Mostrando entradas con la etiqueta virgen negra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta virgen negra. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de septiembre de 2012

... Vírgenes negras....


Si algo llama la atención de Nuestra Señora de las Cruces es el color de su rostro, del niño y las manos, es decir “la piel” de la Sagrada Imagen. Y es que nuestra virgen se trata de una talla de las clasificadas vírgenes negras.
En este apartado vamos a intentar ofrecer información sobre el rico simbolismo y misterio que tienen todas las estatuas de esta denominación. Para ello se presenta una información que es un resumen de lo mucho que han dicho los especialistas acerca de este tema.
Los investigadores han estudiado muchas tallas de la multitud de las que existen y que son veneradas en catedrales y santuarios de Europa, sobre todo de Francia y España.
La tez oscura de la virgen motiva perplejidad y un gran enigma sobre el significado que pueda tener el moreno color de la madre de Dios, un simbolismo que tendrá que ver los esoteristas medievales que recogieron el legado de las diosas prehistóricas y de sus sucesoras paganas, Isis, Belisana o Artemisa.
Comenzaremos hablando de el simbolismo del color negro; éste presenta dos aspectos opuestos, como le sucede a muchos simbolismos: un aspecto benéfico y otro maléfico. Este último, que es el más habitualmente considerado, evoca en el orden material la noche y las tinieblas opuestas a la luz del día, junto con sus peligros; en el orden psicológico, la ignorancia, la ceguera, la pesadez y la materialidad; y en el orden del espíritu, finalmente, la negación de la luz y de la inteligencia espiritual, incluso el satanismo. En su aspecto benéfico, por el contrario, el color negro simboliza el misterio, lo inexpresable, lo indecible, la interioridad y particularmente el Conocimiento.
No hace falta decir que el color de las representaciones negras de la Virgen ha de entenderse en este segundo aspecto, y enseguida comprobaremos que el negro nos lleva a tres bloques de estudio e hipótesis.
Comenzaremos en primer lugar, el carácter ctónico de María asimilada a la tierra: porque el negro evoca la tierra, su superficie, que la mayoría de las veces es oscura, pero más todavía su interior, su profundidad misteriosa, que aflora en grutas y cavernas, esos lugares privilegiados de las manifestaciones de la Virgen , y en sus sustitutos rituales, las criptas. Estos lugares evocan el «seno» de la tierra, en el que la vida se elabora en lo «negro», que nos remite así inmediatamente al seno materno. El seno materno está en relación con todo el misterio de la vida, y la gestación del trigo en la tierra es imagen de la del embrión en el vientre de la madre. Por eso el negro de la tierra, como el de las aguas profundas, tiene dos sentidos: el color visible de su interioridad y el misterio de la gestación oculta de la vida. y tal vez habría que recordar aquí, a propósito del color negro, la relación de la tierra con la luna, porque hay una «luna negra» durante los períodos oscuros del astro en los que actúa sobre las gestaciones, y hemos dicho que, por esta razón, las entidades divinas de tipo ctónico son también entidades lunares, como Artemisa-Diana.
En el mismo orden de ideas, puede mencionarse también el «sol negro», nombre que se daba antaño al solsticio de invierno. El «sol negro» es el sol de Navidad, el sol, si puede decirse así, de la noche de Navidad, pues tradicionalmente la Virgen dio a luz a Jesús a la hora de «medianoche», en la «gruta» de Belén, como canta el Ofertorio de la misa en la octava de la festividad:
«Mientras un profundo silencio envolvía todas las cosas y la noche alcanzaba la mitad de su curso, desde lo alto de los Cielos Tu Palabra omnipotente, Señor, se lanzó desde el trono real».
Continuaremos en segundo lugar con la relación existente entre las Vírgenes negras y las piedras negras adoradas en muchos lugares del planeta.
Las piedras negras, que no son otra cosa que rocas meteóricas, fueron conservadas por multitud de civilizaciones debido a la fama que tenían de poseer poderes divinos, así los romanos las requisaron en los países conquistados para venerarlas todas juntas en un templo construido para ello.
Esta veneración por las piedras negras celestes llegó hasta la Edad Media. El ejemplar más famoso, puesto que su culto persiste hasta nuestros días, es el de la negra roca basáltica conservada en el valle de Arabia donde se le adora en el templo llamado Kaaba. Cuando los musulmanes conquistaron La Meca en el año 683 y se apoderaron del templo la Kaaba , destruyeron 360 ídolos que se encontraban en su interior, pero respetaron, sin embargo la mencionada piedra negra.
Resumiendo, tal respeto a la piedras negras es por el simbolismo que las une al origen de la Vida y su renovación cíclica, por construir la plasmación material del estado espiritual. El mundo comenzó a existir cuando Dios cogió la Piedra de Fundación y la lanzó al abismo de las posibilidades, y asi se construyó el mundo sobre ella.
Por lo tanto, las Vírgenes negras tienen ese color evocando el color de esas piedras “mágicas” que representan el comienzo del universo. Así mismo la Virgen Maria es el comienzo de la vida de Jesucristo, salvador espiritual de las personas.
Finalizaremos en tercer lugar con el carácter espiritual de Maria que nos lleva directamente a considerar el culto rendido a la Virgen negra por parte del mundo de la alquimia.
Las Vírgenes negras se encontraban en las criptas de las Catedrales, lugares donde los alquimistas encontraban la representación de la materia con la que debían trabajar.
Antes de continuar, hay que recordar que la perspectiva intelectual de las épocas en las que se practicaba la alquimia, no era otra que la de intentar purificar al sujeto y convertirlo en la Gran Obra que tenia que ser por la salvación de Jesucristo.
Para comprender bien lo que quieren decir los autores herméticos cuando plantean esta especie de ecuación: Virgen negra = tierra del alquimista, conviene recordar todo lo que hemos dicho anteriormente sobre los tres niveles en los que se sitúa el simbolismo de la tierra aplicado a la virgen: el nivel metafísico, en el que la palabra remite a la materia prima o Prakriti; el nivel cosmológico, en el que remite a la sustancia del cosmos; y finalmente el nivel propiamente material, en el que designa la tierra mineral. Si tantos textos religiosos han juzgado conveniente cantar a María con este símbolo, ¿no es porque es una imagen particularmente expresiva de que ella que es la Madre ? La Virgen María «es» la tierra, en el sentido de que encarna, por haberla realizado en sí misma, la Sustancia universal y, así, es la «Reina del Mundo» o, para emplear los términos de Villon, la «Regente terrena».
La Virgen negra nos enseña que «bajo tierra», como en una cripta, está escondida «la luz mineral», en lo más profundo de un «cuerpo despreciado», dicen los alquimistas al hablar de la «materia lejana» de la Obra. «Despreciado» pero no despreciable, lo que nos sugiere las palabras del Cantar de los Cantares que la Edad Media aplicó a la Virgen negra: Nigra sum sed formosa, «Negra soy, pero hermosa». Porque si bien la tierra, nuestra tierra, situada en el punto inferior del cosmos, puede por ello aparecer desde cierto punto de vista como un «elemento» poco glorioso, el menos glorioso de los cuatro, es ella sin embargo quien, por otro lado, encierra las energías vitales, salidas de la luz celeste, que hacen surgir toda la naturaleza vegetal. En la oscuridad, la estatua negra nos enseña que, en lo profundo de su cuerpo, se esconde la Luz del mundo; por eso algunas de esas estatuas llevan en el vientre un sol radiante.
En suma, la Virgen negra, en la perspectiva alquímica , es el prototipo al que debe conformarse el alma del individuo; el alma tiene que volverse «virgen negra», tiene que volverse «humilde tierra», es decir, «aniquilarse» en la perfecta humildad para alcanzar el estado de materia prima , de materia virgen apta para recibir el influyo del Espíritu. El hombre sólo puede hacerlo con ayuda de María, y por eso los alquimistas le atribuyeron ese papel. Ella es realmente la Virgo paritura , la que da a luz a la «piedra» igual que da a luz a Cristo; es decir, da a luz al alma. Y los alquimistas no son los únicos que lo comprendieron; también el pueblo cristiano ha sentido –en menor grado sin duda– que la Virgen negra es la Virgen iniciadora que hace morir y resucitar mediante la luz. Su color negro significa que la Virgen atraviesa el negro por el hombre y así lo hace pasar a la Luz.
En la actualidad, nosotros apenas pensamos ya en términos alegóricos y no estamos introducidos en el mundo de los símbolos. Pero como vemos nos encontramos con que muchas de las imágenes que adoramos o alrededor de la cual nos reunimos para celebrar actos religiosos, están llenos de un gran simbolismo, que aun no queda muy claro en estos momentos.
Nos podemos quedar, si acaso, con que, el papel de las imágenes negras de María tienen que llevar al devoto que la contemple ha transmutarse; en distintos grados y cada cual según sus posibilidades. Porque huelga decir que no pretendemos que todos alcanzasen con ello la perfecta «pobreza de espíritu»; incluso hay que decir que sólo eran una pequeña minoría lo que lo conseguían. Pero todos, repetimos, encontraron allí, al menos si tenían voluntad recta, un medio de operara un cambio en su vida. Precisemos bien, por lo demás, que tampoco pretendemos que las estatuas o las imágenes negras de la Virgen fuesen las únicas que cumpliesen tal función, lo cual sería ridículo; lo que decimos es simplemente que la imagen negra, tal vez a causa de la fascinación, era más particularmente apropiada para provocar en el alma del fiel un choque adecuado para hacerle operar un regreso. 
_____________
Más de la Vírgen Negra en este blog, pulse aquí, aquí y aquí
___________________
este articulo fue tomado de http://www.virgendelascruces.org/LVN.htm

