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sábado, 21 de abril de 2012

Aurora Consurgens II


ML von Franz
AURORA CONSURGENS
Como ustedes recordarán, les leí brevemente el texto de la llamada primera parábola, que comienza de forma muy diferente de los cinco primeros capítulos. Éstos se ocupaban de la aparición de una personificación femenina de la Sabiduría de Dios, que se le aparecía al autor de forma avasalladora. Por las diferentes formas en que la describía, dedujimos que al principio santo Tomás se sintió muy abrumado y después se identificó con la imagen y sufrió una ligera inflación, diciendo que ahora les hablaría de ella a las gentes y cosas así. Después la inflación se convirtió en una especie de desdén por los no iniciados, por aquellos que no saben y que no han entendido, y luego salió de la inflación para caer en un estado plano prosaico. Entonces describió la misma experiencia pero de manera bastante prosaica, lo que es típico de las personas que vuelven a la superficie después de haberse visto arrastradas a sumergirse en el inconsciente; hay una especie de desilusión de todo el asunto, que compensa la inflación. Esto se hace mucho más obvio después de un intervalo psicótico interrumpido con Largactil o electro shock, o con algún tipo de medicación física.
En la parábola que les leí la última vez, el propio autor entra en el cuadro. Antes, había escrito en el estilo de una regocijada y pomposa anunciación de la verdad, típica de la identificación con los contenidos del inconsciente, lo que explica que se lo use en la literatura religiosa primitiva, en cierto tipo de poesía y en este documento. Ahora veamos el efecto que aquello tuvo sobre el autor. 
Desde lejos vi una gran nube que sombreaba la tierra entera de negrura; había absorbido la tierra que cubría mi alma, las aguas habían entrado en mi alma, que se había corrompido por obra del aspecto del más bajo de los infiernos y la sombra de la muerte porque la inundación me había anegado. Entonces los etíopes se inclinarán ante mí y mis enemigos me lamerán el polvo. Nada está sano en mi cuerpo, y por el aspecto de mis pecados mis huesos se asustan. He gritado toda la noche hasta estar cansado; mi garganta está ronca. Quién es el hombre que vive entendiendo, y quién salvará mi alma de la mano de los infiernos. Cuando dice que vio una gran nube negra, uno siente que debe de ser el autor que desde arriba ve la nube negra que ha cubierto la tierra. Pero más adelante esa persona, que pregunta quién es el hombre que puede salvarla, es la Sabiduría de Dios. Una de las cosas más interesantes en este texto es que el «yo», como se ve por el contexto, en una línea es el autor y dos líneas después la Sabiduría de Dios. Es decir que hay una auténtica confusión y vemos cómo el autor se ha identificado con la Sabiduría de Dios y ha caído en el inconsciente. Primero ve cómo se cierne sobre la tierra la nube negra que lo cubre todo. La nube negra es un conocido símbolo alquímico del estado al que se llama nigredo, la negrura que con mucha frecuencia es lo primero que sucede en el opus; si se lo destila, el material se evapora y durante un rato no se ve nada más que una especie de confusión o nube, que el alquimista comparaba con la tierra cuando la cubre una nube negra. En el lenguaje de la antigüedad, la nube también tenía un doble significado, ya que a veces se la comparaba con la confusión o con la inconsciencia. Hay muchos textos herméticos tardíos donde se dice que a la luz de Dios no se la puede encontrar antes de haber salido de la nube negra de la inconsciencia que cubre a las gentes y que es la connotación negativa con que frecuentemente tropezamos en el lenguaje religioso. En el lenguaje cristiano, a la nube la produce el diablo que está en el norte, y cuyas narices exhalan constantes nubes de confusión y de inconsciencia que se dispersan por el mundo. Pero a la nube se la encuentra también en primitivos textos medievales con una connotación positiva, es decir, como el aspecto desconocido y desconcertante de la Divinidad. Probablemente algunos de ustedes conozcan The Cloud of Unknowing [La nube del desconocer], un texto místico medieval que describe el hecho de que cuanto más se aproxima el alma del místico a la Divinidad, tanto más a oscuras y más confuso se siente éste. Los textos como éste dicen, efectivamente, que Dios vive en la nube del desconocer, y que es necesario que uno se despoje de cualquier idea, de cualquier concepción intelectual, antes de poder aproximarse a aquella luz que está rodeada por la oscuridad de una total confusión. Aquí la nube tiene el mismo doble significado: describe un estado de confusión total, de infelicidad completa, que al mismo tiempo es el comienzo de la obra alquímica.
El aspecto del más profundo de los infiernos y —como se dice poco después— el aspecto de sus propios pecados han asustado al autor, y tras ello se hace mención de los etíopes. Esto se refiere al Salmo 72, 9, que habla de victorias sobre los enemigos y de que los etíopes se inclinan ante los israelitas. Pero aquí lo etíope tiene, por supuesto, un significado clásico, que aparece también muy tempranamente en la alquimia griega, y representa la nigredo.
Recordarán ustedes que en uno de los textos griegos ya apareció antes la tierra etíope. Etiopía era el país cuyo pueblo cargaba con la proyección colectiva de una total piedad y fervor religioso por una parte, y por la otra, a los etíopes se los consideraba paganos inconscientes. Aquí en la alquimia, Etiopía es con frecuencia el símbolo de la nigredo, y es obvio lo que eso significaría en lenguaje psicológico, ya que no es muy diferente de la forma en que los negros siguen apareciendo aún hoy en el material inconsciente de los blancos, es decir, como el hombre primitivo y natural en su ambigua totalidad. El hombre natural que hay en nosotros es el hombre auténtico, pero es también el que no se ajusta a las pautas convencionales, y el que en parte está muy movido por sus instintos. Los etíopes aparecen en esta nigredo, y después está la cuestión: «¿Quién es el ser humano de entendimiento que me salvará de la mano de los infiernos?», y ese mismo ser ahogado, de quien uno se imaginó primero que era el autor, pero que después resulta ser la Sabiduría de Dios, dice: «A quien me ilumine le daré la vida eterna, él recibirá del leño de la vida que está en el Paraíso y compartirá mi trono en mi reino», y por ese estilo. Después viene el pasaje que les leí la última vez: «El que no se burle de mí y no me haga daño y no profane mi lecho», tras lo cual viene la declaración de amor. Es el propio Cristo, en cuanto Cristo es Dios, quien promete compartir Su Reino, de modo que debemos llegar a la conclusión de que la persona que habla —y los adjetivos que aquí se refieren al «yo» son siempre femeninos— es la Sabiduría de Dios, en absoluta identidad con Dios y con Cristo, que habla desde la oscuridad de la nigredo y pide socorro, clamando por un ser humano que salve su alma de los infiernos. Esto nos demuestra el tremendo giro que se ha producido, porque de pronto es la Sabiduría de Dios quien pide auxilio desde las profundidades de la tierra, y quien necesita que un ser humano la saque de la oscuridad. Primero se aparecía como un factor abrumador y divino que venía desde arriba, y ahora clama desde abajo como un ser femenino desvalido que necesita la comprensión del alma humana.  
Este es uno de los pasajes más sorprendentes y ejemplifica lo que Jung describió también en Psicología y alquimia como uno de los grandes temas mitológicos del pensamiento alquímico, es decir, la idea de que el alma divina, o la Sabiduría de Dios, o el anima mundi —una especie de figura femenina— se desprende del hombre original, del Adán original, cae en la materia y entonces debe ser rescatada. Quizá recuerden ustedes que Jung explica que esto representa lo que sucede cuando algo se proyecta, es decir que está la idea arquetípica del hombre divino, o de la Divinidad femenina, y ese arquetipo es proyectado en la materia, lo que de hecho significa que la imagen cae en la materia. Esta clase de mitos amplifican lo que los alquimistas no sabían conscientemente o sabían sólo en parte: que en realidad estaban en busca del inconsciente, o de la imagen de la Divinidad femenina, o de la experiencia del hombre divino en la materia. Eso era lo que buscaban, como intenté explicarlo con el texto alquímico griego. Eso correspondería a un hombre moderno que conoce a una mujer, se siente muy atraído hacia ella y entonces sueña que una imagen de la diosa la penetra. La imagen de la Divinidad antes la llevaba él dentro, y ahora ha entrado en esa mujer. Así es como el inconsciente trabaja con una proyección; no es nada que hagamos, ni siquiera algo de lo que nos demos cuenta, sino que simplemente nos sucede, y con frecuencia sueños así demuestran que ha habido una proyección. Aquí la imaginería alquímica dice que eso ha sucedido y que el alquimista está, inconscientemente, buscando una figura así. 
En la religión judía, como ustedes saben, este proceso se ha iniciado ya, porque, aunque desde el comienzo no hubo una deidad femenina, la expresión hebrea que designa el caos primordial es: «Tohu wabohu», que en realidad es una alusión a Tiamat, la divinidad femenina babilónica. Se podría decir que en la tradición judía la gran diosa madre no aparece personificada en la Biblia, sino que sólo existe en forma oculta en estas pocas alusiones. Lo femenino reapareció en la fantasía gnóstica tardía de la Sabiduría de Dios, pero en la Biblia sólo aparece un aspecto divino sublime de esta deidad femenina, y el aspecto femenino de la Divinidad no está adecuadamente representado en la tradición judeocristiana. Hay unas pocas alusiones oscuras a una sombría masa madre caótica y subterránea, que es idéntica a la materia, y a una figura femenina sublime que es la Sabiduría de Dios, pero incluso ella fue eliminada del cristianismo, porque a Dios se lo declaró idéntico al Espíritu Santo o al alma de Cristo, y de la materia se suponía que estaba regida por el diablo. Esta pronunciada carencia de una personificación femenina del inconsciente ha sido compensada, por consiguiente, por el materialismo radical que poco a poco se ha ido apoderando de la tradición cristiana. Se podría decir que prácticamente ninguna religión se inició con un acento espiritual tan unilateral y tan elevado para ir a terminar —si se piensa en el comunismo como la forma final de la teología cristiana— en un aspecto materialista tan absolutamente unilateral. La oscilación de un extremo al otro es uno de los fenómenos más sorprendentes que conocemos en la historia de la religión; se debe al hecho de que desde el comienzo hubo una falta de conciencia, una actitud desequilibrada hacia el problema de la deidad femenina y por consiguiente de la materia, porque la Divinidad femenina en todas las religiones se proyecta siempre en la materia y está ligada con el concepto de materia. 
Ayer, sin ir más lejos, tuve en las manos —esto es una especie de digresión, pero es muy interesante— un libro de Hans Marti, Urbild und Verfassung, que se podría traducir como Arquetipo y constitución. Marti demuestra que desde que el hombre concibió por primera vez la constitución de un estado democrático —a él le preocupa en especial la constitución suiza— se ha producido un cambio secreto desde el concepto patriarcal del Estado —el Estado jurídico, el Estado como concepto jurídico, una especie de espíritu paterno— a lo que él llama el Estado de Bienestar. La democracia suiza en sus comienzos, digamos hasta los últimos cincuenta años [recuérdese que estas conferencias son del año 1959], estuvo administrada principalmente por un Club formado por hombres —ustedes saben que en Suiza las mujeres todavía no pueden votar [el derecho de voto se les concedió en 1971]— y la base de la Constitución era cierto número de leyes, cuyo principal objeto era garantizar la libertad del individuo, la libertad religiosa, el libre acceso a la propiedad y otras propuestas semejantes. En este esquema se infiltró poco a poco, como lo demuestra bellamente Marti, otra idea, la del Estado de Bienestar, un arquetipo materno en que el Estado tiene que ocuparse de la salud de la gente, de su bienestar material, las pensiones a la vejez y asuntos de ese tipo. Marti señala con claridad que esto es un cambio, que el Estado ya no es el padre, sino que se ha convertido enl a madre, y en su condición de tal, se interesa por el bienestar físico de sus hijos. El autor demuestra cómo, de acuerdo con la ley suiza, el Estado tiene ahora el derecho de imponer ciertas reglamentaciones a la posesión de tierras, con el fin de proteger las zonas agrícolas, por ejemplo. Hace algunos años, el Estado asumió el control del os derechos sobre las aguas —el agua es un símbolo femenino— a fin de proteger al pueblo, porque, al volverse el agua tan contaminada e insalubre, el Estado ha ido adquiriendo el derecho de promulgar leyes dirigidas a combatir las epidemias. Si hay, por ejemplo, alguna clase de plaga, o un brote de rabia, el Estado puede promulgar reglamentaciones que antes no existían. Antes la humanidad no estaba tan interesada por el bienestar físico y material del pueblo. Si se morían de peste, o mordidos por los perros rabiosos, eso era una parte no muy importante de la vida; el énfasis se ponía en la libertad espiritual, en tanto que se descuidaba bastante el bienestar físico. Durante los últimos cincuenta o sesenta años, el bienestar físico se ha convertido gradualmente en una preocupación estatal importante, y con ello ha llegado por etapas a ser cada vez más portador de la proyección de la madre, y menos dela imagen del padre. Lentamente y sin advertirlo, nos estamos deslizando hacia una situación matriarcal. Marti muestra cómo es que están en juego ciertos factores emocionales, cómo la gente concibe al Estado de una manera vagamente arquetípica y, a partir de ese punto de vista, vota por ciertas leyes. Pero lo que parece ser evidente, es decir, que el Estado debería cuidar de sus hijos, en realidad es la proyección de la imagen de la madre, y eso no es evidente. El autor termina su libro de manera muy inteligente, diciendo que deberíamos tomar conciencia de qué es lo que estamos proyectando sobre el Estado e iniciar una verdadera Auseinandersetzung o confrontación, y no cambiar nuestras leyes por la mera proyección de una imagen materna. Este libro describe un pequeño aspecto de un lento giro que en gran escala se ha producido en toda la civilización cristiana, y que podríamos considerar como un retorno secreto y no demasiado visible al matriarcado y al materialismo. Esta enantiodromia tiene que ver con el hecho de que la religión judeocristiana no se enfrentó en forma verdaderamente consciente con el arquetipo de la madre, sino que hasta cierto punto excluyó la cuestión. Es bien sabido, además, que cuando el papa Pío XII declaró [1950] el dogma de la assumptio Maria su objetivo consciente era herir al materialismo comunista elevando a objeto de culto en la Iglesia católica, por así decirlo, a un símbolo de la materia, con el fin de deshinchar las velas de la nave comunista. Hay implícito algo mucho más profundo, pero ésa fue su idea consciente, es decir, que la única manera de combatir el aspecto materialista sería elevar a una posición superior el símbolo de la Divinidad femenina, y con él la materia. Puesto que lo que se eleva al Cielo es el cuerpo de la Virgen María, el acento está puesto en el aspecto material físico. Aquí tenemos la imagen de la Divinidad completamente caída en la materia, desde donde reclama socorro. Si lo tomamos como el drama personal de nuestro autor, ¿qué significaría esto?
Respuesta: Que el anima se había perdido en el mundo material, porque él no tenía relación con ella.
