre al otro, que es la razón por la cual los filósofos recomendaban vigilar que el misterio no se evapore ni el ácido se convierta en vapor. «Prestad atención para no quemar al rey y a la reina con demasiado fuego.» El proceso interior puede sobre cocerse con demasiado fuego, como les sucede a los que se esfuerzan en el proceso de individuación. Dicen que no pueden ir a una fiesta, por ejemplo, porque «tengo que quedarme en casa haciendo mis mandalas». Es el deseo de forzar el proceso, pero a un proceso de crecimiento no se lo puede forzar. Es una tontería enfurecerse con un pequeño roble y decirle que crezca más rápidamente, porque eso es contra natura. Sería mejor regarlo y ponerle un poco de abono en la tierra. Hay cosas en el proceso interior que no es posible acelerar, y en las que no sirve de nada impacientarse. Es decir que la instrucción de no quemar al rey y ala reina alude a no tratar de forzar la coniunctio interior. En eso interviene siempre el yo; es una actitud voraz e inmadura que, naturalmente, conduce al error, y por eso los alquimistas hacen siempre la advertencia de no sobrecalentar el proceso. Algunos recomiendan incluso que nunca se ha de usar calor más alto que el del estiércol fresco de caballo, que sería aproximadamente la temperatura del cuerpo humano, la temperatura interior de una criatura de sangre caliente; debe ser algo adecuado al ser humano, y todo lo que sea extra modum, como dice el texto, está mal. Incluso lo bueno, si se pasa de la medida, es malo. Todo lo que contiene el impulso infantil de empujar es un error; se lo puede sentir, y uno sabe que no llevará a ninguna parte, aunque la intención sea buena. Esas son las piedras de la casa de la Sabiduría. 
La sexta parábola se refiere al Cielo y la Tierra y a la situación de los elementos, y aquí hay un mito cosmogónico. Describe el nacimiento de todo el cosmos. Psicológicamente aquí está lo que los alquimistas llaman la unión del mundo cósmico, lo que significa ir más allá del microcosmos del ser humano y estar abierto a la vida misma, en sí misma: relacionarse con la totalidad de la vida observando el proceso de la sincronicidad. Incluso la más elevada e importante de las ocupaciones relacionadas con la propia evolución interior tiene una cualidad narcisista, tiene que tenerla. Durante un tiempo uno tiene que estar encerrado en el recipiente y ocuparse de sus propias cosas, y en alguna medida, durante ese período, no tiene que abrirse a la vida; eso es necesario e inevitable. Pero en el estado que ahora se describe, toda la naturaleza del cosmos vuelve a ser incluida, y eso es relación hacia Dios. La última parábola es la conversación del amado con su novia: Vuélvete hacia mí con todo tu corazón y no me rechaces porque sea negro, porque el sol se ha llevado mi color y el abismo ha cubierto mi rostro. La tierra está contaminada en mis obras, la oscuridad se ha extendido sobre la tierra, yo estoy en el fondo del abismo y mi sustancia todavía no ha sido abierta. Clamo desde la profundidad y desde el abismo de la tierra, elevo mi voz a todos vosotros los que pasáis, atendedme y miradme si hubiera alguien como yo. A él le daré la estrella de la mañana. Ved cómo he esperado en mi lecho durante toda la noche que alguien me consolara y no he encontrado a nadie. Llame y nadie me respondió.
Ya ven ustedes que aquí empieza otra vez con la depresión más profunda.
Me levantaré y me iré a la ciudad a buscar por las calles y callejuelas si puedo encontrar una virgen casta, bella de rostro y cuerpo y más hermosamente ataviada, que retire la lápida de mi tumba y me dé plumas como la paloma, y con ella me iré volando al Cielo. Y le diré que ahora vivo en la eternidad y descansaré en ella, porque ella se quedará de pie a mi derecha vestida con una túnica de oro. Oye, hija mía, inclina hacia mí el oído y escucha mi oración, porque con todo mi corazón he añorado tu belleza. Ése es el novio que llama desde su tumba. Quiere que lo resuciten; está encerrado en su tumba y ahora reclama a su novia, que es un ser semejante a un pájaro, con plumas y que se encuentra en el Cielo. De modo que es un espíritu, un ser espiritual. He hablado en mi lenguaje: Dime [cuál será] mi final y el número de mis días, porque Tú has circunscrito mis días y mi sustancia es como nada ante ti. Tú eres la que me entrará por el oído, la que entrará en mi cuerpo y me vestirá con una túnica de púrpura, y después me adelantaré como un novio desde su cámara, porque Tú me decorarás con gemas y piedras y me vestirás con las prendas de la felicidad. Entrar por el oído es algo muy extraño. Es una alusión a ciertas teorías medievales según las cuales Cristo fue concebido a través del oído de la Virgen María. El ángel de la Anunciación se le apareció y le dijo que concebiría y tendría un hijo; algunos teólogos lo interpretaron en el sentido de que Cristo fue concebido de manera sobrenatural mediante la palabra que le entró por el oído, y a eso se llamó la conceptio per aurem la concepción por el oído. Hay un novio muerto en el abismo, en desesperación en la tumba, y que ahora reclama a su novia, que vuela en el Cielo con alas. Primero ella abrirá su tumba y después le entrará en el oído; entonces él resucitará y ella le dará una prenda de resurrección y de júbilo. Ven ustedes aquí muy claramente que es un proceso interior de la coniunctio, es la unión con el anima. Ella entra por el oído, es entendida e integrada, y eso emana como una nueva actitud. En términos alquímicos es el comienzo de la rubedo.
Primero está la nigredo o negrura, después la blancura, y ahora comienza la rubedo, el estado rojo, razón por la cual aquí el novio recibe una prenda roja. El problema es quién es el novio. Aquí se lo compara con el propio Cristo, porque las palabras «saldré de la cámara como un novio» aluden a Cristo. Al mismo tiempo, es sin duda el autor. Aquí hay otra vez una descripción del proceso de la coniunctio en el cual el autor participa con su parte divina, una expresión auténtica de la experiencia de lo que Jung llama «volverse como Cristo». El propio individuo se convierte a quien un Hijo de Dios, y por lo tanto en el prometido de la Sabiduría de Dios. Es una unión mística con la Divinidad, y la Divinidad, como verán ustedes, es femenina. Él le ruega que le diga quién es para que todos puedan saberlo, y ella replica: Escuchad todas las naciones, percibid con vuestros oídos; mi novio rojo ha hablado. Pidió, y ha recibido. Yo soy la flor del campo y el lirio de los valles. Soy la madre del amor hermoso y del santo reconocimiento y de la esperanza sagrada. Soy el fértil viñedo que produce frutos dulces y aromáticos, y mis flores son las flores del honor /de la belleza. Soy el lecho de mi amado, en torno de quien hay sesenta héroes que contra los horrores de la noche llevan la espada ceñida a la cadera. Yo soy hermosa y sin tacha. Miro por la ventana y a través del enrejado veo a mi amado. He herido su corazón con uno de mis ojos y en un pelo de mi cuello. Soy la fragancia de los ungüentos. Soy la mirra escogida. Soy la más despierta entre las vírgenes que se adelantan, como la aurora, al amanecer matutino, escogida como el sol y hermosa como la luna, sin mencionar lo que está dentro. Soy como los grandes cedros y cipreses del monte Sión. Soy la corona con que será coronado mi novio el día de su boda y de su júbilo, porque mi nombre es como un ungüento que se vierte. Soy el viñedo escogido donde el Señor envió trabajadores a cada hora del día. Soy la tierra de promesa en donde los filósofos han sembrado su oro y su plata. Si este grano no cae dentro de mí y muere, entonces no producirá el triple fruto. Soy el pan del cual comerán los pobres hasta el fin del mundo y nunca volverán a tener hambre.
Y entonces vienen las palabras de Dios como en la Biblia, por las cuales es completamente manifiesto que este ser femenino es Dios.
Yo doy y no pido nada a cambio. Doy alimento sin fallar nunca. Doy seguridad sin temer nunca. ¿Qué más he de decir a mi amado? Soy la mediadora entre los elementos que median entre el uno y el otro. Lo que es cálido lo refresco y lo que está seco lo humedezco y viceversa. Lo que es duro lo ablando y viceversa. Soy el fin y mi amado es el comienzo. Soy toda la obra, y toda la ciencia en mí está oculta. Soy la ley en el sacerdote, la palabra en el profeta y el consejo prudente en el sabio. Y luego viene otra cita de las palabras de Dios tal como están en la Biblia: Yo doy muerte y doy vida, yo hiero y yo curo, no existe quien pueda librar algo de mi mano (Deuteronomio 32, 39). Ofrezco mi boca a mi amado y él me besa. Él y yo somos uno. ¿Quién puede separarnos de nuestro amor? Nadie, porque nuestro amor es más fuerte que la muerte. Después él responde: Oh, mi novia amada, tu voz ha resonado en mis oídos y es dulce. Tú eres hermosa… Ven ahora, amada mía, salgamos al campo, demorémonos en las aldeas. Nos levantaremos temprano, porque la noche ha pasado y el día se acerca. Veremos si tu viña ha florecido y si ha fructificado. Allí tú me darás tu amor, y para ti he preservado los frutos viejos y nuevos. Los disfrutaremos mientras somos jóvenes. Llenémonos de vino y de ungüentos y no habrá flor que no pongamos en nuestra corona; primero los lirios y después las rosas antes de que se marchiten.