miércoles, 2 de mayo de 2012

La señora oscura

La señora oscura

Abstract

De contenidos simbólicos ancestrales, relacionadas con creencias celtas, e incluso pre-celtas, cristiano-visigóticas, presentes tanto en la ruta jacobea como en las leyendas de los caballeros templarios, las vírgenes negras siguen recibiendo cultos populares y hasta presidiendo bodas reales y ofrendas de ramos de flores monárquicos.

Entre la historia y la tradición

Vinculadas a un entorno de cuevas, montañas, árboles, pozos y cursos de agua, se integran con la Naturaleza y parecen reinar dentro de ella.
Aquellos que se han sentido atraídos por imágenes de vírgenes negras coinciden en señalar algunos aspectos que las diferencian de otro tipo de representaciones de la virgen, por ejemplo, el hecho de que fueran fabricadas negras a propósito. Su color no es fruto de la acción del tiempo o de la exposición a los cirios como se ha querido explicar. En las auténticas, el rostro y las manos de la madre y el hijo son negros o están pintados de negro mientras que el traje está policromado.
Se caracterizan por ser pequeñas tallas de madera que no suelen exceder los 70 centímetros de alto por 30 de ancho y 30 de profundidad. Están entronizadas en cátedra con el niño sentado en el regazo. Más raramente en la rodilla izquierda. A veces el niño tiene un libro cerrado en la mano izquierda y sus rasgos suelen estar menos trabajados que los de su madre. Ésta mantiene una expresión corporal y del rostro hieráticas. Firmes y relajadas a un tiempo, las tallas transmiten poder. Su mirada se dirige hacia delante, y es a la vez serena y lejana.
A veces se aprecia un cierto toque oriental; sus leyendas se refieren a Oriente, a Bizancio, de donde pasarían a diversos puntos del orbe cristiano. El cristianismo atribuye legendariamente a San Lucas la inmensa mayoría de las vírgenes negras, con lo que dirige nuestras miradas hacia Asia Menor, sin embargo este hecho sin duda tiene una interpretación simbólica. También Oriente aparece en las menciones de que fueron los cruzados los que las introdujeron en sus países de origen a su regreso.
Históricamente podemos situar su apogeo entre los siglos XI y XII, raramente se las puede enclavar en el XIII. Artísticamente pertenecen al románico. Las talladas durante el gótico posiblemente hagan referencia y sean nuevas representaciones de imágenes anteriores; así como las imágenes cuya leyenda apunta a épocas previas a estos siglos puede que evoquen tallas a su vez cristianizadas, cuando no la misma imagen, de cultos paganos más antiguos. Porque, aunque las vírgenes negras a menudo fueron encontradas por vaqueros o por pastores, lo cierto es que el centro de pleitesía corresponde al enclave donde antaño se veneraba a una deidad pagana de antiquísima tradición y objeto de peregrinación secular. Vinculadas a un entorno de cuevas, montañas, árboles, pozos y cursos de agua y, en el caso de Francia donde se ha comprobado este hecho, a dólmenes y otros monumentos megalíticos, se integran con la Naturaleza y parecen reinar dentro de ella.
Es en Francia donde se ha encontrado la pervivencia de tradiciones subyacentes a sus festejos de lejano origen, como son ofrendas de ruedas de cera, velas de color verde, etc. y que han querido asociarse a remotas ceremonias celtas en honor de una diosa madre.
Los estudiosos franceses de estas imágenes han resaltado su reaparición medieval coincidiendo con el entrecruzamiento de distintas corrientes culturales en un momento histórico cercano al Milenio, confluyendo la tradición celta cristianizada, la cristiano visigótica y las romanas oriental y occidental en la síntesis que realizaron las órdenes monásticas, San Bernardo, figura clave en la expansión del culto mariano, y los Templarios.
Al imponerse los benedictinos aunando las corrientes anteriores, se procede a una consolidación de la infraestructura de la ruta jacobea, tales como albergues y hospitales. Posteriormente, magníficas catedrales consagradas a Nuestra Señora albergarán algunas de estas imágenes o réplicas suyas. El empuje artístico nos ofrece dos facetas: la de la expresión arquitectónica y escultórica y la del contenido subyacente. Mucho se ha hablado de las cofradías de constructores que conocemos sobre todo a partir del románico y que empezaron a hacer hablar a la piedra dejando su firma impresa en la misma, alcanzando la eclosión final en el gótico. Bajo escenas evangélicas y fabulaciones bíblicas se encuentran alegorías gnósticas, astrológicas y alquímicas. Los animales fantásticos y motivos vegetales no son adornos, sino imágenes que transmiten un mensaje. Estamos muchas veces frente a grandes símbolos y como es propio de esta categoría, son universales. Portan contenidos arquetípicos.
Al parecer son tres las cofradías de artesanos que se conocen: los Hijos del Padre Soubise, bajo la protección benedictina, que levantaron monumentos románicos, los Hijos de Salomón, cercanos a la orden del Cister y por tanto en relación más o menos directa con los Templarios, considerada como impulsora del gótico, y los Jacks, o Hijos del Maestro Jacks o Jacques, a quienes se les ha relacionado con las catedrales de Chartres, Amiens y Reims, además de muchos edificios del Camino de Santiago. A este último grupo se le ha atribuido una gran parte de la transmisión de contenidos simbólicos ancestrales relacionados con las creencias celtas e incluso pre-celtas que aparecen a lo largo de toda la ruta jacobea y que si no ha estado vinculado, sí ha acompañado sincrónicamente a las vírgenes negras.
La madre negra
El negro representa la fecundidad y la tarea oculta y secreta en que las cosas se van gestando hasta que llega el momento de su manifestación.