M. L. Von Franz: Sí, debemos sacar la conclusión de que este autor no tenía relación con el principio femenino antes. Es del todo obvio por el texto que es hombre de iglesia, y me imagino que tenía un complejo materno negativo y por esa razón, o por alguna otra, no tenía relación con el principio femenino, lo que significa ni con su propio aspecto femenino ni con las mujeres. En un caso así se produciría un influjo abrumador de la Divinidad femenina. Hay un paralelo sorprendente con el famoso místico Jakob Boehme, que como ustedes saben era muy pobre, un zapatero, y en alguna medida un caso fronterizo, pero que tenía las más tremendas experiencias religiosas y era capaz de expresarlas en sus difíciles escritos. Este hombre era un intuitivo introvertido del tipo profético. Su matrimonio fue muy desdichado, una relación en la que no había más que odio y desprecio recíprocos, cosa comprensible por ambas partes, ya que su esposa, que era una mujer práctica, pensaba que mejor haría él en remendar zapatos y ganar dinero que en escribir libros sobre el Espíritu Santo, mientras ella y sus seis hijos no tenían nada que comer. Por eso le montaba constantemente escenas, diciéndole que debería ocuparse de dar de comer a sus hijos en vez de escribir libros sobre la Divinidad. Él, por otra parte, sentía —bien naturalmente— que ella era una mujer mundana y una carga para él, alguien que obstaculizaba su creatividad espiritual. Era una de esas tragedias clásicas. Boehme rechazó completamente lo femenino —me refiero a que no tenía hacia ello más que una actitud negativa— hasta las últimas fases de su vida. Poco antes de su muerte, se vio súbitamente abrumado por completo por la imagen dela Sabiduría de Dios, la sophia, esa misma imagen, y dejó un texto en el que ensalzaba a esa figura en los términos del más enamorado éxtasis; a tal punto que es incluso bastante desagradable, porque en su canción de amor a la Sabiduría de Dios resuena una fortísima nota sexual y se percibe todo el fango que antes había sido rechazado y que emerge a la superficie con esta gran experiencia. Supongo que nuestro autor se encuentra en un estado similar; que no había tenido relación alguna con el principio femenino y ahora se ve anonadado por él, en su forma más abrumadora. Ésa sería una compensación típica del escarnio y el desprecio que hasta entonces debe de haber sentido por lo femenino. En casos así, el inconsciente irrumpe con un énfasis tan tremendo que ya no es posible seguir evitándolo. Lo que para la conciencia es llegar a la comprensión de una imagen arquetípica, para ésta es, en cambio, una gran caída. Imagínense al yo con su campo de asociaciones, como una araña en su tela. Cuando la imagen arquetípica se aproxima al campo de la conciencia, eso es para el yo un estado de gran iluminación, de júbilo y otros sentimientos positivos como vimos en los cinco primeros capítulos de nuestro texto, pero para el pobre arquetipo es precisamente lo opuesto, porque se despeña en algo muy pequeño y muy inadecuado. Por consiguiente, visto desde un lado, el episodio es una gran realización, un logro, y desde el otro, una caída muy grave. Muchos mitos de la creación describen la creación del mundo como la Divinidad que se cae del Cielo, como lo ejemplifica también típicamente un sueño de Gérard de Nerval, un poeta francés cuyo libro Aurelia describe el comienzo de su propia psicosis. Uno de los sueños más aterradores que tuvo durante esa época fue que iba al patio trasero de un típico hotel de París, lleno de viejos recipientes de basura donde los gatos se reunían a comer. Esos patios sombríos se encuentran por todas partes en París. En un patio así, en el fondo de su hotel, De Nerval vio con horror a un ángel de Dios, una tremenda e imponente figura arquetípica, con las alas multicolores, que se había caído en el patio y estaba atascado en aquel restringido espacio. De lo que el poeta se dio cuenta súbitamente con horror fue de que si el ángel quería liberarse, si hacía un mínimo movimiento, todo el edificio se derrumbaría, lo que para él significaría el comienzo de su esquizofrenia, que en efecto se inició poco después. Su concepción de la vida era demasiado estrecha en comparación con su genio. De Nerval tenía un gran genio inconsciente, tal como lo ponía de manifiesto el ángel, y su concepto de la vida era exactamente el del racionalista francés típico de París y de sus sórdidos patios. Su mentalidad consciente no se adecuaba, pues, a su auténtica hechura humana ni a su propio destino íntimo. Es muy frecuente que la razón de la esquizofreniano sea tanto la invasión del inconsciente, sino que eso le sucede a alguien que es demasiado estrecho, ya sea mental o emocionalmente, para esa experiencia. Para la gente que no tiene una mentalidad amplia ni tampoco la generosidad y el corazón que se necesitan para abrirse a lo que venga, la invasión es demoledora. La vida de Gérard de Nerval es un ejemplo muy claro: se enamoró de una muchacha y fue presa de los sentimientos más emocionales y románticos, pero en vez de aceptarlos se rebeló contra ellos, diciéndose: «C'est une femme ordinaire de notre siécle» —es una mujer vulgar de nuestra época— y huyó de ella. Después se sintió sumamente culpable, pero ella no lo perdonó. Su conciencia culpable provenía del hecho deque el poeta estaba huyendo de sus propios sentimientos. Durante esa época fue cuando soñó con el ángel, mostrando que su idea estrecha, racional y atrasada de la vida y del amor no estaba a la altura de su experiencia, por lo cual al fin terminó colgándose. Sólo menciono este sueño como ejemplo del hecho de que lo que desde el nivel consciente se ve como una realización del arquetipo, para el arquetipo es un precipitarse en la materia. Es lo mismo que sucede en la enseñanza teológica con la kenosis de Cristo, que se refiere a la cita bíblica en que Cristo se desprende de su plenitud para bajar como servidor a encarnarse en un hombre. Sobre esto han edificado los teólogos la teoría de que Cristo era idéntico a Dios Padre y al Espíritu Santo, que vivía en plenitud y expansión en el Cielo y que fue un tremendo autosacrificio vaciarse y reducirse a la dimensión humana para encarnarse. Aquello, desde Su lado, era una humillación y un menoscabo de su condición. Como arquetipo, sería la Divinidad, el logos, que ingresaba en la miserable vida humana, pero para la humanidad fue una revelación de la luz de Dios. No es el único caso. Toda vez que un arquetipo sea próxima a la realización humana, ello significa una gran disminución para el arquetipo, lo que explica las visiones y sueños catastróficos de la caída de un ser divino sobre la tierra. Como se puede ver muy claramente por el caso de Gérard de Nerval, en ocasiones así el entendimiento es el factor esencial. Si él hubiera entendido qué era lo que se le aproximaba cuando tuvo aquellos sentimientos tremendos y aquellas fantasías con la joven que amaba, no habría perdido la cabeza, pero le pareció que todo eran locuras y estupideces que había que reprimir, y el resultado fue la catástrofe. En nuestro texto, la caída Sabiduría de Dios clama por un ser humano de entendimiento que la rescate. Pregunta dónde está el ser humano que vive y está dispuesto a entenderla, y promete la vida eterna a esa persona: a aquel a quien ella ama y en cuyo abrazo todo su cuerpo se funde, todo eso. Así se entrega a una apasionada declaración de amor al desconocido que la entienda y que la rescate de la materia. Después hay un viraje de lo más sorprendente, puesto que dice: «Él, en cuyo abrazo todo mi cuerpo se funde, de quien seré el padre y que será mi hijo».
Esto está tomado de Hebreos 1, 5, como ustedes probablemente saben, y es lo que Dios dijo a Cristo. Cuando se lee el texto es fácil pasar por alto estas alusiones extrañas, pero aquí la Sabiduría dice claramente que ella misma es Dios Padre y que quienquiera que la salve es el hijo del propio Dios. Esta oración es la clave de todo lo que sigue en el texto. La Sabiduría de Dios es simplemente una experiencia del Propio Dios, pero en Su forma femenina, y el amado prometido de esta apariencia femenina de Dios es el autor que reemplaza a Cristo y llega a ser como Cristo. El propio Cristo predijo que mediante la difusión del Espíritu Santo muchos harían obras mayores que Él, apuntando a la idea de la semejanza a Cristo de cada individuo. Cristo no fue el único caso de la encarnación de Dios, pero por mediación del Espíritu Santo esto continuaría y se difundiría entre muchos, y cada individuo, en cierta medida, se convertiría en Cristo y sería por consiguiente deificado. Eso lo predijo en la Biblia el propio Cristo, pero en la interpretación teológica no se le ha hecho caso porque es un enunciado poco feliz y no quiere decir, ni más ni menos, sino que cada individuo humano podría, potencialmente, vivir el mismo destino de Cristo y ser idéntico a la Divinidad. La teología medieval no hizo caso de este aspecto ni lo sacó a la luz; se puso mucho cuidado en no hablar de él porque no es otra cosa que el proceso de individuación. Significa que seguir a Cristo no es seguir reglas externas, no es una imitación de lo de afuera, sino que es asumir cada uno en su propia forma la total experiencia de Cristo: pasar uno mismo por el mismo proceso, en su totalidad. Como eso era demasiado difícil, o la gente no estaba a la altura de semejante tarea, no se le hizo caso, y por eso reaparece aquí como una presión inconsciente en la forma de Dios, que, en cuanto mujer, escoge como su prometido a un ser humano, a un humano que la entienda. Como dice el texto, ésta es la relación de Dios Padre con Dios Hijo. Ella dice entonces que si puede encontrar un novio así se le aparecerá en su gloria y se manifestará en toda su belleza, y en este contexto se cita la aparición de Dios al final de los días, como en el Apocalipsis. También se compara ella misma con una paloma, reluciente como plata. El texto termina, bastante lisa y llanamente, con las palabras: «y todo esto es que simplemente uno tiene que lavar la sustancia nueve veces hasta que tenga la apariencia de perlas, y eso es el blanqueamiento». Aquí hay un retorno súbito al lenguaje puramente químico, que dice que en la práctica toda la experiencia indica que uno tiene que lavar las estrellas, como dice el texto, hasta que estén blancas como perlas. Quiero comentar brevemente la parte que sigue: Quien tenga oídos para oír, oirá lo que el espíritu de la ciencia dice a los hijos de la doctrina sobre las siete estrellas por cuya mediación se cumple la obra divina. Sénior dice en su libro en el capítulo sobre el sol y la luna: «Cuando hayas distribuido esos siete con las siete estrellas y se los hayas atribuido a las siete estrellas y después los hayas purificado nueve veces hasta que parezcan perlas, eso es el blanqueamiento». Las siete estrellas fueron mencionadas antes en nuestro texto; son las siete estrellas que la Divinidad sostiene en Sus manos cuando Se aparece en el Apocalipsis y en esa época se referían naturalmente a los siete planetas. A los siete planetas se les atribuyen los siete metales, y es costumbre en alquimia que los siete metales —estaño, cobre, plomo, hierro, etcétera— sean atribuidos a los siete planetas, pero son más que eso; son, por así decirlo, la misma cosa que los siete planetas. El hierro es lo mismo que Marte y el cobre lo mismo que Venus; en el cielo, por consiguiente, uno puede llamar hierro al terrenal Marte y cobre a la Venus terrenal, y así sucesivamente. En aquellos tiempos ésa era una manera común de hablar de los metales así que las siete estrellas son realmente los siete metales, que hay en la tierra, y estas estrellas terrenas, a su vez, tienen que ser destiladas y purificadas nueve veces, momento en el cual se vuelven completamente blancas, que es el proceso de la albedo.
En la literatura alquímica se suele decir que el gran esfuerzo y penuria continúa desde la nigredo a la albedo; se dice que ésa es la parte difícil y que después todo se vuelve más fácil. La nigredo, que es la negrura, la terrible depresión y el estado de disolución, tiene que ser compensada por el duro trabajo del alquimista, y ese duro trabajo consiste, entre otras cosas, en un lavar constante; por lo tanto en el texto se menciona incluso el trabajo de las lavanderas, o la destilación constante, que se hace también con el objeto de la purificación, porque el metal se evapora y después se precipita en otro recipiente, retirando así las sustancias más pesadas. La analogía psicológica se establece evidentemente con la primera parte difícil de un análisis donde hay que lavar a Venus, el problema del amor, lo mismo que a Marte, el problema de la agresión, y así siguiendo. Por lo general, todos los diferentes impulsos instintivos y su trasfondo arquetípico aparecen primero en una forma perturbada en la tierra, es decir en la forma de una proyección: la persona ama u odia a alguien, o tiene un jefe que la deprime y no sabe cómo defenderse. Si la proyección estuviera en el exterior significaría que Marte ha caído en la materia: el principio de agresión y todo lo que éste abarca se aparece en fulano o zutano, o Venus ha caído en los altibajos de una relación amorosa y de sus dificultades sexuales, y naturalmente el analizando cuando viene por primera vez les dice a ustedes que es eso, porque para él la cosa está totalmente afuera. Primero hay que sacarla de la materia, así que el analista le dice que deberían dejar fuera del asunto a la señorita tal y cual y mirar qué es lo que está pasando en el analizando. Ésa es la prima materia que hay que estar lavando y destilando constantemente, y de ahí que la primera actividad del opus sea destilar, lavar y purificar, una y otra vez. Aquí dice nueve veces, otros dicen quince veces, y algunos dicen diez años. En realidad es un proceso muy largo y a veces significa ensayar interminablemente el mismo problema en sus diferentes aspectos. Por eso también en los textos alquímicos se alude siempre al hecho de que esta parte se puede alargar durante mucho tiempo y se caracteriza por interminables repeticiones. . . , de la misma manera que, desdichadamente, una y otra vez volvemos a caer en complejos que no han sido resueltos y que hay que volver a mirar una y otra vez. Pero mediante este duro trabajo la materia se blanquea. La blancura sugiere purificación, no estar ya contaminado por la materia, lo que aludiría a lo que técnicamente, y tan a la ligera, llamamos retirar nuestras proyecciones. Y no es una cosa fácil de hacer; es algo muy complicado y difícil, porque no es como si uno entendiera lo que estaba proyectando y entonces ya no siguiera haciéndolo. Se necesita un largo proceso de evolución y de realización interior para retirar una proyección. Cuando se la ha retirado, el factor emocional perturbador se desvanece. Tan pronto como se ha retirado realmente una proyección, se establece una especie de paz; uno se tranquiliza y puede contemplar la cosa desde un ángulo objetivo. Se puede considerar el problema o factor específico de una manera objetiva y tranquila, y quizás hacer con él un trabajo de imaginación activa sin estar constantemente dominado por las emociones o sin volver a caer en la maraña emocional. Eso corresponde a la albedo.
Es, en cierto sentido, la primera etapa de un llegar a estar más tranquilo y más desapegado, con un desapego más objetivo y más filosófico. Uno tiene un punto de vista au dessus de la mélée; puede estar de pie en la cima de la montaña, observando la tormenta que hay por debajo, y que por supuesto todavía sigue, pero que uno puede mirar sin temor, o sin sentirse amenazado por ella. Entonces, lo que el alquimista simbolizaba con la idea del blanqueamiento era que el material sobre el cual habían estado trabajando había alcanzado ahora una forma de pureza y de unidad, y que ahora podían iniciar el trabajo sintético. Después que los metales han sido extraídos por fusión de los minerales, es menester  purificarlos, lo que sería el trabajo analítico, y entonces puede empezar la síntesis química; un paralelo exacto de lo que sucede en análisis primero con el aspecto analítico y después con el sintético. La albedo se caracteriza por algo maravilloso porque, como dicen los alquimistas, a partir de ahora uno tiene que cuidar simplemente el fuego, mantenerlo vivo, pero la parte difícil del trabajo está hecha. Sólo que, como verán ustedes, el proceso de pasar de la nigredo a la albedo se repite muchas veces. Aquí se lo describe siete veces. La parábola siguiente vuelve a empezar con la nigredo, y de nuevo describe la totalidad del proceso hasta que vuelve otra vez a la albedo; es la misma cosa vista desde un ángulo diferente, que es exactamente lo que experimentamos. ¿Cuántas veces, en análisis, se ha salido uno un poco del problema, sintiéndose realmente en paz y en alguna medida en unidad consigo mismo, de modo que parece que lo peor hubiera pasado? Pero tres semanas después todo vuelve a empezar como si no se hubiera hecho absolutamente nada. Se requieren muchas repeticiones antes de que la experiencia se consolide, hasta que al fin la obra se mantiene.