Esto es muy significativo porque todo es de la Biblia, ¡donde son los pecadores los que lo dicen! En la Biblia, los pecadores, los idiotas, los imbéciles y los que son rechazados por Dios dicen: «Salgamos a los campos» y ese tipo de cosas, y aquí la novia y el novio lo dicen en la coniunctio.
Uno de los monjes que copiaron el texto se dejó arrastrar tanto por el placer de hacerlo que cuando llegó a la parte que habla de caminar por el prado y recoger flores, en vez de escribir pratum (prado), escribió: «no hay peccatum que no recojamos». El pobre monje usó la palabra peccatum, pecado, en vez de pratum, algo que en la taquigrafía medieval podía suceder muy fácilmente, y cometió un error complejo. Para alguien que conozca la Biblia sería muy chocante que el novio y la novia citen las palabras de los pecadores del mundo. ¿En qué estaba pensando este hombre cuando escribió eso? Nadie será excluido de nuestra felicidad. Viviremos en una unión de amor eterno y diremos lo bueno y lo amable que es vivir dos en uno. Por lo tanto construiremos tres tiendas, una para mí, otra para ti y la tercera para nuestros hijos, porque una cuerda triple no se romperá. A quien tenga oídos para oír dejadle que oiga lo que el espíritu de la doctrina dice a los Hijos de la Disciplina de la unión del amante y de la amada. Porque él ha sembrado su semilla, de la que madurará el triple fruto y de la cual el autor de las tres palabras dice: «Son las tres palabras preciosas en que se esconde la ciencia toda y que serán transmitidas a los piadosos, es decir a los pobres desde el primero hasta el último hombre». Estas últimas palabras aluden a una tradición secreta que solamente los iniciados se pasan unos a otros, es decir, la tradición de esta unión amorosa. Las tres tiendas son una alusión al anuncio en la Revelación 21, 23, de que Dios vivirá en una tienda —el tabernáculo— con el hombre sobre la tierra: «Y yo, Juan, ví la santa ciudad, Jerusalén nueva, que descendía de Dios desde el cielo, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí que el tabernáculo de Dios está con los hombres, y morará con ellos, y ellos serán su pueblo, y el propio Dios estará con ellos y será su Dios». De modo que ya ven ustedes que aquí la coniunctio termina con una encarnación de la Divinidad, es Dios que desciende dentro del ser humano. Eso es lo que ha expresado Jung al decir que lo que se ve desde el ángulo humano como el proceso de individuación, visto desde el ángulo de la imagen de Dios es un proceso de encarnación. 

Alquimia Greco-Árabe


ML von Franz
LA ALQUIMIA GRECO-ÁRABE
La última vez terminamos mientras hablábamos de un pasaje muy oscuro en el texto de Olimpiodoro. La cita mencionada decía que se ha de tomar la Chrysokolla, la piedra de oro, a la que se llamaba el macho, junto con el hombre amasado, lo que evidentemente se refiere a Adán, que fue amasado o moldeado en barro. Así pues, hay una referencia indirecta a Adán en el Paraíso, lo que quedaría confirmado por el hecho de que Olimpiodoro sabía de la existencia de Zósimo. Como ustedes saben, en Psicología y alquimia hay una referencia a un texto de Zósimo que se refiere a Adán diciendo que fue creado en el Paraíso a partir de los cuatro elementos, y después cayó en el mundo. La tarea de la alquimia, para Zósimo, consiste en volver a unir las chispas de luz de Adán y llevarlo de vuelta al Paraíso. Olimpiodoro, que vivió doscientos años más tarde, conocía este texto de Zósimo, de modo que es evidente que aquí se refiere a la reconstrucción de Adán, a la restauración del Adán caído, que vive como una chispa de luz en cada ser humano, en el ámbito celestial. Por consiguiente nuestro texto es una variación sobre la idea de que en el fondo de la materia está, en una forma extensa o disuelta, o en la figura cósmica de un ser humano, Adán, el primer hombre, llamado con diferentes nombres, que ha de ser liberado o redimido de la materia. 
Los remito a ustedes a la parte de Psicología y alquimia que se refiere al Adán caído, al anima caída u hombre, donde Jung menciona diferentes textos que muestran que esto es un reflejo del proceso de proyección. Recordarán ustedes que dice que el mito de un ángel, o de Adán, o de la figura de un anima cósmica que cae en la materia, representa el momento en que esta figura es proyectada en la materia, lo que significa que las teorías así, que provienen del inconsciente, en alquimia aportan la idea de que de pronto se busca conscientemente el símbolo del Sí mismo en la materia. Esto es sin duda lo que sucede con nuestro texto anterior, el referente al ritual funerario de Osiris y a todos los rituales funerarios, en el sentido egipcio del término. La búsqueda de la inmortalidad era de hecho la búsqueda de una esencia incorruptible en el hombre, capaz de sobrevivir a la muerte, de una parte esencial del ser humano que pudiera ser preservada. Lo mismo vale para esos poderes desconocidos que también guían la vida humana. Esta búsqueda se continuó prácticamente hasta el siglo XVII con todas las teorías posteriores del elixir dela vida, el pharmakon de la vida y otras. Si se lo traduce en términos psicológicos modernos, algo inmortal que haya de sobrevivir a la vida podría ser expresado como un aspecto del Sí mismo, la búsqueda de aquello que hay en el hombre de más grande, incorruptible y esencial. La parte siguiente del texto se ocupa de la extracción del oro por obra de las hormigas del territorio etíope. El trasfondo de esto es el mito de los arimaspianos [en la mitología grecorromana, raza de hombres con un solo ojo que vivían en constante lucha con los grifos, en el intento de arrebatarles el oro del cual estos últimos eran guardianes] de la India, porque ambos países —la India y Etiopía— cargaban por aquel entonces con la proyección de ser no sólo los países donde sucedían milagros, sino también aquellos donde la piedad era más notoria. En los últimos escritos griegos de la época de Alejandro hay muchas cartas apócrifas de Alejandro Magno a su madre, Olimpia, donde le habla de la India y le cuenta que allí los brahmanes andan desnudos y que son los hombres más sabios de la tierra y los más piadosos. Esta misma idea fue proyectada también sobre Etiopía. En las últimas novelas e informes geográficos escritos en griego se dice siempre que las gentes negras de Etiopía son las más próximas a Dios y que constituyen el pueblo más piadoso del mundo. También se puede decir que los griegos, a lo largo de su evolución intelectual, perdieron cierto aspecto de la religión primitiva: esa actitud religiosa primitiva e inmediata que, en la medida en que alcanzamos a ver, es común a todas las civilizaciones primitivas. Un estudio de las civilizaciones primitivas demuestra que su actitud religiosa hacia la vida es algo completamente evidente sin más. La religión no era algo aparte de la cotidianeidad de la vida profana, sino la base, por sí misma evidente, de todo lo que se hacía, creía y decía. En su estado primitivo, el hombre es naturalmente religioso y su religión traspasa toda su naturaleza y la totalidad de sus actividades. A partir de este estado, la civilización griega había ido evolucionando, pasando por la filosofía presocrática y por la sofística, siguiendo las diversas evoluciones de la filosofía griega. En Grecia, quizá por primera vez, las capas altas de una sociedad cultivada habían ido apartándose de la actitud religiosa primitiva que a partir de entonces se proyectó primero sobre los indios y los etíopes, y más adelante, de acuerdo con la literatura griega de épocas posteriores, sobre los egipcios y otros pueblos afines, a quienes se consideró entonces los más elevados y más próximos a Dios, y era en su ámbito, según dice nuestro texto, donde se habría de encontrar el misterio alquímico. Retornar a la actitud primitiva y evidente hacia la vida es el requisito previo a la experiencia del Sí mismo, que no puede ser hallado por mediación de la mente consciente ni con la parte evolucionada de la personalidad, sino que exige primero el retorno a aquella primitiva actitud humana. El texto prosigue: «Póngase entonces a la esposa, o la mujer del vapor con el oro que extraen las hormigas, hasta que salga la amarga agua divina.» De modo que tenemos aquí el motivo de una coniunctio.
Se toma el oro que se ha extraído de la tierra etíope (la sustancia masculina), y se lo pone con una sustancia femenina a la que se denomina la mujer del vaho o el vapor.
Pregunta: La actitud religiosa primitiva, ¿tendría algo que ver con la participation mystique?