Tanto el negro como su opuesto, el blanco, son colores límite. Uno representa la ausencia de color y el otro su síntesis. El negro está asociado a las tinieblas primordiales, a la indiferenciación de los comienzos, a los abismos del cielo y de la tierra, a lo profundo donde todos los elementos parecen unirse. Así, representa al Caos, que todo lo contiene en potencia y donde todas las cosas son posibles. El negro y el blanco han sido asociados a la muerte en tanto que umbral y elemento de confluencia y, a la vez, de partida en un nuevo cambio, una mutación y una transformación. El negro es el color de la noche, de la oscuridad, de la no-luz y del tiempo anterior a la luz. El negro representa también la disolución y la putrefacción donde los elementos que se han separado pueden reunirse y germinar bajo la acción de la humedad, apareciendo de nuevo a la luz. Esa faceta de ocultamiento, de la obra que se realiza más allá de la visión pero que sin embargo sucede, es lo que se ha asociado a la fecundidad y a la tarea oculta y secreta en que las cosas se van gestando hasta que llega el momento de su manifestación. Así, el negro ha sido asociado al Yin, el aspecto femenino de la Naturaleza.
Esta cualidad de potencial germinativo es la que ha hecho que se considere al Caos como el receptáculo en el que germinan las formas con las leyes que las rigen. Ese negro, femenino, potencial, contendría en sí la semilla de las cosas sujetas a ritmos, representaciones y transformaciones.
Acercamiento simbólico
En el aspecto de receptáculo la madre es el Gran Útero hecho de vida y vida misma en su potencial de gestación, el gran atanor que posibilita los cambios; por eso ha sido imaginada como una Gran Potencia que alumbra y recoge a los universos, los mundos y todos sus seres, de todos los órdenes y de todas las categorías; animales, vegetales y con ellos las Leyes que rigen sus procesos vitales. Se la ha personificado en la Magna Dea, la Diosa, la Gran Madre, Aditi, Maha Sackti para Oriente, fuerza vital que gesta, mantiene, sostiene; que anima y unifica y que, siendo Ella océano vital, conduce a sus seres inmersos en sus corrientes a través de los movimientos de sus aguas de vida.
Uno de sus símbolos es el caldero, el cáliz, la copa, el receptáculo contenedor. Otro, las Aguas, las Grandes Aguas de seno inmenso y profundo que huyen hacia el fin del cielo y hacia el punto más lejano de los océanos. Es la potencia que está más allá de las aguas y al mismo tiempo el agua o misma; por eso es el movimiento, el ritmo, el ciclo, la oleada que lanza a sus seres para alimentarlos de su esencia, para permitirlos existir en ella misma y para reunirlos de nuevo en su seno.
Si es las aguas del espacio, constituye ese inmenso océano que espera el aliento divino para activarse. Si es la ola que regenera, recoge a todos sus hijos al final de sus ciclos de vida, ya sea en la larga duración del tiempo de los soles, como el momento de la pequeña partícula; desde lo enorme a lo ínfimo. Si expresa, plasma, si recoge, aúna. Entonces es la muerte. La pequeña muerte de cada ser y la Gran Muerte que devuelve a la Creación al silencio originario.
Ella que brinda los requisitos vitales, apenas es afectada por ellos. Por eso se la concibió como la Madre Virgen, intocada e intacta durante la eternidad antes de la Creación. Como Caos Primordial es la Madre de la Luz, como Cuerpo del Espacio en el que nacen, flotan y mueren los Universos, la Madre del Cosmos, de los Soles y de los Mundos con sus seres. Por eso es la Reina de la Naturaleza Toda. Por eso se la ha llamado la fructificadora, y los vegetales, animales y hombres surgen de ella y de ella se alimentan. Por eso se la ha representado con el niño divino en brazos; su fruto, que nos representa a todos, los grandes seres y los pequeños seres. Todos somos el Hijo.
Se la ha asociado a la Tierra y a la Luna. Como esencia gestante es la potencia ctónica que recoge a los muertos y los conserva, como las semillas caídas que duermen en su regazo, el tiempo necesario. Así se ha imaginado que las grutas y oquedades son puertas que conducen a un punto central en el inframundo, donde reina y vela por sus criaturas, otorgándolas el tiempo del sueño y el tiempo del despertar.
Cuando se la ha relacionado con la Luna, también vinculada desde tiempos inmemoriales con el tiempo, los ritmos vitales, las aguas, las mareas, la humedad y la fecundidad, también es dual: la Luna tiene una cara de luz y una vertiente de oscuridad nunca hollada por el Sol, eternamente sombría e inmutable; mientras que la faz luminosa está sujeta a diferentes expresiones de luz.
A los seres humanos nos cuesta mucho esfuerzo la visión unificadora e integrada. Nuestra mente tiende a separar las cosas en oposición; todo lo más, podemos entender la integración de los pares como complementaria y la mayoría de las veces solo comprendemos la disyunción y el conflicto de la dualidad. Así, el simbolismo de la madre negra ha servido en muchas ocasiones para expresar aspectos que consideramos peyorativos.
La luna oscura y algunas de sus representaciones
La Gran Madre, Caos, Noche Cósmica, útero y recipiente de la vida, es abismo oceánico, el seno de la tierra y la Luna. Sus atributos fueron con el tiempo representados en distintos imaginarios muchas veces demasiado separados entre sí según las variaciones de percepción psicológica y mental mediatizada por los momentos culturales en el que se formularon, personificaron y recibieron culto. Representaciones antiquísimas de la diosa Luna son los pilares o los conos, mayoritariamente de piedra; muchas veces de origen meteórico (las llamadas piedras lunares) que en ocasiones eran trabajadas. El color también variaba en función de estos aspectos luminosos o sombríos de la deidad lunar y la valoración positiva o negativa de los pueblos que las sacralizaron. Si en Pafos o Chipre Astarté era representada como un cono o pirámide blancos, Cibeles lo era como una piedra negra. En Caldea la Gran Madre era venerada en forma de piedra negra sagrada que muchos defienden sea la misma que aún ahora se guarda en la Kaaba de la Meca, sólo que antaño, al parecer, la servían sacerdotisas y ahora son sacerdotes en un culto estrictamente patriarcal.