Pregunta: ¿Cuándo empezaron los alquimistas a tener dudas sobre la proyección?
M. L. von Franz: Yo diría que nuestro autor todavía no tiene ninguna duda. La duda apareció por primera vez a finales del siglo XV o comienzos del XVI Esa, naturalmente, no es una manera muy exacta de formularlo, porque hay alquimistas medievales incluso después del siglo XVI, pero algunos tenían dudas desde antes. Se podría decir que, en general, la duda se inició hacia la época del Renacimiento, tras lo cual el simbolismo alquímico se convirtió en una alegoría, no ya en una auténtica experiencia simbólica, y de los viejos textos se habla alegóricamente.
Basilius Valentinus, por ejemplo, y Michael Maier, y más adelante los rosacruces y la evolución de los francmasones son otros tantos ejemplos. Los francmasones siguen usando el simbolismo, lo mismo que los rosacruces, pero para ellos es una alegoría. Explican de una manera totalmente racional qué significa cada cosa; otros continuaron por líneas químicas, pero sin seguir hablando de cosas tales como la novia y el novio, a lo que tildaban de lenguaje florido. Otros seguían usando lenguaje simbólico, pero sin referencia a la química. Allí se podría decir que había una proyección, porque ahora se había incorporado el elemento de duda. En realidad ya no creían que la cosa se hubiera de encontrar en la materia, o lo creían sólo a medias, o lo fingían ante sí mismos, pero no era una actitud limpia, y por eso se produjo lo que tanto descrédito ha causado a la alquimia, es decir el estilo desagradablemente jactancioso y a medias religioso del hacedor de oro. En este texto hay una inflación, pero no hay charlatanismo, mientras que en los escritos de Basilius Valentinus hay un estilo arrogante del hacedor de oro. Pero Gerhard Dorn, de fines del siglo XVI, seguía siendo un alquimista auténtico. Yo diría que fue por entonces cuando se planteó la primera duda. Aquí está todavía lo que desde el punto de vista de ellos llamaríamos una identidad arcaica: la Sabiduría de Dios realmente estaba en la materia, y esa creencia real se producía por mediación de la identidad arcaica. La segunda parábola se refiere a la inundación y la muerte causadas por la mujer y que ella vuelve a hacer desaparecer. Cuando la multitud del mar se haya vuelto hacia mí y sus torrentes me hayan anegado el rostro, y cuando mis flecha se hayan embriagado de sangre y mis celdas estén perfumadas de vino maravilloso, cuando mis graneros se hallen repletos de trigo, y cuando el novio con las diez vírgenes prudentes haya entrado en mi cámara nupcial, y cuando mi cuerpo haya sido impregnado por el toque de mi prometido, y después que Herodes haya matado a todos los niños de Belén, y Raquel haya llorado a todos sus hijos, y cuandola luz haya salido de la oscuridad, y cuando el sol de justicia haya aparecido en el Cielo, entonces se habrá cumplido el tiempo, entonces Dios enviará a Su hijo, tal como lo ha dicho, a quien Él hizo heredero del universo y por mediación de quien creó el mundo y a quien en una ocasión dijo: «Tú eres mi hijo, este día te he engendrado», a quien los tres reyes trajeron dones preciosos. Ese día que el Señor ha creado seremos felices porque hoy Dios se ha compadecido de mi tristeza, el Dios que reina en Israel. Hoy la muerte traída por la mujer ha sido desterrada por ella, y los cerrojos de los infiernos se han abierto. La muerte ya no gobernará y las puertas del infierno no se le opondrán porque el décimo dracma que se había perdido ha sido encontrado, y la centésima oveja ha sido traída a casa desde el desierto, y el número de nuestros hermanos entre los ángeles caídos ha sido completamente restablecido. Hoy, hijo mío, debes ser feliz porque no habrá más llanto ni dolor, porque las cosas primeras han pasado. Al que tenga oídos para oír dejadle oír lo que el espíritu de la doctrina dice a los hijos de la sabiduría sobre la mujer que introdujo la muerte y después la ahuyentó, a lo que los filósofos aluden de la siguiente manera: «Llévate su alma y devuélvesela porque la corrupción de una cosa es la generación de la otra», lo que significa llevarse la humedad que corrompe e incrementarla mediante la humedad natural, y eso será su perfección y su vida. De nuevo, al comienzo hay una catástrofe que se describe como un diluvio, y parte de ella es la matanza de los niños en Belén. Pero como ustedes ven, aunque todo vuelve a empezar con la nigredo, y por lo tanto con un desastre, el relato se detiene más en los aspectos positivos. Está la descripción de una unión amorosa, del novio que entra en la cámara nupcial y de la preñez de la figura femenina, y después una larga alusión, bastante convencional, al nacimiento de Cristo a quien los tres Magos aportan sus dones, y por fin el triunfo de que con ese nacimiento haya sido vencida la muerte. Entonces se puede decir que aunque el proceso se repita ya hay un aspecto más leve, que no se mencionó hasta entonces, es decir, que la catástrofe sucedió en el momento de un nacimiento, que precisamente cuandola nigredo estaba en lo peor, en el inconsciente, tuvo lugar un nacimiento secreto. Dentro de la catástrofe, en medio de la depresión y de la confusión, nacía el nuevo símbolo del Sí mismo. Nacía en el inconsciente, de modo que el autor no se ha dado cuenta todavía de lo sucedido, y sólo vagamente comprende que aunque él haya caído en esa depresión terrible, y la figura del anima se haya precipitado a la tierra, algo ha nacido. Como saben ustedes por los comentarios del doctor Jung sobre el niño divino, cuando nace un héroe —y el nacimiento de Cristo no es la excepción— hay siempre un estallido de las potencias destructivas. Por eso, si en una persona hay una tendencia suicida, ésta siempre será más fuerte en el momento que podríamos llamar la crisis de curación. En una depresión profunda o en una confusión completamente esquizoide, sólo rara y excepcionalmente es grande el peligro de suicidio, por más que exista en ciertas circunstancias. Pero si un caso así llega casi a su término, si está en el umbral de la curación, digamos, entonces existe a menudo un peligro agudo de suicidio. Entonces deben usted es vigilar día y noche el caso, como bien se sabe en los asilos. Naturalmente, esto no es más que un ejemplo extremo de algo que también es válido en un nivel menos dramático en el trabajo analítico, y que es lo que yo llamo el ataque final del diablo. El diablo ve que está perdiendo la partida y lanza un último ataque desesperado. Es lo mismo que cuando en su combate con un animus destructivo la mujer comienza lentamente a defenderse y a pelear con él, pero la batalla todavía no está ganada porque él sigue merodeando a la vuelta de la esquina; el diablo no ha sido del todo expulsado y quizás aún pone un poco más de fuego en la cosa y entonces lanza un ataque final, que suele ser tan malo que parece como si hubiera que empezar todo de nuevo porque las cosas están tan mal como al principio: todo se ha perdido y el diablo sigue tan furioso como en cualquier otro momento. Por lo general, éste es un signo muy bueno, porque significa simplemente que ahora el infierno está perdiendo su poder y por lo tanto hay un último ataque, el diablo agota sus últimas municiones. Despedirse de una actitud neurótica es algo muy triste, y nadie ha salido nunca de ella sin sentirse triste, porque lamentablemente una neurosis es un estado con el que uno se . encariña, y le duele separarse de ella. Por eso cuando se llega a la etapa final, en que de una vez por todas es necesario decir adiós a cierto infantilismo o a una opinión del animus y cosas semejantes, siempre hay alguna forma de crisis. Es lo que la mitología ilustra con el hecho de que cuando nace el niño salvador, todos los poderes de la oscuridad atacan con más fuerza que nunca, y en nuestro propio mito cristiano lo vemos enla forma de la matanza de los inocentes en Belén. Como es lógico, el niño divino siempre se salva; es la última irrupción de las tinieblas en contra de algo ya tan poderoso que, aun siendo recién nacido, ya no se lo puede suprimir. Aquí el autor lo ejemplifica diciendo que es la luz nacida en la oscuridad. Recordarán ustedes que al final de la carta de amor, la de Sénior, del sol a la luna, se decía también que la luz nacía en la total oscuridad, cuando Dios enviaba a Su hijo, y después venía lo que podríamos llamar la adopción de Cristo por Dios. Cuando san Juan Bautista bautizó a Cristo, los cielos se abrieron y descendió la paloma y la voz de Dios dijo: «Éste es mi hijo amado en quien me he complacido». En ese momento se hizo manifiesto que Cristo era el hijo de Dios. Aquí Dios es femenino, está representado por la Sabiduría de Dios, y el hijo es el autor. Entonces es una repetición de la vida de Cristo, pero es el autor quien ha sido aceptado como el hijo por la Sabiduría de Dios, lo que significa que la figura arquetípica que irrumpió lo adoptó como hijo. Él se convierte en hijo de la Sabiduría de Dios, y después sintetiza la experiencia diciendo que ésta es la muerte que la mujer atrajo y quela mujer ha expulsado. En la alegoría oficial de la Iglesia la mujer que trajo la muerte al mundo fue Eva, mediante la manzana del Paraíso, y la Virgen María ahuyentó la muerte cuando dio nacimiento a Cristo. De modo que en la tradición patriarcal hay dos mujeres: Eva, que trajo la muerte a este mundo, y la Virgen María, que la ahuyentó. Nuestro texto es excepcional para el siglo XIII en cuanto alguien se animó a decir que la mujer que trajo la muerte al mundo y la mujer que la expulsó de él eran una y la misma. No hay más que una mujer: Eva y María son una. Está tan confuso en el texto que a menos que uno lo medite, podría no advertir o no darse cuenta de lo que el autor está diciendo, pero eso es típico de este autor. Dice las cosas más pasmosas y chocantes, pero en un lenguaje bíblico tan hermoso que uno se pregunta adonde apunta en realidad, y después se da cuenta de las cosas terribles que está diciendo, desde un punto de vista medieval. Creo que eso se deriva del hecho de que hablaba inconscientemente; estaba abrumado por la imagen del inconsciente y proclamaba su verdad compensatoria sin darse cuenta cabal de la enormidad de lo que estaba diciendo. Se limitaba a sentir su propia experiencia, que una imagen de una mujer que él consideraba la Sabiduría de Dios lo había matado y después lo había devuelto a la vida, y por eso la describe como la mujer que introdujo la muerte y que después restauró la vida. Y lo amplifica en lenguaje puramente químico o alquímico al decir: «Llévate su alma y devuelve su alma. Llévate la humedad destructiva y nútrela con la humedad natural y eso será la perfección». La extractio animae, la extracción del alma, significa en lenguaje químico una destilación. Si se evapora una sustancia química, toma una forma de vapor; eso es su alma, y si se la vuelve a precipitar o a coagular, entonces regresa al cuerpo. El símil es obvio. También interviene el símil de la humedad, porque mediante el fuego la humedad corruptible tiene que ser destilada, y entonces se vierte la humedad vivificante. El proceso ha sido descrito en otros textos alquímicos, por ejemplo diciendo que hay que reducirlo todo a cenizas, la sustancia más seca que existe. Si alguna vez han echado ustedes agua sobre cenizas ya sabrán cuánta puede absorber, de modo que dicen que todo tiene que ser reducido a cenizas para asegurarse de que hasta la última partícula de humedad destructiva ha abandonado la sustancia; entonces se ha de verter sobre ellas agua pura, para devolverlas a la forma sólida. Verter agua sobre las cenizas pulverizadas sería estar nutriéndolas con agua de vida. Eso corresponde a nuestro trabajo analítico, porque de hecho es lo que hacemos cuando expulsamos la humedad corruptible, que en lenguaje práctico significa todos los tipos diferentes de inconsciencia, todos los puntos de ceguera e inconsciencia que obstaculizan la existencia. Ni siquiera sabemos de cuántas maneras están obstruyéndonos la plenitud de la vida nuestros supuestos o sentimientos inconscientes. Eso es algo más obvio para la otra persona que para el individuo afectado, pero si encuentra de pronto uno de esos puntos inconscientes en otra persona, esta última dirá: «Pero yo pensaba… », porque hay algo que se acaba de suponer o dar por sentado. Por ejemplo, hay muchas personas que viven muy por debajo de su nivel espiritual porque suponen que no son nadie, y están tan seguras de ello que nunca se les ocurre siquiera cuestionarlo. Les parece tan evidente que ni se les ocurriría hablar de eso con el analista, porque no creen que haya nada de que hablar. Pero entonces, un día un sueño descubre lo que piensan, y se quedan totalmente pasmadas, porque habían creído que en verdad no eran nadie. Ésa sería la humedad corruptible, un punto de inconsciencia que se ha infiltrado en el sistema; en el caso de las mujeres, en la forma de opiniones del animus, o impulsos de la sombra, o lo que fuere. Es a tal punto evidente que a uno ni siquiera se le ocurre sacarlo, y descubrir cosas así es tarea del análisis de los sueños. Es todo un impacto darse cuenta de que uno ha pensado siempre algo sobre lo cual podría pensar de diferente manera. Éste es uno de los miles de ejemplos posibles de lo que significa la conciencia corruptible. El sentimiento inconsciente —o el pensamiento, en cierta medida— es una humedad corruptible que no advertimos, y el objetivo del opus es expulsar todo aquello, cociéndolo. Los sueños señalan el hecho, y al interpretar e integrar lo que dicen nos liberamos lentamente de esa humedad corruptible. Pero si seguimos durante demasiado tiempo, si sobre analizamos, nos perdemos cierto momento muy decisivo en el proceso, que sólo debe ser continuado durante cierto tiempo, porque si se lo continúa demasiado la gente pierde espontaneidad. Es probable que ustedes hayan conocido alguna de esas personas sobre analizadas que han perdido toda clase de espontaneidad en la vida. Antes de que lo hayan saludado siquiera, le dicen a uno que saben que le proyectarán su anima, o le salen contando que odian a fulano y que están seguras de que es una proyección dela sombra. Pero, ¿por qué no ha de disgustarle alguien a uno? Sobre analizar, continuar demasiado tiempo el proceso, crea una segunda neurosis, que es una enfermedad muy general y muy difícil de curar. Naturalmente, es también una especie de inconsciencia. Por ende, podríamos llamarla la segunda fase, el retorno al agua de vida, el retorno a la espontaneidad, el retorno a una manera de vivir inmediata, natural y espontánea sin olvidarse de lo que uno ha aprendido. Salir del agua y sentarse al sol y después tener que volver a zambullirse en el agua es algo muy peligroso. Se puede hacer volviendo simplemente a caer en el estado anterior, pero eso no tiene ningún mérito. Uno debe regresar, pero manteniendo la segunda forma de conciencia analítica, manteniendo la conciencia de la sombra y del anima y todo eso. De modo que la segunda fase es la espontaneidad consciente en la cual la participación de la conciencia no se ha perdido, y eso es algo muy difícil, porque es más fácil seguir sobre analizando, o volver a deslizarse en el estado anterior de inconsciencia.
Pregunta: Si la gente se sobre analiza, ¿la culpa no es del analista? Quiero decir, ¿no les da demasiadas ínterpretaciones sin dejar que el analizando haga su propio proceso?