M. L. von Franz: Sí, es algo que tiene todos los síntomas de la religión primitiva, es decir, la participation mystique: la observación de los acontecimientos sincrónicos, la observación de los signos, el no actuar sin haber observado primero los síntomas y signos internos y externos, o —tal como se lo ha definido— la constante y cuidadosa atención puesta en los factores desconocidos. De acuerdo con tal definición, la religión significa no actuar jamás exclusivamente en función del razonamiento consciente, sino prestando una atención constante a los factores desconocidos que participan teniéndolos siempre en cuenta. Por ejemplo, si alguien sugiere que nos vayamos a tomar un café después de la conferencia, si en lo único que pienso es en que tengo tiempo, porque hasta las 12:30 no almuerzo, eso sería una razonamiento consciente, que naturalmente es también correcto, pero si soy una persona religiosa me detendré un momento a pensar, e intentaré percibir si siento que está bien hacer lo sugerido o si tengo una sensación instintiva de rechazo, o si en ese momento se cierra de golpe una ventana o si doy un tropezón, porque entonces es probable que no vaya. Uno puede reírse de eso y considerarlo superstición, y naturalmente en ese nivel no es diferente de la superstición, pero no se trata solamente de algo mecánico como la idea de que si se nos cruza en el camino un gato negro más vale volvernos atrás, sino más bien de que todo el tiempo deberíamos concentrarnos en el intento de recibir alguna señal de Sí mismo o de nuestro propio interior. En la filosofía china es el equivalente de prestar atención constante al Tao, a si lo que en este momento estoy haciendo está bien, si está en el Tao. Naturalmente, hay también discusiones personales, uno debate los pros y los contras, pero vivir de manera religiosa significaría estar constantemente en estado de alerta para percibir aquellos poderes ignotos que también guían nuestra propia vida. Si no recibo ninguna indicación contraria, puedo decidir que me tomaré el café, puesto que tengo tiempo o porque me apetece. El sonido de una campana no es siempre una advertencia; pero si lo es y la desoímos, entonces algo anda mal. La actitud religiosa primitiva implica que constantemente se tengan en consideración estos poderes. Si no me llega una indicación en contrario, puedo decidir que me tomaré el café, porque tengo tiempo o porque me apetece. No siempre nos suena un timbre de advertencia, pero, si suena y uno no le hace caso, entonces algo anda mal. Las actitudes religiosa y primitiva implican una consideración constante de estos poderes. Cuando Jung estuvo en África, el guía de su safari era un musulmán, creo que un chiíta. Todas las mañanas, durante el desayuno, todos los porteadores negros comentaban sus sueños, tras lo cual el líder del grupo iba a decir a Jung si ese día seguirían avanzando o no. Jung comprobó que cuando decían que no continuaban, el aspecto general de los sueños no había sido favorable, de modo que probablemente sintieran que tenían que esperar un día más antes de seguir. Jung aceptaba aquellas decisiones e incluso se las arreglaba para dejarse arrastrar a participar en el comentario de los sueños, y los hombres se quedaron muy impresionados al descubrir que él se interesaba por los sueños y sabía algo de ellos, y que incluso podía interpretarlos mejor, como si pudiera observar lo que estaba sucediendo. Pero un inglés que algunas semanas después fue al mismo lugar hizo, naturalmente, lo que hacen la mayoría de los blancos: acusó a los hombres de haraganes e insistió en que tenían que llegar a destino en cinco días, quiso imponerse por la fuerza y resultó muerto.
Esta anécdota ejemplifica una actitud de cuidadosa consideración de todos los aspectos irracionales. Los nativos actuaban de aquella manera porque podría haber un día de temporal, o podían encontrarse con un rinoceronte y sufrir un ataque, o tropezar con otro imprevisto. En la naturaleza uno se enfrenta constantemente con cosas así, y nuestro inconsciente lo sabe, y cuando se vive en plena naturaleza prestar atención a esos factores es esencial para la supervivencia. Los animales siempre captan señales de los terremotos y otros peligros, las reciben instintivamente, y si prestamos atención nosotros también las recibimos en nuestros sueños, y por eso aquellos nativos, mostrando una adaptación muy razonable, prestaban atención a sus sueños todas las mañanas. El otro día tuve un ejemplo de algo semejante cuando estaba en mi casa de vacaciones. Era evidente que por la parte alta del lago se acercaba una tormenta. Por supuesto, yo no sabía que fuera a granizar, pero de pronto mi perra enderezó las orejas, se precipitó dentro de la casa, se fue al piso alto y escondió la cabeza en mi cama. Yo fui corriendo tras ella a ver por qué hacía todo aquello, ¡y en ese momento se desató el granizo! Son advertencias que los animales reciben como por telepatía. Pero en realidad, telepatía sólo significa tener conocimiento de algo que está lejos, y eso no explica nada, porque telepatía no es más que una palabra. Lo único que sabemos es que en el funcionamiento inconsciente e instintivo de los animales superiores, incluido el hombre, hay una percatación sobrenatural, o mejor dicho sobrerracional, de cosas sobre las cuales no podríamos tener conocimiento racional, y que por consiguiente es útil, saludable y muy importante prestarles atención. Parece que tales impulsos no sólo sirven a la supervivencia de animales y humanos, sino que tienen una extensión mayor, la de estar al servicio de una evolución y una madurez superiores, y del bienestar psicológico de la persona, y por eso los consideramos como el inconsciente en su aspecto de preservación y de curación. En nuestra definición, y en su forma más básica, la religión sería simplemente una atención en estado de constante alerta dirigida hacia estos hechos, en vez de regir y decidir uno su vida mediante una decisión racional consciente y razonando sobre los pros y los contras. Por lo tanto, en las sociedades primitivas la religión impregna toda la vida cotidiana. Antes de que los primitivos salgan a cazar se celebra el ritual de la caza, y si durante la celebración se produce un accidente, pues no salen. No hay en ello nada de místico, trascendente ni especial; la actitud religiosa básica se vincula con la idea de supervivencia, y por ende ser religioso es una ventaja inmediata, porque asegura la supervivencia. Cuando nos vemos enfrentados con el fenómeno de la neurosis, cuando la gente se atasca en sus dificultades, intentamos descubrir qué es lo que tiene que decir el inconsciente, y lo primero es guiar a los analizandos a prestar más atención a sus instintos, tras los cuales está la totalidad del fenómeno de la experiencia religiosa y el insight religioso. Jung, por cierto, empezó como todos los médicos —basándose además en su contacto con Freud— con la idea de ayudar a la gente a volverse más instintiva, para que así pudiera ser más sana, pero después descubrió que por detrás del instinto estaba también la religión, o que esta última era algo instintivo y completamente natural, porque el hombre sencillo es hombre religioso. Por lo tanto hay que volver al hombre interior, natural e inmediato, y a una actitud religiosa, porque no podemos tener ninguna de estas cosas sin la otra.
Pregunta: La palabra religión, ¿proviene de religare o de religere?
M. L. von Franz: Respecto de ese punto se ha planteado una discusión etimológica. Naturalmente, religare y religere tienen la misma raíz, legere, recoger. Originariamente se refería a recoger o recolectar leña, pero legere, leer, tiene otra connotación: la de «recoger» «ir reuniendo» las letras una por una; así es como lee la gente al comienzo, y como aprenden todavía los niños.
Religare ha sido aceptada como la interpretación oficial desde la época de san Agustín, basándose en la reflexión teológica de que significa ligar, volver a ligarlo a uno con Dios. San Agustín decía que el hombre había sido separado de Dios por el pecado original y que la tarea de la religión era volver a establecer la ligazón. Ésta no es, sin duda, una interpretación científica, pero es muy interesante, y refleja bien cuál es la idea cristiana de la religión. Los etimólogos modernos piensan que es probable que provenga de la palabra religere, que querría decir «consideración cuidadosa», un significado que yo he ampliado considerándolo, por ejemplo, como un estar alerta a los factores irracionales, pero estos elementos no están en la palabra misma, que significa simplemente consideración cuidadosa. El «re» indica «hacia atrás», es decir que significa que uno mira hacia atrás para descubrir si lo que está detrás también viene o si es dudoso. Uno tiene que estar siempre alerta y asegurarse de qué es lo que tienen que decir las otras fuerzas acerca de nuestra vida.
Pregunta: ¿Se podría decir que no es más que superstición?