Las piedras lunares a menudo eran representadas como ónfalos, centros vitales; y el pilar como árbol, con un significado parecido al ya visto: el fruto de la Naturaleza, ramificación de posibilidades que obedecen a un principio común, los distintos seres, fecundidad, expansión vital, la vegetación, etc., según el nivel de análisis empleado. Todos sus frutos son el Hijo de la Diosa, el hijo de la Luna, que muere y renace periódicamente. Si bien es muy común que la Diosa Madre sea representada con su hijo en forma de niño, también lo son las alusiones al hijo como compañero y consorte igualmente sometido a ciclos de muerte y resurrección. Inanna, Isthar, Cibeles, Afrodita e Isis están asociadas a esta contraparte y complemento, su aspecto masculino, que en una de sus claves es el árbol pilar y que en esta faceta recibe muchas veces el calificativo de "el verde". Frazer y otros estudiosos del siglo XIX llamaron la atención, haciendo una interpretación exclusivamente agraria (de fecundidad física de la tierra), de la asociación de estas diosas-madre con el árbol, y su aspecto sombrío y doloroso al ver muerto a ese consorte.
No sólo ceremonias del mundo antiguo rememoran este hecho, sino también fiestas del folklore popular en las que figuran el árbol y la cruz como árbol esquematizado. Todo el ámbito europeo tiene tradiciones en torno al árbol y nuestras Cruces de Mayo hundirían sus ancestros en estas consideraciones. Cuentos y mitos sobre el hombre verde, Jacq o Jacques in the green en el mundo anglosajón, tal vez el Santiago el Verde asociado a nuestra Señora de Atocha, cuyo toponímico pudo haber tenido lugar a raíz de este símbolo, son ramificaciones de la misma pauta simbólica. En las celebraciones populares, el árbol de la Luna aparece en dibujos cubierto con frutos o luces; en un dibujo asirio tiene cintas, como en algunas celebraciones del árbol de Mayo y ¡quién sabe si entonces, como ahora, se celebraban danzas alrededor! Cruces o palos truncados sobre una media luna y representaciones de árboles con un origen claramente pre-cristiano, se han encontrado en algunas iglesias griegas.
La diosa Luna a veces es representada con una Luna creciente; el ejemplo más cercano es Isis o Hathor, la Luna como barca que surca las aguas del cielo. También el hacha de doble filo, tan común en el mundo mediterráneo, nos remite a los cuernos de la luna. Una de sus distintas interpretaciones es, de nuevo, fecundidad y potencia vital; de características ambivalentes, masculinas y femeninas a un tiempo, nos habla otra vez y de otra forma de la diosa y su consorte, tanto la vaca nutricia como el toro celeste o terrestre que fertiliza. Sorprende de nuevo que en las tradiciones de las vírgenes negras aparezca con aplastante mayoría San Lucas, cuyo animal emblemático es, precisamente, el toro.
Psicología las diosas negras
La representación de la Madre Oscura y de la Luna Negra ha pasado psicológicamente a asumir características de lo incontrolable, lo desconocido y por tanto lo que contiene y mantiene la mayor parte de nuestros temores y de nuestras evitaciones. A nivel social representan muchas veces aspectos de la Naturaleza y de los seres que se consideran contrarios al orden imperante o que, se piensa, atentan contra el mismo.
El abismo en el que se oculta a la Madre Oscura representa en los humanos lo inconsciente, con todas sus facetas y posibilidades. Los contenidos que han sido rechazados y desplazados de la conciencia por ser incompatibles con la propia imagen, con lo que se espera de uno mismo y con lo que los demás esperan de uno; así como aspectos personales que se consideran desfavorables para ser valorado, querido, considerado o deseado por otros. Pero también están aquí las cualidades nunca desplegadas y las potencialidades desconocidas que no pudieron expresarse o manifestarse. Jung llamó a esta parte de la personalidad la sombra; que si bien en un cierto nivel puede coincidir con el inconsciente freudiano, lo sobrepasa ampliamente ya que es tanto caudal de energía como lo que llamamos "bueno" y "malo" de nosotros mismos.
A nivel social, este abismo donde se oculta la Diosa Oscura significa el destierro de la conciencia social, lo que indica que una vez pudo haber tenido consideración colectiva y por otra parte, desde el infierno, mundo subterráneo, seno de los mares, etc., o dondequiera que se la haya situado, sigue de algún modo existiendo y esperando una nueva oportunidad de manifestación.
Como ya se ha señalado, muchas diosas han sido representadas en sus dos facetas: luminosa y sombría. Dos copias idénticas de Artemisa de Éfeso, la muestran una en blanco y otra en negro, acogiendo a la Naturaleza toda. Tenemos imágenes negras de Demeter (que en su versión oscura dejó al mundo yermo cuando perdió a su hija, a su vez Reina de los muertos). Kali, madre terrible, tiempo (kala) que todo lo devora, y que en cierto modo puede considerarse como un aspecto de Parvati, la contraparte de Shiva, es negra. Todas son una expresión del poder del aspecto femenino de la creación y el aspecto destrucción, muerte y regeneración de la Naturaleza.
Hay imágenes negras de Isis, aunque también tiene una contraparte en su hermana Neftis, el rostro eternamente oscuro de la Luna; y Ereshkigal, Hécate, Lilith, si no negras, sí son claramente infernales. La primera es también hermana y contraparte de Inanna, vive en el Kur, o lo inmenso desconocido. Está perpetuamente sola, ansiosa e insaciable; se siente abandonada y llena de furia.