M. L. von Franz: Yo no lo diría así. Creo que eso podría contribuir a un estado tan desafortunado, pero en general, según mi experiencia, no es ésa la única razón. Conozco analistas que son completamente pasivos y se especializan en no interferir, y sin embargo pueden producir analizandos sobreanalizados, ¡porque eso lo hacen ellos mismos! Porque lo que era positivo en un principio, es decir, la necesidad de descubrir lo que está pasando y de reflexionar sobre ello y de darse cuenta, se experimenta como algo muy liberador. Los analizandos han salido de un problema gracias a la reflexión, y naturalmente, como al comienzo aquello tuvo esa cualidad liberadora, siguen con lo mismo y se equivocan de momento. Yo incluso creo que es necesario que cada caso llegue a tener un período de sobre análisis, que ésa es una fase necesaria del trabajo, una etapa a la que hay que llegar para que después pueda tener lugar ese retorno a la conciencia, es decir, el darse cuenta de que hay que volver a la espontaneidad, y volver a ella constantemente, porque de otra manea uno vuelve inconscientemente. El alquimista Gerhard Dorn dice que el anima está atrapada en el cuerpo de un hombre y él tiene que hacer un esfuerzo mental para liberarla, pero entonces el cuerpo está muerto. Esa es la forma en que él lo describe. Dice que sería como si un monje se retirase del mundo a meditar y mediante el ascetismo sacara su anima del cuerpo; de ese modo dice, si siguiera en lo mismo simplemente estaría muerto. Si uno rechaza el cuerpo no puede vivir, así que hay que recuperar el cuerpo. Imagínense la mente, el alma y el cuerpo como entidades; para el cristiano la mente es un poco superior, representa las buenas intenciones, un programa de vida positivo y cosas semejantes. Una persona así podría rescatar su anima mediante un período de ascetismo. Dorn lo compara con el monje que medita en lugar de vivir. Lo que sucede es que la mente tira del anima hacia arriba, y abajo el cuerpo se queda muerto. El cuerpo no tiene nada más que decir porque la proyección ha sido completamente retirada y eso representaría un estado de introversión mental completa, la unio mentalis entre la mente y el anima. Dorn dice que él no quiere detenerse allí, porque ¿qué le va a pasar al pobre cuerpo? Dice que ahora se aproxima un peligro terrible porque el cuerpo también debe ser redimido, pero si lamente y el alma se van sólo un poquito hacia el cuerpo, se caen a plomo dentro de él; es como un imán que atrae el hierro, y entonces todo el trabajo está mal. Por consiguiente a esto hay que aproximarse con prudencia, y Dorn lo hace mediante un acto químico de la imaginación: en vez de volver al cuerpo en un abrir y cerrar de ojos, al cuerpo también hay que elevarlo a un nivel superior, y entonces los dos están unidos, pero no en el estado anterior. Eso correspondería a decir que uno se va a olvidar de la proyección y de la sombra y de todo eso para vivir y nada más. Por eso pienso que el estado de sobre analizado es necesario; es una etapa que hay que alcanzar para que esta unio corporis se realice de la manera debida, y no de acuerdo con la antigua pauta. En una forma indirecta, el analista permite que haya un error, pero en ciertas circunstancias uno tiene que permitir que así sea para hacer el retorno como es debido Creo que el error que puede cometer un analista es no saber que es necesario el retorno, y entonces, cuando los sueños anuncian la necesidad del cambio, pasarla por alto Recuerdo el sueño de un analizando que se había sobre analizado y que soñó que estaba cerca del agua, donde había un hombre pescando. En el agua veía un hermoso pez dorado, y le decía al pescador que lo sacara, pero el otro, un hombre muy natural y simple, le decía que no, ¡que era el soñante quien tenía que saltar al agua a unirse con el pez! He aquí un hermoso ejemplo que ilustra que ahora ha llegado el momento del retorno; el inconsciente no podría haber hablado con más claridad. Saltar al agua a unirse con el pez en vez de pescarlo sería completamente contra natura, pero el proceso no podría haber estado mejor ilustrado. Ése era alguien que había tenido ocho años de análisis, empezando con un analista freudiano, y ahora debía nadar con el pez. Creo que esto tiene que ver con hacer desaparecer la humedad corruptible y devolver la humedad natural, lo que significaría reincorporarse al fluir de la vida. La parábola siguiente dice: El que rompe los cerrojos de mis puertas y se lleva la luz de su lugar, y el que afloja los grilletes de mi prisión de oscuridad y da trigo y miel a mi alma que está sedienta, y me invita a cenar para que pueda yo descansar en paz, de modo que los siete dones del Espíritu Santo descansen sobre mí, ése habrá tenido piedad de mí. Uno me recogerá de todos los países y vertirá sobre mí agua pura, de manera que esté yo purificado de mi mayor pecado y del demonio del mediodía. Desde las plantas de los pies hasta la cabeza no hay en mí salud. Uno me limpiará también de manchas ocultas \ajenas para que pueda yo olvidar todos mis pecados, pues Dios me ha bautizado con aceite y me ha dado la capacidad de penetración y de licuefacción en el día de mi resurrección cuando sea glorificado por Dios. Porque esta generación viene y va, hasta que venga aquella que debe ser enviada y que me libere del yugo de mi prisión en la que estuvimos durante setenta años cerca de las aguas de Babilonia, llorando y colgando nuestras arpas porque las hijas de Jerusalén eran orgullosas y altivas y flirteaban con sus ojos. Entonces el Señor dejará calvas las cabezas de las hijas de Sión, y la ley vendrá desde Sión y la palabra del Señor desde Jerusalén. Ese día siete mujeres se apoderarán de un hombre y dirán: «Hemos comido nuestro pan y nos hemos cubierto con nuestras propias ropas, ¿por qué no defiendes tú nuestra sangre que se derrama como el agua en Jerusalén?». Y recibirán la respuesta divina: «Esperad todavía un poco hasta que el número de nuestros hermanos sea completo, y el que entonces quedará en Jerusalén será salvado yla inmundicia de las hijas de Sión será lavada por el espíritu de la sabiduría y la penetración. Diez acres de viñedos darán un cubo lleno de vino, y las treinta medidas de trigo, tres bushels».
El que esto entienda será inconmovible en la eternidad. El que tenga oídos oirá lo que el espíritu de la doctrina dice a los hijos de la sabiduría sobre el cautiverio babilónico, que duró setenta años y que los filósofos amplifican con las siguientes palabras: «Múltiples son los aspectos de las setenta prescripciones». Este capítulo no es tan interesante como los otros, de modo que puedo terminarlo brevemente. Está de nuevo la idea de una prisión que se abre por la fuerza, y después se habla de las hijas de Jerusalén que han sido arrogantes y lujuriosas y tienen que ser lavadas y castigadas por el espíritu de la sabiduría y dela penetración. Después está la idea del cautiverio babilónico en que uno tiene que permanecer durante setenta años hasta que sea liberado de él, y después viene una alusión al hecho de que este ser cautivo experimentará una resurrección. «En el día de mi resurrección saldré cuando sea glorificado por Dios», dice. La analogía conlos capítulos anteriores es clara, pero antes era primero la nube oscura la cosa negativa, después el agua y Herodes con la matanza de los inocentes; ahora está el aspecto de estar en una prisión y ser castigado por arrogancia, y que de esa especie de cautiverio, que dura cierto tiempo, también será uno liberado. Probablemente hayan observado ustedes la repetida mención del número siete. Antes teníamos las siete estrellas y ahora están los setenta años del cautiverio babilónico y cosas así. Esto tiene que ver con el hecho de que desde el punto de vista del simbolismo de los números al siete se lo consideraba el número de la evolución, por los siete planetas —los cinco planetas entonces conocidos, más el sol y la luna—, que son los constituyentes de cada totalidad humana representada en el horóscopo. La idea es que hay siete días en la semana y después el ciclo vuelve a empezar; siempre está la idea de que el siete tiene que ver con un proceso de evolución lenta en el tiempo. Y por eso aquí el factor tiempo ocupa el primer plano: es un problema de tener que permanecer en prisión durante cierto tiempo, que se caracteriza por la evolución, después de lo cual se producirá una resurrección. Esto compensa lo que todos sabemos por nuestra propia experiencia del inconsciente, es decir un tremendo sentimiento consciente de impaciencia donde la gente siempre se pregunta por qué no progresa, y si todavía no pueden hacer esto o lo otro. Uno tiene que decirle a veces a la gente que tiene que continuar en su depresión y en sus dificultades mientras aquello dure. La gente pregunta cuánto tiempo le llevará liberarse de sus síntomas o de sus problemas o de lo que sea, y lo único que uno les puede decir es que será cuando se haya producido la evolución; encarado desde el punto de vista de un tiempo sideral, nadie sabe cuánto tiempo tardará eso. Puede ser largo o corto, porque, como dice el doctor Jung, uno no resuelve conflictos: los va dejando atrás. Por consiguiente, salir de un problema significa una evolución, sea ésta larga o corta. El problema aquí, en nuestro texto, es ciertamente un problema que no se puede resolver; sólo puede ser superado mediante una transformación interior del autor. Éste es el significado de la repetición interminable del mismo problema, que está ligado a un número que representa la evolución. Este hombre ha caído en un problema que no puede resolver intelectualmente, yeso es destino. Ha sido golpeado por el hado y sólo puede superar aquello cuando haya recuperado el equilibrio, si todavía hay tiempo…, pero, si santo Tomás fue el autor, entonces murió en mitad del proceso. Los motivos de la muerte y de la resurrección después de la muerte comienzan a aparecer, junto a la idea de la vida eterna. Por ejemplo: «El que esto oiga será inconmovible en la eternidad». Cuando uno resucita, dice la figura, entonces tiene el poder de penetración enel día de la resurrección. «El poder de penetración» es una expresión muy extraña en este texto porque desdela época griega en adelante se dijo que la piedra filosofal tenía la capacidad de penetrar cualquier otro objeto, y eso se vincula con la idea del ritual funerario egipcio y las ideas sobre la vida después de la muerte. En Egipto se pensaba que si alguien no cumplía adecuadamente con el proceso de resurrección, entonces después de la muerte esa persona estaría aprisionada en la cámara mortuoria, mientras que alguien que hubiera pasado por el proceso de convertirse en Osiris y en un ser divino, es decir, que hubiera pasado por todo el ritual de la resurrección, sería capaz, como dicen los textos de los papiros, de aparecer cualquier día con cualquier forma. Eso significaba que los muertos podían abandonar la cámara mortuoria; podían salir dela tumba de la pirámide y pasearse a la luz del día y podían cambiar de forma. Podían aparecer como un cocodrilo y tenderse al sol junto al Nilo, o podían volar tomando la forma de un ibis. Se consideraba que el objetivo supremo de la resurrección era esta capacidad para ser completamente libre de cambiar a cualquier forma y de moverse a través de cualquier cosa de este mundo material, una especie de ser fantasmal que podía atravesar puertas cerradas y manifestarse en cualquier forma que deseara. Éste es el objetivo supremo de la vida después de la muerte, de acuerdo con los papiros de las plegarias egipcias por los muertos, y los alquimistas relacionaron esta idea con su concepto de la piedra filosofal, ese núcleo divino en el hombre que es inmortal y ubicuo, y capaz de penetrar cualquier objeto material. Es una experiencia de algo inmortal que perdura más allá de la muerte física. Ustedes saben que en los informes parapsicológicos también se menciona a veces esto como una cualidad típica del alma de un moribundo. Recuerdo la historia de un hombre a quien sometieron a una operación grave. Se despertó de la anestesia y como se sentía muy bien se levantó y echó a andar por el hospital. Advirtió, sin sorprenderse mucho, que podía atravesar las puertas cerradas, aunque no se lo tomó muy en serio, ni recuperó del todo la conciencia. Siguió caminando hasta salir a la calle y de pronto una voz le dijo: «¡Si quieres volver date prisa, que éste es el último momento!». Presa del pánico, regresó presurosamente al hospital y en ese momento realmente se despertó de la anestesia y oyó que el médico decía:«Por Dios, si estuvo a punto de írsenos». El corazón le había fallado y lo habían hecho reaccionar con un masaje cardíaco, pero subjetivamente él había tenido la vivencia de salir caminando y la experiencia específica de hacerlo a través de las puertas, algo que en forma semi consciente le pareció bastante raro. De modo que ya ven ustedes lo que es el cuerpo sutil en forma parapsicológica, el fantasma de los muertos que ya es capaz de pasar a través de las puertas cerradas. A estos informes hay que tomarlos como vienen, no podemos discutirlos psicológicamente. Podemos creerlos o no; no podemos insistir en cosas así porque son informes de situaciones irrepetibles, pero es probable que de vivencias así haya surgido la idea, generalmente difundida, de que el fantasma de los muertos, el alma sobreviviente, puede atravesar objetos materiales; una creencia que se encuentra en todos los países en donde se cree en fantasmas. A esto se lo consideraba y se lo considera como una prueba del aspecto inmaterial e inmortal de la psique. Si tomamos esto no como una experiencia del proceso de la muerte, sino como la experiencia de un ser viviente, podría ser la influencia del inconsciente sobre el medio circundante; no una influencia intencional, sino que, al estar uno conectado con el Sí mismo, el Sí mismo empieza a tener ciertos efectos sobre otras personas. Tan pronto como uno intenta ejercer una influencia así, ésta suele desaparecer, pero es indudable que puede producirse una influencia no intencional.
Si uno está conectado interiormente con el Sí mismo, entonces puede penetrar en todas las situaciones vitales.
En la medida en que uno no esté atrapado en ellas, pasa a través de ellas; esto significa que hay un núcleo central e íntimo de la personalidad que se mantiene desapegado, de modo que incluso si le suceden las cosas más horribles, la primera reacción de uno no es un pensamiento ni una reacción física, sino más bien un interés en el significado. Es como si una parte de la conciencia alerta de la personalidad permaneciera constantemente concentrada en el carácter significativo de cada acontecimiento de la vida, de modo que uno nunca esté perdido o atrapado inconscientemente en él. El cautiverio psicológico es un factor emocional. Estar atrapado es simplemente estar atrapado en algo emocional o instintivo. Si uno está atrapado en una proyección, un sentimiento de amor o de odio, no puede salir de él, y por eso la gente siempre dice: «Lo siento muchísimo, pero no puedo evitarlo». Eso es una prisión, porque una prisión es cualquier clase de factor psicológico en que uno se sienta atrapado, mientras que, si uno tiene conciencia del Sí mismo y está constantemente alerta a él, ya no está atrapado en nada; hay una parte íntima de la personalidad que permanece libre y ya no puede estar atrapada. El estado de desvalimiento en que uno está atrapado por sus propios procesos interiores se detiene, lo cual equivale a una tremenda estabilización del núcleo más íntimo de la personalidad; eso es algo comparable con la piedra filosofal, que es simbólicamente lo que se forma con la experiencia interior estable.
Pregunta: ¿Relacionaría usted esto con lo que dijo antes sobre la persona sobre analizada que tenía que arrojarse a la corriente con el pez dorado? Porque esa persona también estaba manteniéndose fuera de la experiencia.
M. L. von Franz: Sí, pero si ahora vuelve a nadar conel pez no pensará que es un pez ni se quedará atrapada en la existencia del pez. Uno regresa a la experiencia, a la experiencia ingenua, pero ya no sigue atrapado en ella. Retornar al agua, para usar la metáfora del sueño, significaría entrar completa y espontáneamente en la experiencia mientras que al mismo tiempo algo se mantiene fuera, como si una segunda parte de la personalidad estuviera observando la experiencia. Si nos valemos de términos orientales, se podría decir que uno sigue viviendo espontáneamente, pero una parte de uno está todo el tiempo pendiente del Tao.  No está atrapado por lo que sucede, pero está orientado hacia el Tao, y si puede desapegarse hasta ese punto de la vida, ha alcanzado la inmortalidad; eso es algo que ni siquiera la muerte puede alterar, porquela muerte se convierte en un hecho aleatorio que no afecta al nucleus de la personalidad, de modo que, al menos subjetivamente, es una vivencia de ser inmortal.