M. L. von Franz: ¡No! La superstición sería la mecanización de esta actitud. Por lo general se piensa en superstición cuando uno toca madera o cuando dice que ver un gato negro significa mala suerte, o que ver una araña por la mañana es mal signo y deprime. Todo eso puede ser verdad, pero si se lo aplica mecánicamente, si los signos se codifican en vez de considerarlos con cuidado, entonces empieza la superstición. Una araña significa hilar, hilar fantasías. La superstición es que la araña por la mañana significa mala suerte, y buena suerte por la noche. Evidentemente, eso quiere decir en realidad que si por la mañana uno está «flojo» y con sueño, se levanta tarde y se queda sentado a medio vestir, pensando en sus problemas neuróticos, eso sería la araña de la mañana, que seguramente trae mala suerte. Pero si después de trabajar todo el día uno enciende un cigarrillo y se sienta frente a su casa, como hacen los campesinos, a dejar volar la fantasía, o a filosofar sobre la vida, está perfectamente bien, es una buenísima manera de prepararse para dormir. Por lo tanto la araña al anochecer es propicia, y probablemente ése haya sido el significado original de esta difundida superstición. La araña es un símbolo negativo de la madre, es la Maya [la gran ilusión cósmica] y cosas semejantes. Cuando aparece al anochecer, o al anochecer de la vida, está muy bien, pero es muy malo empezar el día con ella. Sería entretenido si alguno de nosotros escribiera una tesis sobre las supersticiones más comunes y su significado simbólico. Sería sumamente interesante, y se lo propongo como tema a cualquiera que no sepa sobre qué escribir; tomar algunas de las supersticiones comunes y analizarlas, porque son muy ricas en significados. Lo único que es superstición en el mal sentido de la palabra es su aplicación mecánica, que no es más que un hábito estúpido y no tiene nada que ver con la actitud religiosa. Ahora bien, en nuestro texto, con la sustancia masculina se pone a la esposa de vapor, o la mujer que consiste en un vapor o un vaho, hasta que sale el agua amarga. Esta es la conjunción de lo masculino y lo femenino, y el hijo es el agua divina. A la esposa se la caracteriza como un vaho. Otros textos muestran que en general al vaho o al vapor se lo considera como la psique de la materia. ¡Todavía hasta 1910 en el servicio militar suizo se solía dar un breve curso de medicina general, y un maestro decía que el cerebro era como un tazón de macarrones, y que el vapor que salía era el alma! ¡Aquel hombre se ajustaba al antiguo modelo alquímico! Se podría decir que aquella fantasía se remontaba dos mil años, porque en los viejos textos de alquimia la idea de un vapor o un vaho connotaba siempre la idea de la psique, de la materia sublimada, de un cuerpo sutil, algo sólo a medias material. En los informes parapsicológicos, si aparece un espíritu siempre hay primero algo como un vapor o una niebla, de modo que se puede decir que una de las ideas más arquetípicas es la de que la psique tiene que ver con la cualidad de un vapor o un vaho, lo cual expresa la idea de que es algo que de alguna manera se relaciona con la materia sólida, aunque no coincida con ella. Es probable que en esto intervenga cierto factor del anima, porque el texto debe de haber sido escrito por un hombre. Después de la unión de la sustancia masculina con el vapor venía la divina agua amarga. La palabra «divina» en griego estbeios, que también significa azufre, de modo que se lo puede traducir como el agua divina, que es la traducción oficial generalmente aceptada, o como un agua sulfurosa, ya que al azufre se lo consideraba una sustancia divina. Es el agua, o el líquido, dela sustancia divina. El agua en general, incluyendo la orina, recibe la proyección del conocimiento. En el simbolismo de la Iglesia medieval se hablaba del aqua doctrinae, y en el dialecto suizo, si alguien sale con un montón de galimatías sin sentido, decimos que está orinando. Con mucha frecuencia, los trastornos psicógenos del riñón tiene relación con el hecho de que la gente esté llenándose de esa agua mala, porque no tiene la actitud correcta o la verdadera conexión con el conocimiento; simplemente charla mucho de cosas que no tiene bien digeridas, y eso es como orinar. Por eso se puede decir que el agua tiene que ver con el conocimiento extraído del inconsciente, del que tanto es posible abusar como usarlo en forma positiva. En la alquimia el agua podía ser tanto el gran factor que sana como el que envenena y destruye. Generalmente interpretamos el agua como el inconsciente, y diferenciamos su significado específico de acuerdo con el contexto. Si en el sueño de un paciente el agua sube, o si hay una gran inundación, le diríamos que tuviera cuidado, porque el inconsciente lo está abrumando; allí el agua sería negativa, pero en cambio, si uno está en el desierto y tiene sed, el agua es agua de vida. Cristo es el manantial de vida, y hay varios símiles que quizás ustedes conocen. En todas las religiones el agua es la sustancia vital, y esto se reduce al hecho de que la extractio del anima, o ese conocimiento ácueo, es lo que tiene lugar en la interpretación de una situación psicológica o de un sueño. Si alguien viene con un problema, en vez de discutir con esa persona nos fijamos en el sueño que se refiera a la situación; quizá se lo pueda interpretar de una manera que vivifique a la otra persona y le dé un sentimiento de esperanza y la sensación de que el problema tiene un significado oculto, aunque tal tez todavía no esté claro. En un caso así, el conocimiento obtenido desde el inconsciente tiene la cualidad del agua de vida, porque esa persona, por así decirlo, ha bebido del agua de vida y se irá con la sensación de que ahora algo está fluyendo y el período de estancamiento ha pasado. Entonces sigue habiendo cierta tensión hasta la próxima hora analítica, porque el analizando se pregunta cómo continuará la aventura interior hasta hacer que la vida arranque de nuevo y una vez más vuelva a fluir. Por otra parte, todos hemos visto personas anegadas en el inconsciente, casos esquizoides o fronterizos, o gente que pasa por un episodio psicótico y que expresa el conocimiento del inconsciente. Sentados en la cama, o en su celda del asilo, hablan de la creación del mundo o de lo que es Dios y de lo que ha de hacerse para salvar al mundo, diciendo que todos los médicos del asilo son unos tontos y que ellos mismos son los que saben, y así en ese estilo. Eso es conocimiento del inconsciente; es agua, y está incluso lleno de sabiduría, pero el que habla tiene la cabeza debajo del agua, y el conocimiento es el que tiene a la persona, no ésta el conocimiento. Esa pobre persona está literalmente ahogada en la sabiduría del inconsciente, y no quiere salir porque siente que se ahoga en algo muy bueno y maravilloso, y por eso la mayoría de ellos se niegan a curarse. Si se lo ve desde un punto de vista razonable, este estado es malísimo, porque estas gentes llegan a un grado tal de inadaptación que hay que mantenerlas en confinamiento. Tienen demasiada agua de vida, aunque lo que dicen no es disparatado. Si uno tiene el suficiente conocimiento simbólico, se puede entender del principio al fin lo que dice un psicótico, tal como si fuera el habla normal. En nuestro texto tenemos la situación normal, es decir que el agua divina ha de ser producida como resultado de la coniunctio, que en términos psicológicos sería lo que hacemos todos los días. Unimos nuestra actitud consciente con el inconsciente, por ejemplo, cuando interpretamos sueños. De ese modo alcanzamos ese conocimiento vivificante, la sensación de entender, y eso sería el agua. Pero aquí se dice que el agua es amarga. ¿Por qué?
Respuesta: Porque es la verdad.
M. L. von Franz: ¡Sí, naturalmente! Muchas veces no tenemos una reacción muy feliz, sino todo lo contrario, porque con frecuencia la verdad que proviene del inconsciente es muy amarga. Es una píldora difícil de tragar porque contiene críticas muy obvias de nuestras actitudes, y esta experiencia es amarga. Eso explica además la resistencia contra la psicología, porque hay muchas personas que no quieren tomar píldoras amargas. Tienen la vaga sensación de que andan muy despistadas, y de que sólo podrían recuperar la salud si se avienen a tragar ciertas críticas; están firmemente decididas a defenderse si la crítica viene de afuera, pero es muy difícil e incómodo si la crítica viene desde adentro porque en ese caso el analista puede lavarse las manos y decir que lo siente mucho, pero que el sueño es del analizando, que no se trata de nada que haya dicho el analista, y entonces el paciente tiene que tragárselo. El texto sigue diciendo que el filósofo Petasios también habla de la obra de la misma manera, diciendo que lo que mantiene oprimida a la esfera de fuego es el plomo. El mismo filósofo, en una interpretación de sí mismo, dice que esto proviene del agua macho. Olimpiodoro dice que por lo tanto parece que el agua macho fuera lo mismo que la esfera de fuego, que según vimos en la primera parte del texto era la tumba de Osiris, que había sido sofocado en el plomo. Es decir que tenemos a Osiris, a la esfera de fuego y al agua macho, y están los tres sofocados en el plomo, el enemigo.
En el conocimiento de la antigüedad tardía, el plomo era el metal del planeta Saturno y tenía sus mismas cualidades: por el lado negativo, la depresión, y positivamente, la depresión creativa. Saturno es el dios de los mutilados, de los criminales y de los tullidos, pero también lo es de las gentes artísticas y creativas. En nuestro lenguaje moderno, eso significaría la extraña cualidad de ciertas depresiones en las que uno se siente literalmente como plomo. Sin pensar en ningún símil alquímico, es frecuente que la gente diga: «Hoy me siento como [si fuera] de plomo». En una depresión intensa, uno se siente incapaz de levantarse de la silla, y hasta de abrir la boca para explicar que está deprimido; no hace más que estar sentado como un bloque de materia inerte. Cuando alguien está en este estado, sus confesiones tienen innumerables símiles con el plomo. Tal como implica la palabra, en una depresión la persona está aplastada, comprimida, en general porque una parte de la libido psicológica está baja y hay que buscar cómo subirla; la verdadera energía de la vida ha resbalado a una capa más profunda de la personalidad, y sólo es posible alcanzarla mediante una depresión. Es decir que, a menos que haya una psicosis latente, una depresión debe ser estimulada, diciéndole a la persona que entre en ella y esté deprimida, en vez de tratar de rehuirla poniendo la radio o leyendo Selecciones, y si las depresiones dicen que la vida no significa nada y que nada vale la pena, pues aceptarlo y decir: «bueno, ¿y qué?». Escuchar, profundizar y profundizar, hasta volver a alcanzar el nivel de energía psicológica de donde puede surgir alguna idea creativa de modo que, súbitamente, en el fondo, pueda surgir un impulso de vida y de creatividad que había sido pasado por alto. Las personas que son profesionalmente creativas, como los artistas por ejemplo, saben que es probable que antes de cada actuación o trabajo nuevo tengan una depresión así. También se las puede tener en escala menor; yo, por ejemplo, siempre me deprimo antes de una conferencia, porque la libido empieza por bajar. Son ritmos menores de algo que en la depresión se produce en gran escala, y significa que uno ha pasado por alto ciertos factores creativos que se han configurado por debajo del nivel consciente y que al atraer la libido causan indiferencia y falta de energía. También puede ser un síntoma pre-psicótico, como bien lo saben los psiquiatras. Lo que emerge después también es un contenido creativo, pero aflora en una medida tal que puede destruir la personalidad. En estos casos hay que reflexionar con cuidado antes de animar a la persona a que se hunda en la depresión porque, aunque el mecanismo es el mismo, existe el riesgo de que lo que aflore sea demasiado fuerte y haga estallar la personalidad. El plomo es, por lo tanto, esa pesadez e indiferencia, ese sentimiento de la nada que cubre o sofoca el contenido del inconsciente.