Ereshkigal fue diosa de la fertilidad en la tierra y esposa del Gran Toro del cielo, así como Hécate fue también, antes de Hesiodo, una diosa terrenal. Hécate resume la concepción humana de los terrores de las tinieblas, de los desvaríos de lo irracional, las pesadillas, los terrores nocturnos. Pero también abarca la conciencia amplificada, la visión profética y el conocimiento profundo de los sucesos; psicológicamente se mueve entre lo impulsivo y lo intuitivo. Es la faceta impulsiva de Lilith, su rebeldía indomable, la que hizo que fuera socialmente indeseable para la tradición patriarcal judaica. Se la ha hecho poseedora de una sexualidad sin freno, por eso en la tradición judeo cristiana se la juzgó enemiga del matrimonio  y de los hijos, y en el medioevo se la consideró como un súcubo, demonio hembra que acudía por las noches al lecho de los varones.
Prácticamente todas las tradiciones han conocido y han rendido culto a diosas oscuras. Todas, incluidos los ejemplos presentados, muestran diferentes niveles de lectura, aunque algunas de sus peculiaridades más llamativas sean las que las han caracterizado para la posterioridad. Lo cierto es que en las diosas oscuras ha latido siempre un factor de renovación y de transformación.
Las vírgenes negras en el medioevo
Muchos estudiosos de las vírgenes negras han apuntado al presunto mensaje alquímico de su color y de los tonos de sus ropajes (negro o azul oscuro, blanco y rojo). El negro o el azul oscuro, representando a la materia prima y a la primera fase de la obra, la opus nigrum; el blanco, al albedo y el tercero o rojo, al rubedo. Rastrear históricamente los colores de las vestiduras de las tallas es una tarea ardua, máxime si tenemos en cuenta que hay sitios donde sólo tenemos la referencia de que posiblemente allí hubo alguna vez una virgen negra, pero sólo queda la tradición, como es el ejemplo del Mont St. Michael, en Francia; o nos encontramos una talla que es la copia de la copia de una imagen negra original que se perdió para siempre, lo cual es frecuente por desastres naturales e intervenciones humanas. En España los colores podrían coincidir en Nuestra Señora de Nuria, pero no así en la de Montserrat, Guadalupe, Atocha y mucho menos Almudena que es una imagen mucho más moderna. Claro que tampoco sabemos cuáles eran los colores originales teniendo en cuenta, además, la costumbre (que duró siglos) de vestirlas. Por otra parte, muchas representaciones generales de la Virgen, sobre todo a partir del Renacimiento, sí muestran en los colores de sus trajes interesantes características simbólicas, como el blanco y el azul claro para la Inmaculada, que podemos asociar con la Virgen Celeste, la materia incontaminada más allá de la Vida y de la Muerte y causa de ambas. El rojo y el azul en todas sus gamas para la Virgen Madre, rojo femenino de vida y sangre en el traje y azul, en ocasiones tachonado de estrellas, masculino y celeste, para el manto. Espíritu y Materia en conjunción para fructificar en el Niño-Creación; y finalmente el negro y el blanco o simplemente el negro de luto y muerte, con el matiz ctónico ya indicado, para la Virgen Dolorosa.
Otro aspecto a destacar de las vírgenes negras son los milagros. Los que se han acercado a su simbolismo han señalado peculiaridades que no se dan en otros milagros atribuidos a Nuestra Señora en otros momentos históricos. Son milagros que tienen que ver con la vida y la muerte, como el que se produjo en el momento de la reaparición de la imagen de la Almudena; con tele-transportaciones, como los casos de cautivos que desde Oriente despiertan de pronto en su país y son liberados de sus cadenas; o la salvación de las aguas (como el de Nuestra Señora de Atocha en el pozo de San Isidro) etc., milagros de individuación, de liberación, de despertar.
Por otra parte, en el lapso del medioevo coincidente con la aparición de las vírgenes negras hay una reactivación social, artística y cultural en el seno de la sociedad medieval hispano-francesa. Las órdenes monásticas, las cruzadas, los templarios, el contacto con Oriente y el mundo árabe facilitaron el comercio, la entrada de conocimientos sobre arquitectura, arte en general, medicina, matemáticas, astronomía, etc. Y la traducción de los clásicos abrió nuevas perspectivas en la filosofía y en el mundo del conocimiento en general. Hay una irrupción y un desarrollo del elemento femenino, no sólo con el culto mariano, sino también de forma idealizada en el amor cortés... a pesar de las grandes discusiones que acapararon la atención de los escolásticos sobre la Naturaleza, la carne y el pescado, sembrando una disyunción entre materia y espíritu que ha llegado a nuestros días.
Leyendas y mitos
Testigos de celebraciones de todo tipo, han dado pie a historias de reyes y plebeyos, princesas y campesinos.
Hay constancia de vírgenes negras en toda Europa. La mayor concentración de estas imágenes, descubiertas y estudiadas hasta ahora, está en Francia. España ocuparía el segundo lugar. Diseminadas por nuestro territorio, asociadas a montañas, grutas, ermitas, cursos de agua, pozos, piedras, árboles o sembrados, son pródigas en el Camino de Santiago. No en vano el apóstol está fuertemente vinculado a Nuestra Señora, que le alentó a venir a nuestras tierras y le protegió después, según la tradición, en su misión evangelizadora. Pero también se encuentran en Cáceres (Guadalupe) y en Madrid, por ejemplo, lejos de la ruta jacobea. Madrid cuenta con dos vírgenes negras de antiguo culto: Nuestra Señora de Atocha y Nuestra Señora de la Almudena, a pesar de que algunos investigadores han señalado que pudiera tratarse de la misma, puesto que de la imagen encontrada en un lienzo de la muralla árabe sólo tenemos la leyenda milenaria, por cierto, ya que algunos dicen que se remonta a San Lucas, mientras que otros a San Juan, habiéndose tallado en vida de la Virgen. También contamos con algunas menciones históricas, porque la talla que podemos observar en la Catedral sólo conserva de tan vetusto pasado la memoria.
Pasado y presente de las vírgenes negras de Madrid
  