Pregunta: Arrojarse al agua es como arrojarse conscientemente dentro del inconsciente, ¿verdad?
M. L. von Franz: No, no siempre; en ese caso yo diría que significaba arrojarse conscientemente en alguna experiencia, en una experiencia vital. Con un introvertido sería así. En este caso no era saltar dentro del inconsciente —eso ya lo había hecho hace algún tiempo—, sino dentro de la vida, empezar a vivir de nuevo sin estar siempre pensando «Esto es mi anima» y cosas por el estilo.
Comentario: Se referiría al río de la vida.
M. L. von Franz: Sí, a meterse en el río de la vida.
Pregunta: ¿Pero la espontaneidad no es incompatible con la conciencia?
M. L. Von Franz: No, ésa es la paradoja que hay que alcanzar: la espontaneidad consciente. Es ser espontáneo, pero con un ligero retardo. La conciencia se convierte en algo así como una espontaneidad retardada. En términos prácticos, supongamos que está usted en una situación en que se enoja y quiere dejar salir su enojo porque es lo que siente espontáneamente, y nova a dejar de ser espontáneo. Sin embargo, no es lo mismo que montar en cólera, porque entonces la cólera se adueña de usted. Así, más bien usted la tiene en sus manos. Se detiene a considerarla un minuto, a decirle que sí o que no, evaluando el momento, y entonces la deja salir. Entonces se da la paradoja de la espontaneidad consciente. El otro puede acusarlo de que está montando un número, diciéndole que en realidad usted no estaba enojado; pero su enojo era sincero, sólo que la conciencia lo tenía absolutamente en sus manos y de esa manera estaba conscientemente activa. Es una parado ja porque es conscientemente activa y, aun así, espontánea. Eso es lo que yo llamaría espontaneidad consciente, una espontaneidad completa en la que sin embargo uno sabe siempre lo que está haciendo.
Comentario: El agua era transparente en el sueño, de modo que no podía ser el inconsciente.
M. L. von Franz: Así es, en el caso de este hombre el agua no era inconsciencia, significaba la vida. El era un introvertido y se había sobre analizado tanto que ya no vivía y tenía que aprender simplemente a dejarse ir y vivir a pesar de todo lo que sabía. Por ejemplo, en su profesión tenía un jefe terrible, un oficial militar brutal a quien le gustaba gritar a la gente si no le entregaba puntualmente el trabajo. Los trataba como a perros, lo que naturalmente tenía un efecto castrador sobre otros hombres. El sentimiento espontáneo de mi analizando era devolver los golpes, pero eso era una cosa que no podía hacer. Siempre decía que para él su jefe debía ser una figura de la sombra, siempre estaba analizando su agresión. De manera que arrojarse al agua significaba, entre otras cosas, simplemente ser agresivo, pero calcular bien el momento, porque podría haber golpeado a aquel hombre dejándolo inconsciente, ¡pero hacerle eso al jefe no sería una buena idea, porque uno depende de él para ganarse la vida! Había que hacerlo de la manera adecuada, de modo que una vez le respondió a su vez gritando y le dijo que no iba a admitir que lo trataran así, se levantó y se fue de la habitación dando un portazo. El resultado fue que el jefe lo invitó a cenar. Le dijo que era un hombre de verdad y se hizo amigo de él. Ése fue el resultado de haberse arrojado por una vez al agua y vivido, en vez de estar siempre analizando su propia agresión y lo terrible que era su sombra agresiva… Pero tenía que hacerlo conscientemente, porque su reacción espontánea e ingenua habría sido saltarle los dientes a aquel hombre, ¡y eso habría sido quizá demasiado! 
 

La alquimia árabe I

ML von Franz


LA ALQUIMIA ÁRABE
Ahora vamos a analizar el dibujo de las dos tabletas porque contiene bastante más que el texto que ya les he leído. En una parte de la tableta hay un pájaro alado y un pájaro sin alas. El pájaro alado está arriba y el otro abajo; el texto dice que el último impide que el pájaro con alas levante el vuelo. Cada uno le come la cola al otro, de modo que aquí hay una variante de la serpiente Ouroboros que se come su propia cola. Por encima delos pájaros, aunque esto no se menciona en la descripción, están la luna y el sol, y debajo está la esfera ala cual el texto da después diferentes nombres: se la llama la luna y también la tierra y el mundo inferior, el mundo de abajo. Por consiguiente, en cierto sentido la luna es doble: arriba es la novia, o el opuesto del sol, pero es también algo mezclado con el mundo de abajo, al que se llama la tierra. Entonces, hay una luna que es idéntica a la tierra y una que es la pareja del sol. En la segunda tableta hay dos soles; uno emite dos rayos sobre el mundo inferior, y el otro sólo uno. Ambos irradian hacia el mundo inferior, donde otra vez está la luna llena, a la que en un pasaje posterior del texto se describe diciendo que es blanca y está rodeada por una esfera negra; mirándola desde afuera uno no vería más que la negrura, pero el interior es blanco y tiene una sustancia lunar blanca. En esta imagen el sol está duplicado y en la otra la luna está duplicada, y cada uno es la pareja del otro. En ambas imágenes hay una interconexión entrelos mundos inferior y superior, y en medio de ambos está la pelea entre los pájaros. El sol irradia sobre el mundo inferior. A la esfera de abajo, que es negra por fuera y blanca por dentro, se la vuelve a llamar el mundo inferior —el mundus inferior —, que aquí quiere decir este cosmos que hay debajo del firmamento, oque se eleva hasta las esferas de los planetas más lejanos. En la antigüedad y en la época medieval, se creía que debajo estaban la luna y el mundo corruptible, y arriba las estrellas y el mundo eterno.
Pregunta: ¿Por qué un sol tiene un solo rayo y el otro dos?
M. L. von Franz: ¡Es así, simplemente! De hecho, en las tabletas no se muestran los rayos; un viejo alquimista que en su momento fue dueño del libro ha dibujado con tinta dos rayos a ambos lados, pero de acuerdo con el texto uno de los soles no envía más que un rayo hacia abajo. Allí se dice que uno de los soles irradia con justicia y el otro sin ella, y ésa es la diferencia entre los dos. Aunque el texto no lo dice, yo supongo que el sol con los dos rayos es el que irradia con justicia, porque está equilibrado, tiene los dos lados. Sol cum justitia y non cum justitia, como dice la torpísima traducción latina. Pero ambos soles irradian con sus rayos el mundo inferior y lo penetran.
Ahora tenemos que intentar —y digo intentar  porque muchas partes del texto exceden mi comprensión— entender psicológicamente el texto. Tenemos que empezar por referirnos al propio Sénior y leer las amplificaciones que da a lo largo de todo el libro. Sénior dice de los dos pájaros que son también el sol y la luna, que el ave sin alas es el azufre rojo y su alma exaltada es el pájaro alado; dice que los pájaros son hermano y hermana, y de la cosa inferior dice que es la base de los dos pájaros, tal como la tierra es la base dela luna, o el mundo inferior. Vamos a considerar unas pocas amplificaciones. El azufre es una de las materias básicas más importantes en el proceso alquímico. En Mysterium Coniunctionis Jung escribió un capítulo entero sobre el tema; en él se puede ver que el azufre es una sustancia activa, una sustancia corrosiva, y peligrosa a causa de su mal olor. Como ustedes saben, en el folclore el diablo siempre huele a azufre, y cuando se va o cuando lo exorcizan siempre deja tras de sí un aire sulfuroso. El azufre también produce todos los colores, es el amante de la figura alquímica de la novia y así en ese estilo, y es un ladrón que interfiere con la pareja amorosa. Así pues, se podría interpretar al azufre como el verse impulsado, como un estado de ser impulsado. No sería exacto hablar del impulso mismo; es más bien el estado o cualidad de verse arrastrado o abrumado. Si se lo considera desde cierto ángulo religioso, eso naturalmente seria el diablo; es el sexo, por ejemplo, pero enel sentido de ser arrebatado por lo sexual, o sería lo sexual en su forma abrumadora, es decir, como algo que uno no tiene bajo su control. El azufre es la parte activa de la psique, la parte que tiene un objetivo definido. En una dimensión psicológica; uno está atento para descubrir dónde la libido se está encaminando hacia su objetivo. Quizá no sea nada sexual, sino otra clase de ser llevado o arrebatado; podría ser la ambición y el impulso de poder, o alguna otra cosa. Por consiguiente, tiene el doble aspecto de proporcionar el ímpetu original —la materia masculina, como se la llama aquí— y es al mismo tiempo positivo y negativo. Cualquiera que se auto examine, si es sincero, generalmente se enfrenta primero con esa parte de la psique que se encuentra en un estado así. El color rojo se refiere al fuego, a la cualidad emocional. El pájaro sin alas es el azufre rojo; es el pájaro de abajo, y también se hace referencia a él como la hembra, de modo que tenemos una paradoja porque, aún siendo arrastrado o llevado, se lo considera como la cualidad masculina activa, pero proyectada sobre el pájaro de abajo es la hembra. De modo que las características femenino masculino son muy vagas; en alquimia los términos se usan de maneras muy diferentes. Se podría decir que el pájaro sin alas, el azufre rojo, es un factor subyacente en la vida psíquica, y es siempre lo que hay que desenterrar primero, porque es Ia prima materia.
Para llegar al fondo del problema de alguien es necesario empezar por encontrar la estructura o hechura de esos impulsos. Todos los llevamos dentro y hasta que los educamos y los enfrentamos, tenemos un rincón oculto donde ellos llevan una vida autónoma. Tienen que ver con el inconsciente, y, como ustedes saben, a Freud le impresionó tanto este aspecto que cuando descubrió el «azufre rojo» creyó que aquello era todo, que se trataba de eso. En cierto sentido tenía razón. A él le impresionó la naturaleza impulsiva del inconsciente, su aspecto sexual, tal como a Adler le impresionó el aspecto ambicioso o de poder, de modo que dieron con la prima materia del azufre rojo y desde ese ángulo intentaron explicar el papel del inconsciente. Del pájaro alado se dice que es el alma exaltada del otro, en el sentido de que una vez que uno tiene la prima materia, que yo interpretaría aquí como los impulsos instintivos básicos de la personalidad, a eso hay que cocinarlo, y cuando se lo cocina despide vapor que «vuela» por sobre la materia; eso sería lo que los alquimistas llaman el alma de la materia. Recordarán ustedes que ya lo encontramos antes, como la esposa de vapor, en el otro texto. Esta sustancia volátil, que escomo un vapor o un vaho —la «sustancia fugitiva que vuela», tal como se la llama, lo que explica por qué el pájaro tiene alas—, desea elevarse durante el proceso de cocción. Expresado en nuestro lenguaje, ¿cuál sería el aspecto psicológico correspondiente? Supongamos queel pájaro sin alas fuera el hecho básico de la personalidad humana, con el aspecto específico de los impulsos básicos más fuertes. ¿Cómo cocinamos los impulsos?
Comentario: Se los cocina en el análisis, seguramente.
M. L. von Franz: Sí, pero en la práctica, ¿cómo se hace?
Respuestas: Haciéndolos conscientes. Deprimiéndose.
M. L. von Franz: Bueno, sí, eso sería ir al encuentro de los impulsos. Si uno no los conoce, primero tiene que deprimirse para encontrarlos. Cuando ya los ha encontrado, está tocando fondo y entonces uno está en la prima materia, allí, tocándola. Uno medita sobre ella y practica la imaginación activa, o busca el significado subyacente. Supongamos que alguien está enamorado, pero quela cosa no marcha; como está frustrada, la persona se deprime, diciendo que no es posible aceptar la verdad de que el otro no retribuye su amor; eso sería una tortura continua. Entonces uno diría que muy en lo profundo está el impulso, la dependencia, algo que sucede constantemente en una transferencia. A muchos analizandos les irrita la transferencia por la dependencia que supone, pero con eso no se puede hacer nada, porque son dependientes; se sienten arrastrados, escriben cartas, telefonean veinte veces al día, cosas así. El asunto, como tal, no es agradable ni para el analista ni para el analizando. Con frecuencia los afectados, mostrándose razonables, coinciden en que la situación es extraña, desatinada y molesta para los dos, pero el impulso irrazonable no les hace caso, no se entera de lo que predica la conciencia. Eso lo sabe cualquiera que alguna vez haya estado profundamente enamorado. Tomemos la misma situación en el caso de un impulso de poder. Uno puede estar locamente celoso de un amigo que ha tenido éxito en su carrera, y discute consigo mismo, diciéndose que no debería sentir celos, que no es justo, pero con sus autorreproches no arregla nada; su impulso o ambición de poder, que es la causa de los celos, no se deja afectar ni tocar por sus palabras. El azufre rojo sigue intacto, de manera que para arreglárnoslas con este impulso necesitamos una medicina más fuerte. En vez de discutir con los impulsos que nos arrastran, preferimos cocinarlos y decidimos fantasear sobre ellos y preguntarles qué es lo que quieren. Uno tiene que ser muy objetivo, fantasear sin opiniones y sin condenar lo que la cosa tiene de irrazonable. Se ha de intentar descubrir amigablemente qué es lo que realmente quiere el impulso, es decir, a qué apunta, porque el impulso tiene un objetivo. Eso se puede descubrir mediante la imaginación activa o a través de una fantasía, o experimentando enla realidad, pero siempre con la actitud introvertida de observar con objetividad qué es lo que el impulso necesita o desea conseguir. Eso sería cocinar el azufre rojo. Por lo general, de los impulsos fuertes emana un contenido fantaseado; el impulso contiene un ramillete de material fantaseado. Lo mismo se podría decir que cocinar algo hasta que aparezca su alma significa dejar que del impulso emane el material de la fantasía, permitir que aflore ese material de fantasía relacionado con el impulso. Ése sería el aspecto psicológico, y correspondería al pájaro alado. Pero cuando uno ha hecho eso comienza un tremendo conflicto. Nuestro texto dice queel pájaro sin alas impide que el pájaro alado levante vuelo, en tanto que el pájaro alado quiere elevar al pájaro sin alas, de modo que siguen estando pegados, ligados en una especie de conflicto insoluble, que lo mantiene todo detenido. ¿Cómo aparecería eso en la realidad?
Comentario: Quizá como una tendencia a espiritualizar o concretar.