Tal como dice el texto que brevemente les expuse en la última hora, en este plomo existe incluso el elemento de locura. Esto se refiere a otro hecho porque, si se profundiza en los estados depresivos de la gente, por lo general en el fondo se encuentran o bien contenidos creativos, o un violento deseo que no se ha llegado a sacrificar. Con frecuencia, las personas deprimidas sueñan con leones voraces o con otros animales que las devoran, pero en especial con leones, y eso significa que la persona está deprimida porque está frustrada en la satisfacción de sus deseos salvajes. Quieren tenerlo todo: ocupar el puesto más alto, tener el hombre más apuesto o la mujer más hermosa, dinero y todo lo demás. Tienen los deseos salvajes de un niño a quien le gustaría comérselo todo, pero al mismo tiempo tienen la inteligencia suficiente para saber que la vida no es así, que no pueden tener lo que quieren, de manera que el deseo se enrosca sobre sí y se convierte en depresión y hosquedad. Una depresión así tiene la calidad de un deseo hoscamente frustrado, y explica por qué, tras una relación amorosa desdichada, la gente se hunde en una depresión terrible. Su león se ha visto frustrado y ha regresado hoscamente a su guarida. Algunas personas llevan dentro de sí un niño frustrado. Por lo general son muy correctas y corteses, y plantean pocas exigencias al analista, pero ser demasiado cortés, correcto y considerado es siempre sospechoso. Uno sabe que a esa gente le gustaría devorarse completamente al analista, como el león, imponiéndole exigencias infantiles y haciéndole escenas, ya sea porque el analista terminó la hora cinco minutos antes, o porque contestó el teléfono o les cambió la hora, ¡o estuvo con gripe! Estas personas de un nivel de exigencia infantil lo compensan siendo muy correctas, sabiendo que si admiten sus exigencias hará su aparición el león devorador, y el analista devolverá el golpe, algo que a ellas les ha pasado con frecuencia en la vida cuando, tras haber escondido sus sentimientos, un día se arriesgan y como resultado reciben un palo en la cabeza. Entonces el niño herido vuelve a retraerse, amargamente frustrado, y aparece la depresión, el león devorador. Es una parte de la naturaleza primitiva, de las reacciones arcaicas que tienen todos los conflictos de querer comer y no poder, de modo que se instala la manía depresiva. Ése es el simbolismo de la locura en el plomo, pero también contiene a Osiris, el hombre inmortal, y con sólo que acepte uno esa zona interior, llegará al contenido creativo donde se oculta el Sí mismo. Se podría decir que el niño frustrado es un aspecto que encubre una imagen del Sí mismo, y que el león que devora también es un aspecto del Sí mismo. Esto se ve muy claro si se toma la imagen del león devorador. Si creo que tendría que ser el primero en todo, tener la pareja más apuesta, tener dinero, ser feliz y así sucesivamente, eso es una fantasía paradisíaca, y eso, ¿qué es? ¡Una proyección del Sí mismo! De modo que en realidad lo infantil es el deseo de experimentarlo todo en el aquí y ahora. La fantasía como tales totalmente legítima, tiene la idea de la coniunctio, de un estado perfecto y armonioso. Es una idea religiosa, pero, si se la proyecta sobre la vida exterior y se la quiere tener allí, en el aquí y ahora, es imposible. La forma en que la persona quiere realizar la fantasía es infantil, pero en sí la fantasía es valiosa y no hay en ella nada de malo ni de enfermo. Así que precisamente en esa zona loca y no dominada de la persona, en la zona salvaje y problemática, está el símbolo del Sí mismo. Eso le da el impulso, y es por eso por lo que las personas nunca saben qué hacer, porque no pueden reprimirlo; o, si son razonables y se resignan a renunciar a la cosa y se dan cuenta de lo infantil que es y entienden que hay que resignarse y adaptarse a la vida, entonces sienten que se han curado, pero que los han despojado de sus mejores posibilidades y se sienten frustrados.
Una vez tuve un analizando que vino a Europa a hacerse un análisis junguiano, mientras su mejor amigo iniciaba un análisis freudiano. Pasado un año, decidieron volver a encontrarse. El analizando freudiano dijo que estaba curado y que regresaría a su país; al haberse dado cuenta del desatino de todas sus ilusiones neuróticas, iba a empezar a ganarse la vida, y quería buscar mujer para casarse. El otro dijo que no estaba curado en absoluto, sino que seguía muy loco, en pleno caos, y aunque veía con algo más de claridad su camino, todavía le quedaba mucho por resolver. El paciente freudiano le dijo entonces que aquello era algo muy raro, porque aunque a él lo habían liberado de todos sus demonios, ¡lamentablemente, también habían desaparecido sus ángeles! El análisis había puesto una tapadera en la zona loca, pero la fantasía religiosa de perfección, la fantasía romántica, la fantasía del Sí mismo, todas ésas también llevaban ahora una tapadera, de modo que ese hombre era ahora un animal resignado, socialmente adaptado y que funciona, pero todos sus sueños románticos de verdad, de vida y de auténtico amor —que indudablemente en ambos jóvenes eran fantasías infantiles— también estaban sepultados. La gran dificultad, por consiguiente, para retornar al lenguaje alquímico, reside en extraer a Osiris del plomo, en salvar la fantasía que es dadora de vida y al mismo tiempo podarle la puerilidad del deseo de realizarse. Es algo tremendamente sutil. Toda la tarea consiste en salvar el núcleo, la fantasía del Sí mismo, y despojarlo de todo lo pueril, del deseo primitivo y de todo lo demás que lo circunda, lo que significaría sacar a Osiris del ataúd de plomo. Eso es lo que el alquimista hizo en forma proyectada cuando dijo que al hombre divino había que extraerlo del ataúd de plomo o de la materia corruptible. Creo que ahora podemos pasar a un texto árabe, obra de un hombre que se llamó Muhammad ibn Umail al Tamini, pero es suficiente hablar de Muhammad ibn Umail, porque al Tamini, «el Tamin», se refiere solamente a la tribu islámica a la cual pertenecía. Este hombre vivió aproximadamente entre los años 900 y960, es decir a comienzos del siglo x, de acuerdo con nuestras fechas. Uno de sus escritos ha sido publicado en lengua árabe en The Memoirs of the Asiatic Society of Bengal, que se imprimió en Calcuta en 1933, según un manuscrito que el señor Stapleton encontró en Hyderabad. Stapleton expresa que en Hyderabad haya próximamente otro centenar de manuscritos del mismo autor, con títulos tan interesantes como promisorios, como La perla de la sabiduría, La escondida lámpara de la alquimia y otros semejantes, pero si se escribe allí para preguntar por ellos no se obtiene respuesta. Desde el siglo XII o comienzos del XIII, este hombre ha sido famoso en la alquimia europea. El escrito que voy a presentarles fue traducido al latín a fines del siglo XII o comienzos del XIII, y se ha convertido en uno de los escritos medievales más famosos en el mundo alquímico latino. En estos textos en latín su nombre figura como Sénior, y hasta 1933 nadie supo quién era Sénior. Incluso el famoso J. Ruska afirmó autorizadamente que Sénior no era un árabe, sino que ésa era una tergiversación latina. Pero a Ruska no hay que creerle nunca, porque está siempre dudando, y se equivocó por completo al sostener que a aquel texto se lo tomaba erróneamente por árabe. Ahora tenemos el original y sabemos que el nombre Sénior es simplemente la traducción latina de «el Jeque», que en realidad quiere decir «el Anciano», y esto explica cómo a Muhammadibn Umail llegaron a llamarlo Sénior. El texto latino se publicó con el título De chemia, lo cual significa que es un libro sobre química, pero el verdadero título en árabe es Agua de plata y tierra estrellada.
La edición presenta el texto árabe a un lado y el latino al otro, para que sea posible compararlos. La traducción latina es muy correcta y sólo se desvía en detalles casi sin importancia. Después de que Muhammad ibn Umail hubo dejado el país, su mejor amigo, un chiíta, fue quemado por hereje. En el mundo islámico, los sunnitas eran la secta oficial y —en términos muy generales— la escisión entre ellos y los chiítas se debía al hecho de que la interpretación que estos últimos daban al Corán era un poco más mística y simbólica. Por ejemplo, no se tomaban el Corán al pie de la letra, sino que permitían una interpretación simbólica, en tanto que los sunnitas insistían en una obediencia literal a las reglas y en su verdad literal. Los chiítas desarrollaron un amplio sistema místico de interpretación simbólica, y en ese sentido se los podría comparar con los místicos de la Edad Media, que también intentaban interpretar simbólicamente la Biblia, a diferencia de otras tendencias. Se podría establecer una comparación con el paralelismo de la escisión entre tendencias talmúdicas y cabalísticas en la tradición judía. Los chiítas corresponderían a la tradición cabalística, los verdaderos introvertidos que se orientaban más bien a una interpretación simbólica psicológica y a una vivencia personal de la verdad religiosa, en contraste con las gentes de mentalidad más literal, que insistían más bien en el dogma y en el texto sagrado. Les daré el texto árabe tal como es, con todas sus complejidades, como hice con el texto griego, para que puedan experimentar plenamente el impacto de esta forma de expresión.
Yo y mi querida Obouail [la terminación es femenina] entramos en la Barba. [Barba quiere decir exactamente eso, y por cierto que todo el mundo decía que no se podía entrar en una barba y nadie sabía qué significaba eso, pero está simplemente en lugar de «Birba», es decir, pirámide, que era evidentemente algo que el traductor no había entendido, causando con ello gran confusión.] Yo entré en la Birba y en cierta casa subterránea, y después yo y al Hassan, o sea Hassan, vimos todas las prisiones ardientes de José, y yo ví sobre el techo las nueve águilas pintadas con las alas extendidas como si volaran y las patas abiertas, y en los talones de cada águila había un gran arco, como el que usan tambiénlos que practican tiro con arco. Sobre las paredes de esa casa, a derecha e izquierda del que entra, vi las imágenes de seres humanos de pie. No podían haber sido más perfectas ni hermosas, ni haber tenido ropas más bellas de todos los colores. Tenían las manos extendidas hacia el centro de la habitación y estaban mirando cierta estatua en mitad de la misma, cerca de la pared de la cámara interior, que estaba de frente a ellas. La estatua estaba representada sentada en un trono, similar al trono del doctor, y sobre él estaba la estatua, y sobre la estatua, sobre su falda y por encima de sus brazos extendidos con las manos abiertas sobre las rodillas, había una plancha de mármol, que fue extraída de eso [de qué no se sabe], de la longitud de un brazo y el ancho de una mano, y los dedos de la estatua se doblaban sobre el borde de la tableta que ésta sostenía. La tableta tenía la apariencia de un libro abierto de frente a la persona que entraba, como si la estatua quisiera enseñárselo.