Los estudiosos franceses han señalado la vinculación entre la tradición céltico druídica y las vírgenes negras. Por una parte encontramos representaciones de diosas madres celtas muy similares a las vírgenes negras. Sin embargo, en otras culturas también tenemos diosas sentadas con el niño en brazos o en su seno. Un referente cercano a nosotros es el de la egipcia Isis.



Un aporte de Paloma de Miguel en desagravio a la oscuridad del olvido al que han sido relegadas las diosas negras.
 

miércoles, 12 de octubre de 2011

El enigma de la vírgenes negras


Jacques Huynen
Las vírgenes negras fueron veneradas en multitud de catedrales y santuarios de la Europa medieval. La tez oscura de la virgen ha motivado perplejidad y el enigma sobre su significado. Aquí, en Temakel, presentaremos un rico texto de Jacques Huynen que explora los posibles simbolismos del moreno color de la Madre de Dios. Una dimensión simbólica que relacionará a las vírgenes negras con la ancestral veneración a las diosas de la tierra.
Como el conocimiento iniciático, los favores de la Virgen Negra eran realmente las "luces de las noche", unas luces misteriosamente dadas y recibidas en el seno mismo de las tinieblas. Esta idea estaba reforzada por la situación particular en que estaba colocada la efigie para la veneración de los fieles: una cripta (Chartres, Clermont, Guincamp, Marsella, Mont-Saint-Michel)... una iglesia "negra" (Manosque, Aurillac), o una capilla "gruta" (Rocamadour). Incluso en los casos en que la estatua no estaba directamente presente en alguno de esos lugares, siempre iría asociada a su santuario o a su leyenda uno de esos elementos oscuros, secretos, ocultos; criptas y grutas, pero también pozo sagrado, abismo, tumba o sarcófago...
Las Vírgenes Negras tenían, por tanto, una cierta significación funeraria, dirán algunos. No obstante, lejos de aparecer como madonas de la buena muerte, nuestras estatuas eran ensalzadas como donadoras por excelencia de vida, de fertilidad, de fecundidad y de bienestar, como, por otra parte, indican suficientemente sus advocaciones: Nuestra Señora de la Buena Esperanza, de la Liberación, del Alboroto, de la Vida... Estos accesorios pretendidamente "funerarios" no pueden explicarse más que por esta asociación con las catacumbas, las grutas o los subterráneos en los que los iniciados frecuentemente eligieron reunirse y trabajar, y más aún, en sentido figurado, con el sistema de pensamiento, con el método de adquisición del conocimiento del adepto que sufría las pruebas iniciadoras...
El color negro de nuestras estatuas tiene, sin embargo, también otras significaciones mucho más precisas y mucho más claras. Generalmente se admite que las Vírgenes Negras fueron la versión cristianizada de un culto antiguo, anterior al cristianismo, por supuesto céltico pero quizás aún mucho más antiguo. Por mi mismo, he llegado a esa certidumbre cada vez que he examinado y he estudiado una de esas estatuas.
Bajo diversas formas, a veces romanizadas, se adoraba en ellas, en nuestro país, a una divinidad femenina, una especie de diosa-madre, de tierra-madre, o, más concretamente, a una Diosa-Tierra. A veces una de las advocaciones que designaba su representación sobrevivió y permaneció asociada a la Vírgen Negra, como en Chartres o en Longpont, Virgo Paritura, la Virgen que debe dar a luz.
Según lo que sabemos de ello, ese culto céltico y precéltico era posible descubrirlo, con un sentido y unos atributos comparables, en la mayor parte de las grandes religiones y mitologías de la humanidad; el culto de Isis, de Cibeles, de Deméter y de Ceres, pero asimismo advertimos su presencia en las grandes religiones americanas precolombinas o en numerosas mitologías africanas, por ejemplo.
Su contenido es triple: popular y milagroso, cosmogónico y naturalista, espiritual y religioso...
Como la tierra es de un modo natural fecunda, de una fecundidad siempre renovada, la Diosa-Tierra era particularmente invocada por las mujeres estériles que deseaban tener un hijo. Más tarde, las Vírgenes Negras siguieron teniendo esa reputación milagrosa de conceder la fecundidad y, por extensión, de ser protectoras de los niños de corta edad.
Las gentes sencillas, muy atadas a esas prácticas, no hacían otra cosa que presentir la grandiosa concepción cosmogónica y naturalista que esta función milagrosa representaba.
En efecto, en la mayoría de los antiguos relatos sagrados de la humanidad, todo en el universo nacía siempre del encuentro y la síntesis de un principio masculino y un principio femenino. Así, la Tierra, virgen en su origen, fue fecundada por los rayos del sol, y es gracias a esta acción bienhechora que pudo dar vida a todo lo que existe, la Naturaleza y la Humanidad. Desde entonces, sin caer no obstante en un politeísmo primitivo, los antiguos hicieron de la tierra, de la Diosa-Tierra, la representación simbólica del gran principio femenino de todas las cosas, y del Sol, la del principio masculino por excelencia.
Este es el motivo por el que hemos notado, sin comprender siempre su profundo valor, que en todas las religiones en las que se venera a una Diosa-Tierra, siempre aparece indisolublemente asociado con ello un culto solar. Tanto entre los egipcios, como en el caso de los incas, los griegos o los celtas, no hay Diosa-Tierra sin Dios-Sol, su complemento indispensable.
¡ Estamos lejos, evidentemente, de esa concepción ingenua que veía en tales prácticas una adoración del sol de carácter idolátrico!
Por otra parte, una vez estudiadas con detalle, todas esas religiones aparecen claramente como monoteístas, e, incluso en la Biblia, frecuentemente pueden hallarse estas alusiones solares, estas comparaciones y asimilaciones simbólicas de Dios al astro irradiante.
¿Y nuestras Vírgenes Negras?
Pues bien, por curioso que pueda parecer a primera vista, en la mayoría de los casos y en plena Edad Media cristiana, esta representación solar está también asociada a nuestras efigies...Verdad es que, pasado el primer efecto de sorpresa, la lógica del pensamiento medieval imponía que ocurriera de ese modo, desde el momento en que se estaba convencido de que las Vírgenes Negras, no sólo remplazaban a las Diosas-Tierra, sino que, para sus autores, ellas eran Diosas-Tierra. Esta presencia solar aparece en ocasiones de una manera indirecta y sutil.
En algunos casos la Vírgen Negra se halla directamente colocada en un lugar antaño consagrado por los celtas a Belén. Ahora bien, Belén era el equivalente céltico del Apolo griego, es decir su "divinidad" solar. Así, la etimología de Beaune indica la existencia de semejante centro sagrado; Toulouse poseía un lago de Belén y la abadía del Mont-Saint-Michel fue edificada antaño sobre el Mont Tombe, que para nuestros antepasados era la "Tumba de Belén"... Así ocurre también que Sara la Negra, que, en muchos aspectos, se relaciona con el culto de nuestras efigies, es venerada por los gitanos en Saintes-Mariesde-la-Mer, que antaño era la "ciudad de Rá", consagrada al dios sol de los egipcios.