M. L. von Franz: Sí, exactamente, porque si uno trabaja sobre el material de la fantasía, desarrollándolo, hay tendencia a llegar a la conclusión de que todo es una proyección psicológica. Si estoy enamorada de alguien, puedo decir que es una proyección del animus o del anima, de la madre o del padre, y de esa manera espiritualizar o «psicologizar» la cosa, con el matiz adicional de que es «solamente» algo psicológico, y el error se introduce con esa palabra, «solamente». Como es natural, en el nivel concreto tengo que resignarme y no empezar nada; debo comportarme de manera convencional y adecuada, y todo lo demás tengo que guardármelo adentro porque es la proyección de un factor psicológico, es una fantasía. Es la fantasía queme liga al analista o a la otra persona, y si yo introyecto esa fantasía seré libre. Pero, ¿saben ustedes lo que sucede si uno intenta hacer eso? El diablo, o el azufre rojo, insiste en que de todos modos hay algo de real en aquello, o debería haberlo, porque de otra manera no es más que psicológico, y una relación que sea «solamente» psicológica es algo que yo no quiero. Quiero la cosa real, y eso significa la cosa completamente material —el contacto, por ejemplo— o, si se trata de ambición, un reconocimiento real, una carrera y todas esas cosas. La introyección de una fantasía referente a la ambición se daría de la siguiente manera: alguien en una situación humilde tiene un impulso ambicioso megalomaníaco, desea estar por encima de todos. Si uno intenta descubrir a qué apunta esa persona, por lo general se descubrirá que, lo mismo que en el caso del impulso sexual, la ambición está sometida al objetivo del Sí mismo. Un hombre así podría decir que él quiere alcanzar una posición de autoridad para poder realizar sus ideales y mejorar el mundo; su deseo no se basa en el egoísmo ni en la vanidad. Él quiere realizar algo, y es frecuente que se entienda que por detrás de la ambición hay un ideal muy elevado. Pero a veces, con la ambición, la persona tendrá la sensación oculta de ser muy especial; secretamente siente que su valor debería ser reconocido, y este sentimiento se mezcla con su ambición. El deseo de ser algo especial adviene, realmente, debido a un atisbo o intuición de la individuación; está la vaga idea de ser un individuo único, y sin darse cuenta de esa unicidad no es posible la individuación. Por lo tanto, ese aspecto de la fantasía ambiciosa está perfectamente bien. Pero si uno le dice a alguien de situación humilde que una ambición tal es muy legítima, que es realmente algo interior —el impulso, que se deriva de la vaga intuición de la propia e íntima naturaleza divina, de ser algo y de llegar a ser algo especial, de realizarse como un hijo o hija peculiar de Dios—, pero que eso no se puede exteriorizar en la forma de querer ser uno más que las demás gentes, una persona así se sentirá muy aliviada. Una parte del impulso ambicioso se aquietará, pero entonces el azufre rojo insistirá en el otro aspecto, preguntando si realmente uno tiene que pasarse toda la vida como dactilógrafo en una oficina. ¿Acaso todo está solamente en el nivel interior? ¿Nunca se puede tener nada en la vida exterior?
De esta manera se escinde el fenómeno en una polaridad de opuestos: lo «solamente» psicológico y lo concreto. El diablo es aquel que quiere la cosa concreta. Es el gran realizador, que dice que algo que no tiene existencia en la realidad concreta simplemente no es real, y entonces empieza el conflicto entre la espiritualización del problema y la cosa concreta.
Pregunta: ¿Qué significaría la espiritualización de un problema?
M. L. von Franz: La palabra usada fue espiritualización, pero yo creo que probablemente se referían a «psicologizar», esto es, a reducir un impulso a un hecho interior, exclusivamente psíquico. Pero en realidades la misma cosa. Supongamos que un monje se masturba y en su fantasía está siempre con una hermosa mujer, pero siente que un comportamiento así no corresponde conlos votos que ha tomado ni con sus ideas morales, y acude a la consulta de ustedes. Le dirán que se fije enla fantasía que tiene de la mujer en esas ocasiones. Es prácticamente seguro que hará —en especial si es introvertido, y por lo general sólo los introvertidos se hacen monjes, aunque hay excepciones— una hermosa fantasía del anima, que contendrá todo el material de la Virgen María, de la Sophia [sabiduría] de Dios y otras figuras semejantes. Entonces se le puede señalar que aunque la fantasía comience en un nivel inferior  —después de todo, Cristo nació en un establo—, en realidad es la fantasía de una unión con la sabiduría divina, y como tal debe ser aceptada. Esto podría resolver todo el problema, al punto de que el hombre ni siquiera sintiera ya el impulso de masturbarse; se da cuenta de que el factor psicológico interior, que aparecía primero de una manera bastante repugnante, es su anima, y se dispone a relacionarse con ella. Ésa sería una espiritualización del factor, sería producir el pájaro alado. Pero, como dice Goethe, «Uns bleibt ein Erdenrest, zu tragen peinlich», es decir que nos queda siempre un resto de tierra, incómodo de arrastrar. Aún después del proceso de espiritualización más completo hay siempre algo que se resiste y que quiere la tierra, y un monje así, diez años después de estar «curado»,quizá siga preguntándose si, en su fantasía, no habría existido también el deseo de una mujer real. Esa idea lo acosa de cuando en cuando, y si todavía sigue atrapado en el concepto medieval pensará que es el diablo, algo que él tiene que rechazar absolutamente.
Pregunta: ¿Por qué no ha de ser válido eso también para la gente del siglo XX?
M. L. von Franz: Si usted quiere que lo sea, es un problema para usted; si quiere, puede seguir diciendo que es el diablo.
Pregunta: Pero, ¿no tenemos todos que vivir con ese sedimento dentro?
M. L. Von Franz: No, por cierto que no; ésa es una cuestión individual que tiene que ver con el destino de cada persona y está abierta a una decisión consciente. Es el conflicto fundamental. Hay personas que no tienen paz y para quienes es simplemente deshonesto cortar la cosa de raíz y decir que es el diablo; sienten que es una falsedad absoluta, en tanto que otras lo sienten como una decisión heroica, la única correcta, ala cual se proponen adherirse durante toda su vida. Unos encuentran la paz mental de una manera, y otros de otras, pero eso es algo que ningún analista puede imponer al analizando; tiene que ser una decisión individual a la que cada persona llegue por sí misma. No hay recetas. Por una parte, amputar eso sería pura cobardía, y por la otra sería debilidad aceptarlo. Pero ése es el gran conflicto insoluble.
Comentario: También depende de las palabras que usemos para describir nuestros sentimientos íntimos.
M. L. Von Franz: Sí, y del tipo de fantasía que tengamos, y ése es el problema individual que nadie puede resolverle a otro, pero hay un tipo general del mismo problema del cual es posible hablar, y que el alquimista trata de ejemplificar de esta manera. Hay el azufre rojo y el alma exaltada y, como dice el alquimista, es el problema insoluble pues uno de los pájaros tira hacia abajo, y el otro intenta elevarse. En cierta manera, esta imagen dice que el problema es eterno; circula en sí mismo, y su totalidad de opuestos es la totalidad de la cosa. Uno es el mundo inferior, que naturalmente se relaciona con el azufre rojo, y el otro es el mundo superior. Arriba están el sol y la luna, y pronto interpretaremos la carta de amor del sol a la luna, que aparece en el ámbito psíquico o espiritual y no en la realidad concreta. Por lo tanto se puede decir que la parte superior vuelve a caer en dos opuestos, a saber, el sol y la luna, porque ambos caracterizan a la parte superior, en tanto que la tierra y la luna forman otro par de opuestos enla parte inferior. La luna vuelve a estar dividida en la luna celeste y la luna terrestre, dicho sea con palabras de Sénior. El texto es ambivalente, en un pasaje habla de la luna y en otro de la tierra y la base de los dos pájaros. Está, pues, la oposición entre los mundos inferior y superior, y dentro del mundo superior hay oposición entre el sol y la luna, y después están los dos aspectos de la luna. Es bastante complicado, pero lamentablemente los procesos psicológicos son así. Si uno ha llegado a la etapa en que es posible extraer el alma de uno de sus impulsos más fuertes, y se encuentra desgarrado entre los opuestos de lo espiritual y lo concreto, o lo«solamente» psicológico, entonces sigue avanzando enla parte superior introduciendo el conflicto en el material de la fantasía y haciendo imaginación activa entorno de su impulso. Al poner por escrito la fantasía, uno está hablando con la figura interior.
Comentario: No todos entendemos qué es la imaginación activa.
M. L. von Franz: Lamentablemente la psicología junguiana es tan enmarañada que cada experiencia analítica se vincula con todas las demás. Dicho en pocas palabras, la imaginación activa consiste en hacer una fantasía referente a un impulso cuando uno se enfrenta con él. Ahora no puedo entrar en la cuestión de cómo fantasear, pero hay algunos aspectos técnicos que se han de observar porque son importantes. Supongamos que usted está enamorado de una hermosa mujer y, como no puede tenerla, se pone a fantasear o a soñar con ella. Entonces puede continuar su sueño encontrándose y hablando con ella en su imaginación. Mediante este procedimiento se le aclara a uno el significado de muchas cosas. Entiende por qué se enamoró de esa desconocida, y que gran parte del asunto le pertenece; es parte de su pauta y tiene significado para uno, y entonces, porque ahora ya lo entiende, puede ser que deje de lado la fantasía. Pero generalmente aparece el problema que mencioné antes, y uno se pregunta si quizá no debería telefonear a la mujer de carne y hueso. Después de todo, ¡ella originó toda la fantasía! Uno puede decir que no es más que curiosidad, pero la gente es curiosa: ¿por qué fue esa mujer en particular? Lo que así habla es el azufre rojo. Pero ahora ya tienes la opción entre dos cosas, ya sea telefonear a la mujer y precipitarte en el mundo de abajo, o telefonearle en imaginación activa y decirle que ella es tu anima, que te has dado cuenta de eso, ya sabes que ella está dentro de ti, pero algo todavía sigue fastidiándote y te gustaría tener un encuentro con ella en forma concreta. ¿Qué tiene que decir ella al respecto? Y entonces dejas que el anima imaginada se enfrente con el problema concreto. Eso sería mantener la escisión en el aspecto espiritual, planteando también el problema concreto, porque incorporar el conflicto a tu imaginación activa significa espiritualizarlo más aún. Si el azufre rojo gana, y tú te vas a telefonear en la vida real y llamas a la mujer, entonces caes en el mundo de abajo, en el mundus inferior, la tierra corruptible, que es la realidad, la realidad concreta, y naturalmente todo el drama comienza allí.
Comentario: Lo que usted le pide a su imaginación que haga es. . .
M. L. von Franz: ¡Usted no pide nada! Siempre hay dos posibilidades.
Pregunta: ¿Uno debe hallar en su imaginación lo que le dirá esa persona?
M. L. von Franz: Sí, si uno sigue el camino ascendente, entonces eleva su conflicto concreto preguntando a la mujer interior qué debe hacer con su deseo de algo más concreto, y entonces tiene que escuchar lo que ella tenga que decirle sobre su conflicto, y eso es algo muy difícil de hacer. Muchas personas no pueden hacerlo porque no pueden escuchar lo que dice la figura interior; en vez de escuchar realmente, se limitan a imaginarse ello salgo. Esto requiere mucha práctica, pero de esa manera se puede trasponer el conflicto y seguir analizándolo en otro nivel, y eso sería enfrentarlo desde adentro. Entonces la fantasía se convierte en un conflicto y, enel intento de aclararlo, uno combate con la figura interior en un nivel psicológico. Tomemos el monje que se masturba, y les ruego que disculpen lo burdo del ejemplo, pero también hay que dar cabida al mundo inferior. Supongamos que el hombre viene a verme y me dice que todo eso de la Sophia y el anima interior está muy bien, pero me cuenta que de cuando en cuando el diablo se le insinúa diciéndole que de todas maneras le sigue faltando algo en el nivel real, y me pregunta qué puede hacer al respecto. ¡Yo le respondería que debe preguntárselo a la Sophia interior!
Comentario: Al conocimiento interior.
M. L. von Franz: No, Sophia es mucho más que eso.  Sophia es el conocimiento de Dios. Lo mismo se le podría decir que le pregunte a Dios. Yo no puedo resolver el problema del analizando; él debe hablar con la imagen de la Divinidad que hay dentro de él, decir que algo sigue preocupándole y preguntar qué puede hacer al respecto. Y después debe escuchar, tras lo cual pueden suceder un montón de cosas; una de las más frecuentes es que se dé cuenta de que Dios tiene dos manos, y de que fue Él mismo quien originó el conflicto. El caso es imaginario, pero supongamos que el monje ha tomado conciencia de la Sophia interior, y sabe que es la sabiduría de Dios en una forma que él encuentra dentro de su propia alma. Más tarde el azufre rojo lo mueve a decir que no se trata de eso, o que eso no es todo, que todavía debe tener también la experiencia real. A lo cual yo sólo puedo decir que debería preguntárselo a su figura interior, preguntarle a la Sophia que hay dentro de él. No digo que siempre sea así, pero con frecuencia la figura interior responde con paradojas. Dice que en cierto modo es verdad que debe acceder a la realidad, que es cierto que se está perdiendo algo, y al mismo tiempo dice que todo es psicológico. La respuesta es algo así, y el pobre hombre dirá que él ya no puede más, porque ésa no es una respuesta clara, es paradójica. Si es capaz de entenderlo, se dará cuenta de que ése es el doble juego del Uno, de que el conflicto es necesario y buscado, y no se lo debe resolver racionalmente. La única forma en que puede manifestarse el Sí mismo es mediante el conflicto: encontrar el propio conflicto insoluble y eterno es encontrarse con Dios, lo cual sería el fin del ego con toda su verborrea. Ése es el momento de la entrega, el momento en que Job dice que se cubrirá la boca con la mano y no discutirá acerca de Dios. Es la conciencia la que crea la escisión y dice: «Una cosa o la otra». He visto con bastante frecuencia en esos casos que la Sophia —o alguna otra figura divina, o el anciano sabio— responde: si uno lo considera con ánimo negativo, en forma evasiva, y si lo ve positivamente, en forma de paradoja. Entonces la paradoja del factor psicológico, o de la realidad psíquica, afecta a la calidad de la conciencia, que siempre quiere plantear disyuntivas y hablar de ellas, y cuando aparece el Sí mismo, ahí se acaba el hablar. Entonces el conflicto ya no está en la cabeza. Es el momento en que el conflicto trasciende la discusión verbal y se convierte en una vivencia intuitiva de la Unidad detrás de la dualidad. Uno está entre la mano derecha y la izquierda; algo es secretamente uno, y sin embargo quiere que lo desgarren, quiere sufrir, hasta que sucede algo que es muy difícil de captar y entonces se produce un cambio a otro nivel. Si uno se deja desgarrar en el conflicto, entonces repentinamente uno cambia, cambia desde las raíces más profundas de su ser, y toda la cosa tiene otro aspecto. Es como si uno torturase tanto a un animal que éste se elevara de un salto a un nivel superior de realización, y eso puede suceder en formas muy diferentes. Se puede decir que es un aspecto del símbolo de la cruz, que uno tiene que ser totalmente crucificado y decir, como dijo Cristo en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Y entonces sucede algo que supera el conflicto, lo deja atrás.
Comentario: Si el monje va a mantener sus votos, tiene que dejar de masturbarse.
M. L. von Franz: Mi hipótesis es que hace tiempo que ya lo ha hecho, desde que tuvo su fantasía, pero el diablo es mucho más listo y le dice, bueno, que ahora está curado y todo está bien, y así en ese tono, pero aun así, ¿no tendría que abandonar el monasterio para tener una experiencia «auténtica»? ¿Acaso no ha evolucionado lo suficiente como para hacer incluso eso? Por ejemplo, en la Edad Media se decía: «Ubi spiritus, ibilibertas».  Esto es de san Pablo, que dice: «Donde está el espíritu del Señor hay libertad», II Corintios 3, 17. Entonces el diablo le podría preguntar si, ahora que ha resuelto su conflicto, no es libre de vivir.
Comentario: Bueno, yo creo que sí.
M. L. von Franz: Ésa es su opinión, pero para la situación de él no viene al caso. El tiene que esperar hasta que Dios le diga qué hacer; no es usted quien tiene que decirle lo que está bien. «Sí, está bien, creo que tienes que seguir adelante», le diría usted, con su espontaneidad de extravertido, pero yo no le diría eso, le diría que debe preguntárselo a Dios.
Pregunta: Supongamos que el monje tiene una intuición muy débil, y tiene que buscar su respuesta en alguna otra parte. ¿De dónde le vendría?
M. L. von Franz: Depende de a qué se refiera usted al decir eso. Si se refiere a que así es como suele suceder, tiene razón, pero si lo que quiere decir es que debe ser así, se equivoca.
Comentario: Usted dijo antes que la respuesta sobrevendría en forma intuitiva, pero no todo el mundo es capaz de obtenerla intuitivamente.