Esto suena complicado, pero significa simplemente que en el fondo de la habitación había una figura sentada que, con los dedos doblados, sostenía una tableta que parecía un libro abierto que aparentemente la figura quería mostrar a la persona que entraba.
En esa parte de la habitación en donde estaba sentada la estatua había imágenes de infinitas cosas, y letras escritas en un lenguaje bárbaro [lo que significa simplemente un lenguaje no árabe]. Esta tableta que uno veía en la falda de la estatua estaba dividida por una línea en el medio, que separaba los dos lados. En la parte inferior estaba la imagen dedos pájaros inclinados el uno hacia el otro, uno de los cuales era alado y el otro no, y cada uno sujetaba con el pico la cola del otro. Vistos esquemáticamente, los pájaros estarían tendidos el uno sobre el otro, cada uno con la cabeza hacia la cola del otro, uno alado y el otro sin alas. Era como si quisieran volar juntos o como si el pájaro sin alas estuviera deteniendo al otro, esto es, que el pájaro de arriba quería llevarse al de abajo, pero el pájaro de abajo lo retenía y le impedía levantar vuelo. Los dos pájaros estaban ligados uno con el otro, eran homogéneos y de la misma sustancia, y estaban pintados en una esfera como si fueran la imagen de dos cosas en una. Cerca de la cabeza del pájaro que volaba, y por encima de ella, estaban representados el sol y la luna. Esto estaba cerca de los dedos de la estatua, y en la otra parte de la tableta —es decir, hacia la derecha— había otra esfera u objeto redondo que miraba hacia los pájaros, y en total había cinco ritmos temporales [una cosa más que queda inexplicada], es decir, debajo de los pájaros y de la esfera. Por encima de esta esfera está la imagen de la luna y otra esfera. Del otro lado, cerca de los dedos de la estatua, está la imagen del sol, que emite sus rayos como la imagen de dos en uno. Enfrente hay una imagen del sol con un rayo que cae hacia abajo y juntos harían tres, es decir los dos planetas — el sol y la luna— y el rayo de los dos en uno, y desde el rayo una parte desciende y llega a la parte inferior de la tableta que rodea la esfera negra y está dividida por esta esfera, ala que rodea, lo que en conjunto hace dos, tres y el tercero. Lo que está claro por lo que antecede es que el sol y la luna están uno junto a la otra, con la luna de frente al que mira a la derecha y el sol a la izquierda, y debajo hay una esfera negra que los rayos penetran. La tercera tiene la forma de una luna creciente, cuya parte interna es blanca sin negrura, pero está rodeada por una esfera negra, y la forma es como la forma de dos en uno de un sol simple, y ésa es la imagen de uno en uno y ésos son otra vez cinco, y juntos hacen diez, de acuerdo con el número de las águilas y la tierra negra. Ahora les he dicho todo esto y he escrito un poema y sinla gracia de Dios, cuyo nombre sea bendito, no tendríamos este secreto. Para que puedan ustedes entenderlo y pensar y meditar sobre él, les he copiado la imagen de la tableta, y lo que las imágenes son será explicado en mi poema y después ustedes pueden mirar los capítulos y ver lo que significaba cada figura. Ahora ya he explicado esas diez figuras y he mostrado las figuras en mi poema y ciertamente uno no podría hacer nada sin mi poema, pero quiero manifestarles a ustedes algo que todos los sabios han ocultado hasta ahora: quién hizo esta estatua en esta casa, en que se describe toda la ciencia en una figura simbólica que enseña su sabiduría sobre esta piedra y se la muestra a quienes son capaces de entenderla. Yo sé que esta estatua era la imagen de un sabio. [Esta estatua representa a Hermes, de modo que eso significa que Hermes inventó la ciencia y dibujó las figuras. ]Ahora tenemos que encontrar lo que todo esto significa. La estatua es la figura de un sabio, y sobre la falda tiene la ciencia oculta que describe por medio de figuras simbólicas como para dirigir al que sabe y entiende. El sabio que entiende debe mirar hacia el interior con sutileza, y debe conocer los términos de la sabiduría y debe entender un lenguaje oscuro y simbólico. Después, cuando compare con nuestras imágenes ese lenguaje tan oscuro, separará lo uno de lo otro y se convertirá en el soberano de la piedra secreta. A esto sigue otra parte que tiene un título nuevo, Carta del Sol a la Luna creciente, y que, como verán ustedes, es una carta de amor.
—En una gran debilidad te daré luz de mi belleza hasta que haya yo alcanzado la perfección. [El sol será exaltado a la altura suprema. ] Primero la luna dice al sol: —Tú me necesitas como el gallo necesita a la gallina, y yo necesito tus obras, oh Sol, sin interrupción, porque tú eres de carácter  perfecto, el padre de todas las luces, la alta luz, el gran Maestro y Señor. Yo soy la luna creciente, húmeda y fría, y tú eres el sol, caliente y seco. «Cuando nos hayamos unido en la igualdad de posiciones de nuestra casa, en la cual no sucede nada más sino que lo pesado tiene consigo la luz, en la cual permaneceremos, entonces yo seré como una mujer que está abierta a su marido y que es veraz en la palabra, y cuando nos hayamos unido, permaneciendo en el vientre de esta casa cerrada, entonces halagándote recibiré tu alma, y tú te harás con mi belleza y por mediación de tu cercanía adelgazaré y ambos seremos exaltados en una exaltación espiritual, o elevados en una exaltación espiritual. »Cuando ascendamos en el orden de los Jeques [o de los ancianos], la sustancia resplandeciente de tu luz se unirá con mi luz, y tú y yo seremos como la mezcla de vino y aguadulce, y yo detendré mi fluir y quedaré después envuelta en tu negrura y eso tendrá el color de la tinta negra, pero después de tu disolución y de mi coagulación, cuando hayamos entrado en la casa del amor, mi cuerpo se coagulará y estaré en mi vacío.
Eso significa probablemente que la luna ha menguado por completo, es decir, que es la luna nueva. A esto el sol replica: —Si eso haces, y no me haces daño, oh Luna, y si mi cuerpo retorna, entonces te daré una nueva virtud de penetración y después de eso serás poderosa en la batalla del fuego de la licuefacción y la purgación y no habrá ya disminución ni oscuridad, como sucede con el cobre y el plomo, y ya no te defenderás más de mí porque ya no serás rebelde.