El toro, en las antiguas religiones, es simbólicamente el animal viril y solar por excelencia. La leyenda del descubrimiento milagroso de nuestras estatuas asocia a él frecuentemente un toro (o un buey). Este animal es el que, arando un campo, desentierra la estatua, la hace surgir de bajo tierra, y la estatua se convierte en una fuente fecunda de beneficios para los habitantes del lugar. Lo mismo ocurre en Manosque, en Err, en Font-Romeu y en Prats de Molló, en los Pirineos Orientales, donde el toro "descubre" a Nuestra Señora del Coral en el hueco de un roble, el árbol sagrado de los druidas, significando "coral" en catalán la madera del roble que, una vez mojada, se vuelve negra como si fuera ébano... A veces, el toro es remplazado por otros animales, teniendo sin embargo el mismo valor simbólico viril, como el ciervo que dibuja en el suelo el plano de la iglesia del Puy o el león del milagro de Notre-Dame de l’Apport...
A mi juicio se trata de la misma indicación solar que justificó la atribución fabulosa de la creación de algunas de nuestras Vírgenes Negras (Rocamadour, Orcival, Marsella, Montserrat) al evangelista san Lucas, lo cual hizo establecer equivocadamente por parte del canónigo Perroud y algunos más una semejanza entre nuestras efigies y el Nicopeion bizantino. ¿Cuál es el emblema simbólico de san Lucas? Una vez más, el toro (o el buey).
Con esta historia, los benedictinos y otros promotores del culto mataban dos pájaros de un tiro, puesto que Lucas (o Luca) designa en celta lo que es particularmente sagrado, y dado también que a veces aún se encuentran cerca de nuestras Vírgenes Negras las huellas conservadas de un bosque de Luca o una etimología que se deriva de él...
Un toro "inventando" la Vírgen Negra, o san Lucas "fabricando" la efigie, que será precisamente la madona de la vida y de la felicidad. Estas figuras simbólicas son sinónimas de la gran idea: el sol "fecunda" la tierra que engendra la Vida.
De este modo adquiere todo su sentido la expresión del Apocalipsis, "una mujer revestida de sol", que san Bernardo, tan presente en todo el fenómeno del culto medieval de Nuestra Señora, utilizaba con predilección para designar a la Vírgen María.
Y por otra parte, esta concepción cosmogónica encajaba muy bien en todos aquellos hombres con la idea que se hacían de María.
La Diosa-Tierra se convierte entonces en la Virgen que, por la propia acción de Dios, dará luz a un Hijo que, al mismo tiempo humano y divino, podrá salvar a la Humanidad, regenerarla, darle vida espiritualmente y, por lo tanto, aportarle "la salvación". Y, si bien Jesús nace de María, con frecuencia encontramos en otras religiones vírgenes que engendran divinamente niños "divinos" como Khrishna, u Horus hijo de Isis, o "encantadores", como el Merlín céltico nacido misteriosamente de una virgen. ¿Concepción herética, falsa desde el punto de vista religioso? Mi papel no es pronunciarme al respecto y, por otra parte, soy incapaz de hacerlo. Compruebo solamente que esta idea parece haber sido la de san Bernardo y de las minorías monásticas de la Edad media... ¿Un resto de paganismo aún no desarraigado, o piedra angular de un edificio espiritual iniciático?
¿Y el color negro?
Precisamente este color es el que se utiliza simbólicamente para representar esa tierra primitiva que, una vez fecundada, será fuente de toda vida...Diosa-Tierra implica color negro. 
Isis, Cibeles y Deméter fueron con frecuencia representadas negras mientras que la Gran Bretaña conoció una Black Annis. En Efeso, en el templo de Diana, una de las siete maravillas del mundo, se veneraba una estatua negra de la Gran Diosa, hermana del Apolo solar, y resulta sorprendente descubrir que es precisamente en Éfeso donde la Virgen María vivió tras la muerte de Jesucristo, y que hay una tradición que sitúa allí su Asunción, denominándose en turco el lugar mismo en que ello ocurrió karatchalti, es decir, exactamente "la piedra negra".
En los Pirineos, en España, en Portugal y sin duda en otros lugares, se encuentran aun esas misteriosas piedras negras de origen inmemorial e indeterminado que son veneradas e invocadas por las mujeres para obtener la fecundidad.
Cuando los españoles invadieron México llevaron con ellos el culto de una Vírgen Negra, Nuestra Señora de Guadalupe. Vuelto católico México, esta Virgen destronó oficialmente al "dispater" mexicano que era una piedra negra lisa. En La Meca, el objeto religioso por causa del cual los musulmanes del mundo entero emprenden el famoso peregrinaje, culminación de su vida de creyentes, es una piedra negra que constituye un símbolo de fecundidad y de fertilidad. Según Saillens, el ídolo más antiguo de Hedjaz era una piedra negra, volcánica y meteórica, denominada la Kaaba, es decir, literalmente "la muchacha de senos muy desarrollados", y, en un sentido más amplio, la Núbil, la Virgen que será fecundada... Desde hace siglos, está insertada en uno de los ángulos exteriores de un templo antaño consagrado, según se cree, a Saturno. Cuando Mahoma apareció, los árabes cristianos habían asociado a aquel templo unas imágenes de la Virgen María, entre otras representaciones sagradas de todas las tribus que frecuentaban la peregrinación. Los escritores de Bizancio pensaban entonces que la piedra representaba a Anáhita, es decir, Astarté, el Lucero del Alba, Afrodita o Venus...
Mahoma hizo desaparecer todas las imágenes y todos los íconos, pero no se atrevió a tocar la piedra negra venerable. Ésta fue entonces incorporada a la religión musulmana, y su fiesta, la de Venus, se ha mantenido sagrada.
Así, nuestros escultores medievales, al emplear a propósito el color negro, subrayaban de la manera más clara que la Virgen Negra era para ellos al mismo tiempo la María cristiana, la Diosa-Tierra céltica y la Isis egipcia situándola dentro de una concepción religiosa iniciática universal del gran principio femenino del Universo, fuente de toda vida terrestre y a la vez de toda religión, origen de la vida de las almas...Sin duda, como cristianos, tenían en la mente la frase del Cantar de los Cantares, tan estudiada por sus contemporáneos eruditos, "Soy negra y, no obstante, soy bella", cuya significación real hay que buscar en otra parte.
Este color que, como es sabido, nunca fue dado a otra estatua que no fuera de la Virgen (salvo a santa Ana, madre de la Virgen, la madre de la madre, en un vitral de Chartres, por ejemplo, aunque de una manera muy excepcional) se justificaba ya por ese grandioso simbolismo a la vez naturalista y religioso, que muestra y confirma claramente el estado del pensamiento espiritual de los hombres de la Edad Media.