M. L. von Franz: Ahora usted trae a colación el problema de los tipos, y eso es una cosa diferente. En términos generales, el introvertido necesita una experiencia concreta, una experiencia externa, para sentir que él está completo y que las cosas son totales, pero el extravertido no. Y eso significa que si el monje es un introvertido debe tener cierta experiencia, en general.
Pregunta: ¿Experiencia sexual? ¿Con eso se refiere usted a lo que Freud entendía por sexo?
M. L. von Franz: Me refiero muy simple y concretamente a contacto con un ser terrestre y humano, una mujer.
Pregunta: ¿Se refiere al contacto sexual?
M. L. von Franz: Sí, concretamente, pero digo que en general eso sucede, y no que deba suceder. No sucede en todos los casos, sólo se puede decir que es una tendencia estadística promedio. Pero lo que es importante para él es su conexión con Dios, no la mujer, de modo que si Dios le envía esa experiencia él tiene que tomarla, y si Dios no se la envía, no.
Comentario: En lo que yo insisto, y hablo como teólogo, es en que las leyes naturales de Dios se relacionan con él y con su relación con una mujer también en función del sexo, y puedo decir dogmáticamente que un teólogo o sacerdote de la Iglesia, si sale como sacerdote cristiano y tiene una relación con una mujer fuera de sus votos, eso estará mal.
M. L. von Franz: Sí, porque usted puede saber lo que Dios quiere en cada caso, pero nosotros no. Nosotros primero intentamos siempre preguntárselo a Él desde adentro.
Comentario: Bueno, yo sé que Él tiene leyes naturales que afectan a los seres humanos.
M. L. von Franz: Para nosotros la experiencia de Dios es mayor y más desconocida, y por eso Lo consultamos cada vez. No tenemos la idea de que Dios ya haya dicho Su última palabra. Ése es el gran contraste entre la psicología y la teología. Pensamos en Dios como una realidad que puede hablar en nuestra psique. Nunca se sabe lo que Dios puede pedirle a un individuo, y por eso cada análisis es una aventura, porque uno nunca sabe qué es lo que va a pedirle Dios a esa persona.
Pregunta: ¿Hay límites para eso?
M. L. von Franz: No, no los hay; no se le pueden poner límites a Dios. Nuestra actitud es mucho más humilde que la de los teólogos. Simplemente, decimos que debemos esperar, a ver qué tiene que decir Dios sobre la situación en cada caso. No hacemos supuestos referentes a lo que Él va a hacer, de modo que cada vida humana se convierte en una especial aventura espiritual y religiosa, y en un peculiar encuentro con Dios. Dios puede establecer Sus propias limitaciones.
Comentario: Pero lo que importa es que todavía no lo ha hecho.
M. L. von Franz: Quizá no lo haya hecho en su vida, pero ¡espere a que Dios le dé una orden! Usted tiene razón al hablar como lo hace mientras Dios no le haga pensar de otra manera, y tiene derecho a decir que El no ha interferido con sus teorías, de modo que eso está muy bien para usted, pero no para otros. Hay otras personas con cuyas teorías conscientes Dios ha interferido, y muy fuertemente, y entonces han tenido que readaptarse a una realidad nueva.
Comentario: La actitud que yo sugiero está en el nivel de la experiencia, de una experiencia válida.
M. L. von Franz: Si es una experiencia válida —es decir, si es auténtica para una persona— ya no hay más que discutir. Esa persona está de acuerdo y en paz concierto modo de comportamiento que para ella está codificado por Dios, de modo que está en paz con Dios, que es el objetivo supremo de la vida humana. Entonces no hay problema.
Comentario: Piense en el profeta Oseas. Dios le dijo que se casara con una prostituta.
M. L. von Franz: Dos mil años más tarde, después de haber sido canonizado como profeta y puesto que está en las Sagradas Escrituras, no podemos dudar deque fue Dios, y todo está bien. Es el comportamiento paradójico de Dios. Pero si eso le sucediera hoy a usted, y usted fuera a decirle a un colega que Dios le había ordenado que se casara con una prostituta, ¿qué le contestaría su colega? Probablemente le pregunte si está seguro de que es Dios, porque pensará que Dios no le puede dar semejante orden, y por lo tanto no puede ser Dios. ¿Cómo demostraría usted que era Dios?
Comentario: Yo querría estar seguro de que su motivo era auténtico y saber quién era la mujer, cosas así.
M. L. Von Franz: Le pregunté por usted, pero no importa. Entonces, con el juicio razonable de su yo,¿usted decidiría si era Dios o no?
Respuesta: No sería mi juicio, sino el Suyo. Lo único que yo podría hacer sería ayudar al hombre a elaborar la decisión.
M. L. von Franz: Entonces, usted lo lleva todo al nivel del razonamiento consciente.
Comentario: No sólo del razonamiento consciente, sino que implicaría al sentimiento y la intuición y todo.
M. L. von Franz:  Ése es el camino humano, racional y consciente. El verdadero misterio de Dios está fuera de eso.
Comentario: Yo no me propongo tomar la decisión de Dios por El; es Dios quien tiene que decidir.
M. L. von Franz:  Pero entonces usted Lo seduce para que Él tome Su propia decisión en vez de relacionarse usted con Dios.
Comentario: Creo que en alguna medida Dios se relaciona por intermedio de mí, y de todos.
M. L. von Franz: Eso es inflación. ¿Por qué no ha de relacionarse el hombre directamente con Dios?
Comentario: Porque no puede; humanamente, tampoco yo puedo. No puedo mantener una conversación con Dios dentro de mí. Eso es humanamente imposible.
M. L. von Franz: ¿De veras?
Comentario: Sí, tengo que tener algún contacto humano mediante el cual relacionarme con Dios.
M. L. von Franz: Hay personas que no pueden arriesgarse a la soledad de la experiencia. Tienen que estar siempre en el rebaño y tener contacto humano, como lo llama usted.
Comentario: Yo no negaría la eficacia de la plegaria cuando yo y Dios colaboramos, pero eso no nos implica solamente a mí y a Dios, sino también a las personas con quienes vivo, mi familia y otras, en relación con Dios, el Espíritu Santo.
M. L. von Franz: Ahí menciona usted lo principal, pero el Espíritu Santo alienta donde quiere. Usted, el teólogo, se identifica con una posición consciente y la toma como absoluta. Desde ese punto de vista, puede hablar de cualquier cosa, pero no se da cuenta de su identificación inconsciente. Si cuestiona usted durante el tiempo suficiente su punto de vista consciente, estoy segura de que un día el Espíritu Santo vendrá a susurrarle algo al respecto. Para nosotros, nunca existe más que el individuo y su vivencia o experiencia de Dios, y todo lo demás es secundario. En terapia no somos nosotros quienes conectamos al individuo con Dios, y eso sería incluso una presunción megalomaníaca del psicoterapeuta… aunque muchos presumen de hacerlo, y en esa medida han vuelto a convertirse en teólogos furtivos. Si usted está con un analizando, la única forma en que quizá pueda ayudarlo es diciendo: «No lo sé, pero vamos a preguntárselo a Dios». Así uno impide que el analizando saque conclusiones conscientes precipitadas o seduzca al analista, convenciéndolo de que él  las saque, y por consiguiente toda experiencia religiosa se convierte en un acontecimiento especial y único. En cada experiencia se vive a Dios o se experimenta en una forma peculiar y específica, y eso incluye hasta el azufre rojo, lo que quiere decir que si usted plantea ante Dios la cuestión del azufre rojo, Él le dará Su propia respuesta en cada caso.
Comentario: Yo creo que Dios ya ha dado Su propia respuesta en cada caso.
M. L. von Franz: Ahí es donde diferimos. Usted piensa que Dios ha publicado las reglas generales a que Él mismo se ajusta, y nosotros creemos que es un espíritu viviente que aparece en la psique humana y que siempre puede crear algo nuevo.
Comentario: Dentro del marco referencial de lo que ya ha publicado.
M. L. von Franz: Para un teólogo, Dios está limitado a Sus propios libros, y es incapaz de seguir publicando. Ahí es donde discrepamos. Pero volvamos a nuestro texto. Si llevan ustedes el conflicto al ámbito del desapego psicológico interior, el problema de los opuestos se aclara: la Unidad se hace visible en el campo psicológico, y uno cae en la cuenta de que su conflicto se da entre dos aspectos de la psique. Pero sigue habiendo un factor insatisfactorio, porque hemos cortado la luna en dos. El elemento femenino sigue estando dividido, sigue habiendo una escisión entre lo que llamaríamos el inconsciente, o el anima, y lo que se podría llamar el mundo concreto. Ésta sigue siendo una cuestión abierta, lo que significaría que en análisis uno se da cuenta del conflicto, pero todavía no puede vincularlo del todo con la vida exterior concreta. Tan pronto como se trata de problemas en la vida exterior y concreta, sigue habiendo incertidumbre. Sénior no da consejo alguno sobre cómo proseguir a partir de allí, pero sugiere otra posibilidad. Nunca se ha de olvidar la división en dos, los dos aspectos del mismo problema. El lo plantea de esta manera porque sólo se lo puede describir atacándolo desde ambos lados, y ahora intenta abordarlo por el otro. En una imagen el sol con sus dos rayos ataca al mundo inferior, como lo hace el sol con un solo rayo, sin justicia. El mundo inferior es una dualidad secreta: es una esfera negra por fuera, con una luna blanca y brillante por dentro. En general el sol representa un principio masculino de la conciencia colectiva, el factor psicológico desconocido que crea la conciencia colectiva. Vemos que allí donde los seres humanos se congregan, allí se crea un fenómeno de conciencia colectiva. Por ejemplo, las palabras de un lenguaje tienen para cada individuo un significado similar promedio, y gracias a este medio del lenguaje se imparten e intercambian muchos conocimientos y se forma una reserva de la conciencia colectiva. Es muy difícil decir qué es la conciencia propia de un individuo, y cuánto hay en ella de colectivo. En los comienzos de la niñez se ven chispas de reacciones conscientes individuales, por ejemplo en las maravillosas expresiones de los niños y en las preguntas que hacen. En todo ello el niño hace un esfuerzo hacia la conciencia individual. También están las preguntas encantadoramente torpes: «Abuela, ¿tú cuándo te vas a morir?», y cosas semejantes, porque entonces el niño habla en forma muy ingenua y muy individual. Pero cuando va a la escuela se produce la confrontación conla conciencia convencional; las escuelas tienen que ser así, y si uno habla del león o del oso, y les dice a los niños que escriban una pequeña composición sobre estos animales, habrá un máximo de tres en una clase que digan algo individual. Cuando era maestra yo solía desafiar a los niños, pidiéndoles que escribieran lo que pensaban y no lo que yo les había dicho, y entonces vi que los niños tienen una dificultad tremenda, porque la función de la escuela y la tendencia evolutiva de esos años apuntan ambas a formar la conciencia colectiva. La asimilación de la conciencia colectiva es, de hecho, la función de la escuela y, por ende, la originalidad de la conciencia individual generalmente se desvanece y al llegar a los veinte la gente es un saco de conocimiento colectivo. Si uno les pide su opinión sobre lo que sea, se limitan a repetir lo que dicen sus padres o sus amigos, o lo que han leído en el periódico, y uno tiene una dificultad enorme para volver a conseguir de ellos una reacción consciente, personal y única. Entonces, podemos decir que el sol es esa luz interior dentro de la cual todos nadamos, es la luz de todos nuestros días. Creemos que somos conscientes, pero no es verdad; somos conscientes en el ámbito de lo colectivo y ni siquiera sabemos lo pequeña que es nuestra conciencia individual. Es necesario buscar mucho para encontrar aunque no sea más que fragmentos de conciencia que sean personales. Si uno analiza a un individuo, el sol siempre está brillando; eso es la conciencia colectiva en la que está encerrada la conciencia individual, y el conflicto se da entonces ya sea contra el inconsciente o contra la realidad. Cuando la gente tiene un conflicto, o bien están peleándose con la realidad exterior —afuera las cosas están mal, y ellos quieren corregirlas—, o están en dificultades con su inconsciente. Algo de adentro o algo de afuera está en oposición. Con toda razón se dice queel enemigo con quien se ve confrontada la conciencia es secretamente doble, porque la gente viene a analizarse diciendo que tiene un conflicto exterior, pero uno descubre que es interior, o bien sucede todo lo contrario.
Si hay dos soles, entonces hay dos principios de conciencia colectiva. En una sociedad, eso significaría dos formas de relación con Dios, por ejemplo el catolicismo y el protestantismo; una de ellas vive a la luz de un sol, y la otra a la luz del otro. Para un grupo, algunas verdades son completamente evidentes; jamás se las discute, porque a este grupo le parecen tan claras comoel sol, y lo mismo vale para el otro grupo en relación con sus propias verdades. Entonces hay ya una diferenciación, una escisión o algo en oposición, interior al ámbito de la conciencia colectiva. Eso se referiría en general a algún tipo consciente de conflicto colectivo: dos «ismos» o dos actitudes colectivas chocan, pero ambas son colectivas, porque el conflicto es común a muchos en la misma forma. En el texto de Sénior las actitudes en conflicto están caracterizadas como un sol que dirige dos rayos hacia su opuesto —la cosa oscura— y un sol que dirige un rayo, y se dice que el de un rayo es el sol sin justicia. ¿Qué principio de la conciencia colectiva no tiene justicia hacia el mundo de abajo, en tanto que el otro sol tiene justicia? ¿Qué querría decir eso? Está claro que hay dos posibilidades de conciencia, a saber, una rígida y otra que tiene una actitud paradójica y por consiguiente hace justicia al factor paradójico del inconsciente. Esta última sería lo que se podría llamar un sistema conscientemente abierto, una Weltanscbauung  abierta que está siempre dispuesta a aceptar a su opuesto, o a encontrar el opuesto y aceptar sus contradicciones. Si uno tiene una actitud consciente que está dispuesta a aceptar el opuesto, a aceptar el conflicto y la contradicción, entonces se puede conectar con el inconsciente. Eso es lo que intentamos lograr. Tratamos de producir una actitud consciente con la cual la persona pueda mantener abierta la puerta hacia el inconsciente, lo que significa que uno nunca debe estar demasiado seguro de sí mismo ni de que lo que uno dice sea la única posibilidad; nunca debe estar demasiado seguro de una decisión. Siempre se ha de tener un ojo y un oído abiertos para lo opuesto, para la otra cosa. Esto no significa debilidad, ni incapacidad de defenderse. Significa actuar de acuerdo con la propia convicción consciente, pero teniendo siempre la humildad de mantener la puerta abierta a riesgo de que a uno le demuestren su error. Ésa sería la actitud de una conciencia en un contacto viviente con el otro lado, el lado oscuro. El sol injusto es aquella actitud de la conciencia que sabe exactamente qué es cada cosa, una actitud rígida que obstruye el contacto con el inconsciente, en tanto que el sol de dos rayos tiene un efecto moldeador y formativo sobre el inconsciente; este último sería el que tiene justicia, yel primero el que no la tiene. Creo que es muy significativo. Si pensamos en este hombre, Sénior, que vivió su vida entre los chiítas y los sunnitas, me imagino, aunque no sea más que conjetura, que en su material los dos soles representarían aquello. En todo caso, la conciencia tiende siempre a ser unilateral y a estar segura de sí misma, y eso va en desmedro del misterio de la vida. Pero la conciencia puede tener la doble actitud, y entonces ilumina el misterio de la vida, en vez de dañarlo. La actitud humilde que mantiene siempre la puerta abierta es la aceptación necesaria del hecho de que uno puede equivocarse, en lo moral o en lo científico, o de que uno puede saber hasta cierto punto, pero sin estar seguro, y que incluso la mayor de las certidumbres puede no ser más que negativa, o sólo algo verosímil de acuerdo con lo cual actúo. Lo que se requiere es una actitud consciente conectada con la actitud religiosa, prestar siempre humilde y cuidadosa consideración al factor desconocido, o sea, decir: «Creo que esto es lo que corresponde hacer», y seguir atento a un signo que nos advierta que no lo hemos tenido todo en cuenta. La conciencia es esencial para el inconsciente, porque sin ella el inconsciente no puede vivir. Pero la conciencia no es más que un buen canal de comunicación a través del cual el inconsciente puede fluir si tiene una actitud doble, paradójica. Entonces el inconsciente puede manifestarse, y se puede evitar el endurecimiento de la actitud consciente en contra del inconsciente, que significa una escisión en la personalidad. . . y en la civilización. Aquí hay, en el objeto, una dualidad secreta. En forma muy aproximada podemos decir que este oscuro mundo de abajo es el inconsciente, porque es lo desconocido; es aquello que no puedo penetrar mentalmente para decir que ya sé lo que es. El «inconsciente» es un concepto que se refiere simplemente a aquello que no es claro para la conciencia. Eso incluye todo un conglomerado de cosas. Hay dos aspectos, dos incógnitas finales, de las cuales se ocuparía especialmente un alquimista, y a las que me referí en la introducción. Todavía nos vemos frente a dos misterios no resueltos que, de una manera extraña, son interdependientes aunque todavía no sepamos cómo. Son la psique y la materia. La ciencia de la física, en última instancia, postula la materia como algo inconsciente, es decir, algo de lo cual podemos llegar a tener conciencia. Por definición, el inconsciente es la misma cosa: algo psicológico de lo cual no podemos llegar a tener conciencia, y jamás sabemos de qué manera se combinan nuestras descripciones del inconsciente con la materia, lo cual genera todo el conflicto entre lo interno ylo externo. En último análisis, es la conciencia la que crea el conflicto entre lo interno y lo externo, al proyectar uno de los términos como materialmente real y el otro como psicológicamente real, porque no conocemos la diferencia entre la realidad material y la psique. De hecho, si lo consideramos de un modo imparcial, nos encontramos con algo desconocido que a veces se aparece como materia y a veces como psique, y la forma en que los dos se relacionan no la conocemos todavía. Los alquimistas no lo sabían y nosotros tampoco. Es un misterio de la vida que al parecer se manifiesta tanto psicológica como materialmente. Si lo describimos desde afuera con un enfoque estadístico extravertido, se nos aparece como materia, y si lo abordamos desde adentro se nos aparece como lo que nos complacemos en llamar conciencia.