El sol dice, por lo tanto: si no quieres hacerme daño en esta coniunctio —porque la luna podría hacer daño al sol— entonces yo te haré poderosa en la batalla del fuego, y tú ya no serás corruptible como loes el cobre, y no te defenderás luego de mí, del sol, porque ya no tendrás sentimientos de rebeldía. Entonces la luna, que se caracteriza porque crece y decrece y es hostil al sol, y por ser oscura y corruptible, perderá todas esas cualidades negativas y se convertirá en una luz sólida como lo es el sol. El sol continúa: —Bendito sea quien piense en mis palabras; mi dignidad note será arrebatada y no perderá su valor, tal como no lo pierde un león, al ser debilitado por la carne [el león es aquí otra imagen del sol], pero si me sigues yo no te negaré ni te despojaré del crecimiento del plomo, sino que entonces mi luz será extinguida y toda mi belleza será extinguida, pero ellos tomarán del cobre de mi cuerpo puro y de la gordura del plomo verificándolo en el silogismo de su peso, pero sin sangre de cabra, y entonces uno hará una destilación entre lo que es falso y lo que es verdadero. »Yo soy lo duro, el hierro seco, soy el fermento fuerte, todo lo bueno está en mí, la luz del secreto de los secretos por mi mediación se genera, y toda cosa activa es mi acción. Lo que tiene luz se crea en la oscuridad de la luz [todo lo que brilla ha sido creado en la oscuridad], pero después de haber sido llevado a la perfección me recuperaré de mi enfermedad y de mi debilidad, y entonces aparecerá ese gran líquido de la cabeza y de la cola y ésas son las dos cualidades y las diez órdenes o pesos, cinco de los cuales son sin oscuridad, y cinco de ellas relucientes de belleza. Este es el final de la carta. Después de esto Sénior  promete dar una explicación, pero el texto no hace más que seguir de la misma manera. La explicación que da es simplemente lo que nosotros llamaríamos una amplificación, muy llena de significado por cierto, pero que aun así no es una explicación. Actualmente sabemos que Muhammad íbn Umailfue uno de esos condenados ladrones que violaban las pirámides y se introducían en las cámaras mortuorias. En aquellos tiempos los árabes destruyeron gran número de pirámides, robando todo el oro que contenían, de modo que hoy por hoy la mayoría de ellas están vacías; pero Sénior —o Muhammad ibn Umail— no lo hizo impulsado por el afán de encontrar oro y robarlo, como la mayoría de los otros lo hacían, sino porque proyectó en la cámara mortuoria de las pirámides el secreto alquímico. Tal como veremos en sucesivas partes del libro, él creía que los egipcios sabían alquimia, y que lo que se había de encontrar en la cámara última de la pirámide era el secreto de la alquimia, pero no pudo leer lo que estaba escrito en el antiguo lenguaje egipcio, y por eso lo tacha de lenguaje bárbaro; como ustedes saben, todo eso era antes de Champollion. Entonces, él creía que en aquellos misteriosos signos jeroglíficos estaba escrito el secreto de la alquimia, y, tal como lo describe en otro texto, en un ataúd de oro encontró una reina momificada que tenía un par de tijeras y unos pequeños tazones de oro, y estaba absolutamente seguro de que aquélla era la reina de la alquimia, por así decirlo, la sabia profetisa de la alquimia, y de que los instrumentos escondidos en el ataúd de la reina egipcia eran alusiones simbólicas a la obra alquímica. Ésta es una de las cosas extrañas de la proyección en el pasado. Muhammad proyectó en la momificación la totalidad del simbolismo del opus alquímico. Pero lo que es aún más interesante es que ahora sabemos, por lo que les dije antes, que de hecho la alquimia se originó en el culto egipcio de la muerte, que la química dela momificación desempeñó un papel enorme, que en realidad los egipcios momificaban a sus muertos para obtener la inmortalidad y divinizar a la persona muerta, y que la alquimia intentaba hacer lo mismo, es decir, producir el hombre inmortal, obtener la inmortalidad. Por consiguiente hay un anzuelo muy bueno para que el viejo Sénior haga su proyección; él se limitó a proyectar toda la historia hacia atrás [en el tiempo]sobre la momificación egipcia, y a eso se debe que ayudara tan apasionadamente a violar y destruir las cámaras funerarias de las pirámides. Naturalmente, observaba todo lo que allí veía e intentaba descubrir si había alusiones a la obra de la alquimia. La imagen de esa estatua que sostiene una tableta es un tópico que reaparece en muchos otros textos alquímicos; no es nada específico de Sénior. Todos ustedes conocen, por las conferencias de Jung sobre Zaratustra, la tabula es maragdina, la tabla de esmeralda. Es un texto clásico, a cuyas sentencias aisladas Jung ha dado interpretación, de manera que no necesito detenerme en él. La forma más antigua de un texto así se encuentra en los escritos de Gabir, que serían del siglo VII, y a partir de la totalidad de esta versión, la más vieja del hallazgo de la tabula, está claro que la historia se remonta a fuentes griegas. Debe de haber habido un relato griego sobre una estatua de Hermes encontrada en una tumba y que tenía el secreto sobre las rodillas. Esa historia se convirtió en un tópico dentro de la literatura alquímica en numerosos escritos alquímicos, por ejemplo en el Kitab al Habib, o también en el Libro de Krates, y empieza siempre de la misma manera: «Entré en la tumba y encontré una estatua con una tableta, sobre la cual estaba… », y a eso sigue una especie de explicación. Entonces, en la época de Sénior aquello se había convertido en un tema de la literatura. Eso es un paralelo con la tabla de esmeralda, y hay otras variaciones nuevas. Sénior añade algo que no he encontrado en ninguno de los otros relatos del hallazgo de la tableta, a saber, las nueve o diez águilas que, en la imagen, disparan con arco y flecha sobre la estatua. También ha cambiado el contenido de la tableta, porque lo que hay sobre ella no son sentencias de sabiduría, como en las otras versiones, sino dos dibujos simbólicos, uno el de los dos pájaros que tratan de apartarse volando el uno del otro, y el otro del sol yla luna y la esfera negra, y, hasta donde yo puedo ver, ésta es la contribución de Sénior. Ahora tomaré parte de la información que se da enel resto del libro, porque no puedo leérselo todo. De acuerdo con él, las águilas representan la sustancia sublimada o volátil, y por ende algo similar a la esposa del vapor en el texto que ya vimos. A las sustancias volátiles como vapores y vahos se las simbolizaba muy frecuentemente con pájaros, porque se decía que tales sustancias habían adquirido cualidades espirituales. El arco y la flecha son muy misteriosos y no se los explica nunca en todo el libro, de modo que la alternativa es dejarlos sin explicar o darles una explicación psicológica. Hermes está rodeado por las nueve águilas que le disparan con arco y flecha. En su explicación posterior del texto, Sénior se limita a saltarse este motivo, pero a partir del resto del texto se puede conjeturar que las águilas representan las sustancias espiritualizadas. ¿Qué dirían ustedes que representan el arco y la flecha? Imaginen que fuera el dibujo de un paciente.
¿Qué dirían ustedes entonces de las águilas que disparan contra Hermes? Tenemos que empezar por amplificar el arco y la flecha. ¿Qué les sugiere esto?
Respuesta: Eros.
M. L. von Franz: Sí, es la idea más obvia. . . El niño Cupido con sus torpes flechas y toda la bibliografía dela antigüedad, relacionada con el arco y la flecha y la forma en que Cupido a veces hasta le dispara una flecha a Zeus en muy mal momento y lo tiene en su poder. Un arco y una flecha indicarían dirección, algo que apunta a un objeto. La libido ha sido encauzada, como sucede cuando uno se enamora, va nadando por el río de la vida y súbitamente le disparan, y cuando uno se va a casa está de la mañana a la noche pensando en esa mujer, o en aquel hombre. De pronto toda la libido está dirigida y concentrada allí. Uno no quiere pensar en ello, pero después empieza a preguntarse si mañana encontrará a esa persona en el mismo lugar, y así en ese estilo, porque es ahí donde está la energía. Por lo tanto, se puede decir que el arco y la flecha tienen que ver con la orientación súbita de la libido inconsciente; tienen que ver con la proyección, porque una flecha es un proyectil, y mediante la proyección la libido queda apuntada. Es lo mismo que si uno odia a alguien. Incluso hay un dicho que pregunta —creo que es un dicho hindú— quién está más próximo a Dios, si el hombre que lo ama o el que lo odia. Y la respuesta es que el que lo odia, porque él pensará en Dios con más frecuencia y con mayor intensidad incluso que el hombre que lo ama, porque su arco y su flecha están constantemente apuntados: ésa es la dirección de la libido mediante la proyección.
Se puede decir que todas las fuerzas disociadas del pensamiento y del alma están ahora concentradas en lo que hay en esa tableta, es decir, que en torno de ello está concentrada toda la atención psicológica. Están las dos alas de la tableta, como dos partes de un libro, y de un lado está el problema de los dos pájaros y del otro el de la unión del sol y de la luna. Evidentemente, el problema de los dos pájaros es una variación del Ouroboros como en la vieja alquimia, porque en los antiguos textos griegos encontramos un dibujo de la serpiente que se come la cola. Por lo general la cabeza tiene estrellas y el resto es negro, lo cual sería la oposición secreta. En el antiguo texto griego eso se explica como que la cabeza es diferente dela cola. Es una imagen maravillosa si uno dice que es una sola cosa, pero que hay una oposición entre la cabeza y la cola. De ahí que haya dichos tales como:«Toma la cabeza, pero cuídate de la cola», o «A menos que la cabeza haya integrado la cola, toda la sustancia es nada». Es mucho lo que se dice sobre la cabeza y la cola, yla forma en que deben relacionarse entre sí, de modo que describe bien los opuestos que son secretamente uno. Es una especie de t'ai chi europeo, como el símbolo del Yin Yang, los opuestos en uno.
Comentario: Las águilas me dan la impresión de tener alguna relación con Apolo, porque se dice que pueden mirar al sol, y por cierto que Apolo tiene el arco, lo mismo que Cupido, el niño alado.
M. L. Von Franz: Apolo es el representante del principio de la conciencia, pero eso no contradice la interpretación. El arco y la flecha de Apolo se referirían a la atención prestada por amor, a la concentración de la libido mental mediante el amor. De acuerdo con la teoría escolástica del conocimiento, sólo se puede llegar al conocimiento por el amor, lo que significa que sólo se llega a conocer algo amándolo, estando fascinado por aquello. Entonces, el anima está siempre por detrás de la búsqueda de la verdad. Si uno tiene que aprender un tema que no ama, donde no ha proyectado nada, lo que significa que no se tiene relación con él, que no significa nada para uno y no está conectado con el fluir de su libido, tiene que esforzarse y sudar aprendiéndolo para el examen, pero diez minutos después ya ha vuelto a olvidarlo. En cambio, si uno está fascinado, lo cual significa que se ha producido una proyección, uno se emociona y muy fácil y rápidamente toma conciencia en una medida enorme. Este es todo el secreto de la enseñanza y del aprendizaje. Se puede decir que ésos son simplemente dos aspectos de lo que como descripción general se podría llamar atención, que se crea ya sea por la concentración de la conciencia o por el amor, y por detrás de ambos hay una proyección. En la fascinación siempre está en juego la proyección.
Comentario: Usted habla de proyección, pero éstas son todas figuras arquetípicas.