Pregunta: ¿No hay también una dualidad entre objeto y sujeto?
M. L. von Franz: Sí, exactamente. Afuera está la nigredo, y ése sería el aspecto destructivo del inconsciente tal como lo experimentamos muy a menudo, por lo menos al comienzo, en nuestros primeros contactos. Todos nuestros sueños son críticos al principio; el inconsciente está lleno de impulsos y de factores de disociación, factores destructivos, y después, si profundizamos y penetramos más, vemos algo muy claro y lleno de sentido. La iluminación puede provenir de ese lugar oscuro; es decir, si dirigimos sobre él el rayo de la conciencia, si lo calentamos con nuestra atención consciente, entonces de ello sale algo blanco, y eso sería la luna, la iluminación que proviene del inconsciente. En ocasiones uno tiene un sueño desagradable que le repugna cuando se despierta; es indecente u obsceno, tremendamente tonto o estúpido, y es irritante. ¡Uno quería un maravilloso sueño arquetípico, y he aquí lo que viene! Pero entonces yo digo: «A ver, un minuto, vamos a investigarlo, a descubrir qué significa», y por lo general son precisamente esos sueños los que más nos iluminan, si somos capaces de llegar al significado. El significado no era conocido, pero tenía un contenido dinámico que lo enriquece a uno mucho. Son precisamente ésos los sueños más valiosos; tienen una cascara inabordable y repugnante de negrura que de prime, pero dentro está la luz del inconsciente. Con frecuencia, es en los motivos deprimentes del sueño donde se puede encontrar la luz, y naturalmente se la hallará también en los impulsos oscuros, que están llenos de significado si uno es capaz de investigarlos con amor, con una actitud que acepte la paradoja. Parece que, llegado a esa etapa, Sénior tuviera un conflicto consciente entre dos actitudes hacia el inconsciente; sería un conflicto vital, pero da la impresión de que todo estuviera bien en lo que se refiere alos puntos de vista conscientes. Quizá la vida mis manos presente el conflicto, por un lado en la esfera de la luna, y por otro en la esfera del sol; uno es un conflicto consciente, el otro inconsciente. Por lo general están entretejidos, tienen algo en común y no son sino dos aspectos de la misma cosa, es decir, de la dualidad paradójica fundamental de todos los fenómenos psicológicos. Lo que no se dice en la imagen pero está contenido en el texto, si leen ustedes el libro, es que la totalidad de la cosa describe la piedra filosofal, la obra alquímica. Se dice que lo uno es la primera etapa de la obra alquímica, y con el añadido de lo segundo se hace la piedra filosofal, porque el conflicto vital se ha vuelto consciente. Esta es la etapa final del opus.
Cuando ya nos hemos relacionado con el inconsciente, aparece el problema, cada vez más sutil, de cómo mantener bien la relación en vez de volver a caer en nuestra unilateralidad. Hasta personas que han hecho un largo análisis junguiano tienden a codificar su proceso de individuación. Aunque hayan tenido experiencias tremendas y reacciones vitalizadoras, ni no hacen más que quedarse con eso y codificar lo que han experimentado —por ejemplo, si dicen que sólo predican a los demás sus propias experiencias—, entonces no evolucionan. A eso se debe que todo fenómeno consciente se desgaste. Por eso, el conflicto es eterno y debe ser corroborado; la unilateralidad de la conciencia deber ser continuamente confrontada con la paradoja. Esto significa que cada vez que una verdad ha sido vivenciada como tal, y se ha mantenido un tiempo viva en nuestra psique, hay que hacer un giro de ciento ochenta grados, porque esa verdad ya no es válida. Como dice Jung, cualquier verdad psicológica no es más que una verdad a medias, ¡y ésa tampoco es más que una verdad a medias! El propio analista tiene que mantenerse siempre
al ritmo de su propio inconsciente, tiene que estar conscientemente dispuesto a tirar por la borda todo lo que se logró hasta ahora, y esto correspondería a una doble actitud constante. Por lo tanto, quizás el sol con los dos rayos esté mejor adaptado para influir sobre el inconsciente, y también para asimilarlo, en virtud de una actitud abierta, como si hubiera una segunda conciencia por detrás de la conciencia. . . , como si uno tuviera la conciencia en su modo de operación ordinario en el primer  plano de la mente, mientras que en el fondo hay algo que se da cuenta de que eso no es más que una parte dela vida. Así pues, hay una conciencia móvil, una «conciencia por detrás de la conciencia» que se limita a observar y sabe que, por el momento, la cosa es así. Jung lo describe, en un nivel emocional, como estar precisamente en lo más tormentoso del conflicto, y al mismo tiempo fuera de él, observándolo con serenidad. Volvamos ahora a la carta de amor del sol a la luna creciente, donde el sol dice: «En grande y definitiva debilidad, te daré desde mi belleza la luz mediante la cual alcanza uno la perfección». Desde un punto de vista puramente astronómico, el sol tiene luz, en tanto que la luna se limita a recibirla de él; esto es, el sol da luz a la luna, y para esto hay una base bien natural. El sol, en su forma radiante, emanante, intenta impartir parte de su luz a la luna para que ésta pueda alcanzar la perfección. Tenemos que darnos cuenta de qué era lo que significaban para las gentes de entonces el sol y la luna. El sol en general es una imagen de la Divinidad; más adelante, en el texto se dice incluso que el sol es la divinidad espiritual, y que ésta en su belleza emana bondad, quizá sin sombra. Es hermoso e imparte su luz a la imperfecta luna. Ahora bien, la luna es femenina, es un receptáculo para los muertos, es responsable de todos los fenómenos en que algo crece y decrece en la tierra: del crecimiento de las plantas y de su marchitamiento, de la menstruación de las mujeres, del flujo y reflujo delas mareas, del devenir y el morir, y rige, por consiguiente, al mundo corruptible. Brevemente expresado, eso sería lo que aquellas gentes pensarían de la luna, de modo que ésta es el fenómeno de la vida terrestre en sus paradójicas mareas, en su irracionalidad que todavía parece tener un significado secreto. Para un hombre, la luna representaría un aspecto de la personificación femenina de su inconsciente, en tanto que para la mujer sería la personificación de su base en la vida vegetativa, de su vida instintiva. El sol dice entonces que por su mediación se llega a cualquier altura, que uno se eleva a cualquier altura; es decir, que el sol es aquello que eleva. En la antigüedad y en otras épocas a la gente le intrigaba el hecho deque el sol hiciera subir el agua calentándola, de manera que se formaban nubes, y que cuando el sol desaparecía viniera la lluvia, de modo que con frecuencia se hablaba del sol como del principio de elevación espiritual. Es, por consiguiente, lo que hace perfectas las cosas, las exalta hasta las alturas y las vuelve visibles. Entonces dice la luna al sol: «Tú me necesitas tal como el gallo necesita a la gallina, y yo necesito constantemente tu efecto sobre mí, porque tu ética es perfecta, tú, el padre de todos los planetas, tú eres la alta luz, el gran Señor». El sol ha indicado en alguna medida su calidad superior al decir a la luna, de manera muy digna, que le dará la luz desde su belleza. De modo que la luna se inclina a señalar que el sol necesita de ella tanto como el gallo necesita a la gallina, que sin ella no es nada, que aunque ella sea la receptora, la cosa imperfecta que recibe la luz, sin embargo el sol la necesita también, porque ¿de qué serviría un sol que no pudiera derramar su luz sobre otra cosa? Su luz desaparecería en el espacio, porque la luz necesita un objeto material donde pueda hacerse visible por reflexión.
Por lo tanto la luna, con toda su femenina humildad y sumisión, señala la absoluta igualdad de su derecho ala existencia: el sol necesita el recipiente vacío donde pueda derramarse su luz, necesita la oscuridad donde pueda resplandecer la luz, necesita la materia donde pueda hacerse visible el espíritu. La luna usa un símil muy vulgar y ordinario —como el gallo necesita a la gallina— que es una alusión al hecho de que entre los dos principios hay también una atracción puramente instintiva e incluso sexual. La luna dice que necesita incesantemente el efecto del sol sobre ella, porque el sol es perfecto, es el padre de toda luz.
 Perfectus moribus, las palabras latinas se refieren principalmente a la perfección ética, que es algo que la luna no tiene. En la mitología de la luna, la luna es perversa, porque no es digna de fiar. Los alquimistas citaban con frecuencia un salmo que dice que en la oscuridad de la luna nueva los perversos disparaban sus flechas contralos justos, lo que significa que la luna nueva protege a los ladrones y los malos cuando éstos atacan a las gentes honradas. Así la luna tiene toda la ponzoña maligna y la informalidad típicas del anima en su condición original y también de los seres femeninos en general, no sólo de lo femenino en el hombre, porque en lo femenino se da esa astucia gatuna y sospechosa, y esa ética incierta a la que se podría llamar la ambigüedad de la naturaleza. La luna dice que ella es la luna creciente, húmeda y fría, y que el sol es cálido y seco, y cuando están emparejados en un estado de equilibrio, ella es como una mujer que se abre a su marido. Aquí está el conflicto entre el principio de la conciencia y la naturaleza, es decir lo inconsciente, lo desconocido. El conflicto entre lo masculino y lo femenino se amplifica en una cuaternidad porque ambos contienen dos cualidades: la luna contiene las cualidades de la humedad y el frío, y el sol las de la sequedad y el calor. Eso alude a las enseñanzas de la antigüedad tardía y del medievo, para las cuales hay cuatro elementos —agua, aire, fuego y tierra— y cuatro cualidades básicas: calor, sequedad, humedad y frío. Durante toda la Edad Media se consideró básico este principio y las categorías en las que se podía observar la materia básica, los cuatro elementos y las cuatro cualidades. Es, ciertamente, un bello mandala, porque el fuego es caliente y seco, y el aire es húmedo y frío. Hay muchas variaciones diferentes para la disposición de los elementos y las cualidades. Esto no era así en función de la realidad material, ni siquiera para las gentes de la época, que se daban cuenta de que era una simplificación de los fenómenos materiales que no coincidía conla realidad. Tan pronto como se lo piensa más en profundidad, la cosa no cuadra, como sucede con todos los esquemas arquetípicos del orden cuando se los proyecta, y hasta los primeros alquimistas decían que no había que pensar que aquello se dijera en forma concreta, que no era más que una manera de ordenar nuestras ideas. Es lo que dice Zósimo, por ejemplo, lo que significa que uno ve claramente una imagen de la totalidad a través de las cuatro cualidades proyectadas sobre la materia; incluso en aquellos días era simplemente una red simbólica que la mente humana proyectaba sobre la materia para introducir en ella algún orden. Podemos comparar esto con el uso moderno de conceptos tales como los de partícula, energía, continuo espacio tiempo, y fenómenos electromagnéticos. Los físicos saben que estos conceptos están vagamente entretejidos, y que no son tan simples y claros como nosotros creemos, sino que han sido creados sólo como medios de expresión. Las cuatro cualidades aparecen ahora y completan la dualidad del sol y de la luna. Es lo mismo que cuando dos personas se encuentran: hay cuatro, él y su anima, ella y su animus.
En una discusión analítica siempre hay cuatro elementos, dos en el nivel consciente y dos en el inconsciente. Toda aserción consciente configura ya su opuesto, es decir, la negación. Si digo que una planta es una planta y un perro es un animal, eso parece bastante simple, pero es una contraposición de dos cosas y contiene algo más, porque si digo que un árbol es un árbol, expreso el hecho de que no es un mineral ni ninguna otra cosa que un árbol. Todo lo que digo lleva ya en sí la sombra de lo que está excluido. Por lo tanto, cada vez que la conciencia produce algo, aunque sean dos palabras, siempre hay cuatro, porque el inconsciente también está siempre allí; está en juego algo desconocido, y eso también se ha de tener en cuenta. Tomemos las posiciones opuestas de la física y la psicología. Al ver lo que hacen los físicos, la psicología descubre que el físico está lleno de proyecciones inconscientes, eso se ve de inmediato. Pero cuando es el físico quien nos mira, como es natural ve desde un aspecto físico lo que descubrimos psicológicamente y dice que no tenemos conciencia de ese aspecto, y que a eso se debe que nuestra conciencia no esté lo suficientemente evolucionada como para ser capaces de mantener la atención puesta en una contradicción, algo muy difícil de conseguir, y que, sin embargo, deberíamos hacer. Toda polaridad contiene su opuesto, pero esto se hace más obvio cuando dos seres humanos discuten, como en el análisis. Entonces hay siempre cuatro, porque también está presente el inconsciente de cada uno. Tan pronto como se presta verdadera atención al problema de la relación, ese mismo hecho lo complica porque siempre están en cada uno de los dos las dos cualidades. Supongamos que en forma proyectada esto se refiere a ese problema. El sol y la luna dicen que si se emparejan de manera equilibrada, entonces es como un hombre y una mujer que están completamente el uno por el otro. De modo que está el problema de la coniunctio con todos sus aspectos, donde hay dos factores conocidos y dos incógnitas. Pero cuando todos ellos se relacionan, se alcanza un estado de equilibrio y perfección.