M. L. von Franz: Sí, y eso plantea la cuestión de silos arquetipos se proyectan. Yo creo que sí. Por cierto que en nuestra idea de la proyección es así. Piense usted qué es lo que en realidad sucede. Sabemos muy bien que nunca hacemos la proyección, sino que ésta se hace sola. Por mí misma no proyecto nada; ésa es nuestra manera de hablar, pero no es verdad. El hecho es que de pronto me encuentro en la situación de proyectar, y cuando he visto que era una proyección puedo empezar a hablar de ella, pero antes no. Por ejemplo, alguien que haya proyectado la sombra insistirá en que el otro es una mala persona y seguirá en ese mismo tono, pero quizá dos años después, en el curso de un análisis, se dará cuenta de que estaba proyectando su sombra sobre el otro. Entonces, ¿quién proyectaba? He ahí un gran misterio. Cuando los griegos se enamoraban, tenían la modestia suficiente para no decir que se habían enamorado, sino que lo expresaban con más precisión al decir que el dios del amor les había disparado una de sus flechas. Y eso es lo que realmente sucede: uno siente de pronto la dolorosa picadura que uno mismo no se ha hecho; se encuentra con que le dispararon. Por lo tanto, se puede hablar del arquetipo del dios del amor. Si se adentran ustedes en la historia de Eros, se encontrarán con que es una variación de Hermes; el Eros de la antigüedad es similar al Hermes Cilenio. En la antigüedad, cuando era un dios de la fertilidad en Beocia, se lo representaba exactamente como en las estatuas de Hermes. Por consiguiente, se puede decir que los griegos aludían a una variación del dios Hermes. Es un símbolo del Sí mismo, o de la totalidad, que hace la proyección. Creo que lo correcto es decirlo así. Si me encuentro en una situación de proyección, eso es algo amañado por el Sí mismo.
Comentario: Aquí el águila se relaciona con Eros, o con Apolo, de modo que los dioses están proyectando sobre los dioses.
M. L. von Franz: Sí, usted tiene razón, y por lo tanto podemos decir en general que siempre es el inconsciente, o algún aspecto de él, lo que produce la proyección. Es el Sí mismo o un dios. Siempre es un dios el que produce la proyección, lo que significa que es siempre un arquetipo, que no es el complejo del yo el que lo hace. El paso siguiente es preguntar sobre qué proyecta el dios del inconsciente. Generalmente proyecta sobre objetos externos, ya sean seres humanos o cosas. ¿O puede suceder que un arquetipo proyecte sobre otro arquetipo? Yo creo que sí, que es algo que ocurre con frecuencia, y eso sería un proceso de unificación en los sistemas de religión. Tomemos por ejemplo el politeísmo. En la mayoría de los sistemas religiosos politeístas se da el conocimiento secreto de que todos son aspectos de un solo dios. Hasta los griegos lo sabían; en el estoicismo, la filosofía tardía de los griegos, se dice siempre que en realidad hay un solo dios y que todos los otros —Atenea, Hermes y los demás— no son más que aspectos diferentes de ese uno, de modo que se puede decir que dentro del politeísmo griego hay un monoteísmo latente. Lo mismo sucede con Elohim en el monoteísmo judío. Cuando Dios creó el mundo, dijo «Hagamos», y siempre se ha supuesto que el «nosotros» se refería a«los» Elohim. Es decir que hay también un politeísmo secreto dentro del monoteísmo, que aparece también en las figuras del Malak Jahvé, el ángel de Dios. A veces Jahvé interviene personalmente, y a veces envía al Malak Jahvé, que es más o menos un aspecto de Él. Se puede decir en general que en cualquier sistema monoteísta, como en el judeocristiano, hay una tendencia secreta hacia el politeísmo, que aun sin ser totalmente consciente ni admitida, existe, así como en los sistemas politeístas hay una tendencia secreta al monoteísmo, para asegurar que todos aquellos múltiples dioses en realidad no son más que aspectos diferentes de un dios único. Si se lo expresa en términos psicológicos, esto significaría que la multitud de configuraciones arquetípicas son todas en realidad una en el Sí mismo, aunque de hecho en la vida práctica el Sí mismo se manifieste muy a menudo en aspectos aislados que preferimos llamar arquetipos diferentes. El problema es si hay muchos arquetipos o si el arquetipo del Sí mismo es en realidad el único. Por ejemplo, cuando alguien está dominado por el arquetipo de la madre, se habla de un complejo materno, pero si nos adentramos en el tema encontraremos siempre que en ello está la totalidad del Sí mismo. Un complejo arquetípico conduce siempre al símbolo del Sí mismo. De modo que aquí hay nuevamente un monoteísmo secreto en el politeísmo, ya sea que el énfasis se ponga en uno o en el otro. Si lo múltiple apunta hacia lo uno, yo diría que en el inconsciente hay una tendencia a poner toda la energía sobre el Sí mismo y a apartarla de los diferentes arquetipos aislados. Los múltiples arquetipos tienden a concentrarse en torno del único arquetipo, del que se podría decir que refleja la tendencia del inconsciente mismo hacia una mayor conciencia. Se podría decir que las águilas son como una asamblea de dioses reunida en torno del único Dios, lo que interpretado psicológicamente significaría que muchos arquetipos comienzan a caer en un orden que se concentra en el arquetipo del Sí mismo. El arquetipo del Sí mismo empieza a ser dominante y la disociación en múltiples arquetipos comienza a ordenarse en torno de un centro. De ello se seguiría que si en la psique de alguien domina un único arquetipo, digamos el arquetipo de la madre, o el del anima, o el que fuere, en esa persona hay cierto monto de unilateralidad. Es sólo cuando el arquetipo del Sí mismo comienza a hacerse cargo del proceso cuando la cosa se unifica y todo va ocupando su lugar; de hecho, yo diría que el sentimiento de unidad es una representación simbólica del momento en que los múltiples arquetipos comienzan a ceder su energía a uno solo.
Comentario: Estaba pensando en algo ligeramente diferente, apartándome un poco de los arquetipos y acercándome más a la actitud de las religiones primitivas, tales como la experiencia del dios en el árbol, oel espíritu en el árbol. El paralelo que yo vería en este caso es el siguiente: quizás haya un espíritu en el árbol y los arquetipos estén siendo proyectados en el árbol, de modo que Dios esté realmente en el árbol y los dioses estén proyectando en Dios. Esto, por cierto, una conjetura.
M. L. Von Franz: Sí, lo es, y yo no puedo darle una respuesta. Usted puede creerlo o no, porque una cosa así no se puede demostrar. En realidad, eso simplemente toca la cuestión de si, en el caso de que se proyecte realmente una imagen arquetípica, hay también una realidad trascendental que haga la proyección. Pero no tenemos medios de verificar una cosa así, de modo que es cuestión de creencia, y usted puede creerlo o no. Yo lo creo, pero no tengo la intención de convencer a nadie, porque no tengo pruebas.
Comentario: Si usted vuelve a la actitud religiosa primitiva y trata de analizarla, diciendo que eso no es más que una proyección, entonces inmediatamente algo ha sido proyectado, y no se lo puede tomar más que en ese nivel.
M. L. von Franz: En eso está completamente equivocado. Si lee la definición de proyección del doctor Jung, verá que dice categóricamente que sólo se puede hablar de proyección cuando se ha planteado la duda. Por lo tanto, nos equivocamos al decir que el primitivo proyecta en el árbol. Ésa es nuestra manera de hablar, porque dudamos de que Dios esté en el árbol, y por ende podemos decir que sería una proyección para nosotros, pero como en el primitivo no se plantea ninguna duda, no tenemos derecho a decir que él proyecta. Busque la simple definición que da Jung de la proyección en Tipos psicológicos.
Allí verá que sólo se puede hablar de proyección cuando ha surgido la duda, y que hasta entonces no es legítimo aseverar que haya una proyección. Sólo cuando siento inseguridad dentro de mí puedo empezar a hablar de proyección, no antes. La proyección implica que yo ya no estoy del todo convencida, que en cierta medida estoy ya fuera de la participation mystique, o identidad arcaica; hasta entonces no hay proyección. Naturalmente, el que lo ve desde afuera duda, y por eso si uno toma un caso moderno, digamos que X se enamora de Y, el espectador dirá que allí hay una proyección del animus.
Pero para la persona a quien le sucede no hay proyección, y desde el punto de vista analítico sería un error decir que la hay; eso sería infestar a la otra persona con la propia duda. Para X ese hombre es ahora su amado, y no simplemente una imagen del animus. Si yo dudo porque no estoy en la misma participation, no tengo derecho a envenenar al otro con esa duda. Tengo que esperar hasta que la paciente empiece a sentir cierta inquietud, hasta que el hombre que ama no se comporte como ella había esperado que lo haría. Una vez que se manifieste ese estado de inquietud, puede decirle que quizás haya proyectado en ese hombre algo que es de ella. Pero en tanto que no haya ninguna inquietud, no tengo el derecho de cortar esa participation diciendo que es una proyección; ése es un grave error que se comete con gran frecuencia. Nosotros ya no creemos que los árboles y los animales sean dioses, pero sería un error afirmar que eso es una proyección en el caso del primitivo, porque lo que para nosotros es proyección, para él es la vivencia total de la realidad. Es su verdad. Si yo tuviera que ir a África y volverme emocionalmente negra, no hablaría de la proyección de los primitivos en la forma en que solía hacerlo. Diría que ahora veo que los primitivos tienen razón: Dios está en el árbol. Pero en tanto que permanezca en Europa, y el primitivo diga que Dios está en el árbol, mientras que yo no veo en él nada de divino. . . en ese caso podría hablar de proyección. El uso de la palabra depende del estado en que yo estoy. Cuando dudo, puedo usarla, pero si en mí no hay duda, no; y jamás debo usar esa palabra para emponzoñar la realidad de otra persona. Las proyecciones mueren en forma autónoma; de pronto la cosa ha desaparecido, y eso sucede sin ninguna cooperación consciente. Esas cosas son hechos psicológicos per  se.  Después yo puedo decir que hubo una proyección, pero eso es sólo una verdad relativa, no absoluta.