Pero, además, tiene una significación alquímica muy concreta, que, por otra parte, es solamente una aplicación en el terreno científico de esta concepción cosmogónica que acabamos de evocar.
Los especialistas han conseguido, en líneas generales, descifrar suficientemente los viejos libros mágicos alquímicos para descubrir las grandes líneas de las operaciones a que se entregaba el alquimista para alcanzar los supremos objetivos que se había fijado, limitándose este conocimiento en la mayoría de los casos a las operaciones externas sin llegar a descubrir los materiales básicos sobre los que trabajaba, los únicos que permitirían lograr los resultados. Sabemos que la primera y más larga de las tareas consistía en fabricar la famosa "piedra filosofal", elemento sin el cual ninguna de las operaciones siguientes podría ser ejecutada satisfactoriamente.
Para llegar a fabricar la piedra filosofal era preciso ante todo recoger una "materia primordial" que los alquimistas describen ligeramente, pero sin indicar por supuesto su nombre. Esta materia primordial, este tema de la obra, debía ser una sustancia negra, pesada, quebradiza, desmenuzable, semejante a una piedra, pero poseedora, sin embargo, de unas características vegetales, un elemento corrienre, gratuito, que estuviera a la disposición de todos y del cual nadie sospechara sus propiedades, convenientemente utilizadas...
Como el símbolo de la Diosa-Tierra, la materia primordial del alquimista es, así pues, negro, y los viejos escritos la consideran como la propia naturaleza femenina. Múltiples operaciones misteriosas, que exigen del alquimista meses, cuando no años, de trabajo, deben permitir, a través de diversos encantamientos, putrefacciones y sublimaciones, y gracias a la acción de una misteriosa "agua mercurial" y de un no menos misterioso "fuego secreto", transformla poco a poco en esa materia noble que permitirá todas las transmutaciones, en la piedra filosofal.
Ahora bien, tal como escribió el alquimista benedictino Basilio Valentín, en el vocabulario gráfico de los hermetistas el agua mercurial indispensable para la fabricación de la piedra filosofal, que "trabajará" la materia primordial negra, es denominada leche de la virgen. Además, la piedra filosofal finalmente obtenida es comparada, en el mismo lenguaje, con el niño. No resulta asombroso, pues, que la alegoría de la "lactancia" de san Bernardo, es decir, su iniciación, se produzca justamente en presencia de una Virgen Negra.
Los alquimistas escriben que esta materia primordial negra habrá que ir a buscarla bajo tierra, en la mina, en los yacimientos metalíferos, lo que ellos traducen esotéricamente: en el "sexo de Isis"...Por otra parte, ¿acaso el único origen verosímil de la palabra "alquimia" no es el antiguo nombre de Egipto Al Jemit, es decir, exactamente la tierra megra.
A partir de ahí, el simbolismo alquímico del color negro de los rasgos de nuestras estatuas se hace singularmente patente. Este simbolismo reforzado también por el que podría deducirse del color dado a los vestidos de las Vírgenes Negras, a condición de que puedan encontrarse indicaciones fidedignas acerca de su policromía antigua, lo cual ya no es posible más que para algunas de ellas.
En la actualidad, la mayor parte están cubiertas con ropas recientes, hechas de tela, carentes de interés, y todas han sido repintadas en diferentes épocas. No obstante, en los casos en que hallamos descripciones antiguas, vemos que, en su origen, los vestidos pintados en la misma madera de la estatua o sobre las cintas después del encolado eran de tres colores, a saber, azul, blanco y rojo. Los artesanos de la Edad Media no hacían nada porque sí, y los colores no eran elegidos para "hacer bonito", sino en función de la representación de una idea teniendo cada color un impacto simbólico preestablecido, pudiendo ser combinado con otro sólo bajo ciertas reglas y estando proscrito para la decoración de un tema que no estuviera en relación directa con el valor que se le atribuía.
Nosotros, que apenas pensamos ya en términos de alegorías, que no estamos ya introducidos en el mundo de los símbolos, volvemos a encontrarnos con pena en esta especie de diccionario de las concordancias de colores de una extraordinaria complejidad que era rigurosamente impuesto a los antiguos en todas sus representaciones.
Sin entrar aquí en un estudio profundo de la correspondencia simbólica del rojo, el blanco y el azul, así como la que resulta de su combinación, dejo constancia solamente, como de algo particularmente interesante, de la comparación que puede efectuarse con los colores que el alquimista pretende encontrar con ocasión de sus preparaciones.
Sabemos que, en lo esencial, las operaciones alquímicas consistían en hacer pasar la materia primordial, sustancia negra, a través de todo tipo de operaciones complicadas, al estadio de piedra filosofal, de "catalizador" que permite la gran transmutación. De los tratados alquímicos se deduce que la materia primordial pacientemente transformada se coloreaba de diversas maneras durante las operaciones constitutivas de la gran obra, pero que, más allá de los matices, fundamentalmente eran tres los colores que dominaban claramente a los demás, a saber, el negro, el blanco y el rojo. Al negro se le asimilaba frecuentemente el azul oscuro, el azul noche, que representaba la putrefacción primera por la cual debía pasar la materia. El blanco correspondía la fase siguiente, que era la de la purificación de la materia, mientras que el rojo simbolizaba el fuego y la rubificación gracias a la acción del "fuego secreto"; éste era el color último, el del éxito de la obra.
Como, por añadidura, los vestidos de las Vírgenes Negras estaban a veces adornados con motivos dorados, y como ellas llevaban frecuentemente joyas y accesorios de oro, vemos que, con exclusión de los demás, todos los colores principales de la gran obra se encuentran simbólicamente reunidos en la policromía de la estatua. Al representar, sin duda alguna, el color negro asociado a los rasgos de la Madre y del Hijo, la materia primordial, los colores, blanco y rojo serían las tres transformaciones por las que pasa la materia durante la obra, y finalmente el color dorado, el del metal puro obtenido al término de la transmutación de los metales vulgares, sería el símbolo de la perfección iniciadora. (*)
_____________________________________________
(*) Fuente: Jacques Huynen, El enigma de las vírgenes negras, Colección otros Horizontes, de editorial Plaza Janes.
Mas de las Vírgenes negras, aquí y aquí
 

miércoles, 5 de octubre de 2011

La virgen morena

La virgen morena

Los esoteristas medievales utilizaron el color negro en las imágenes de la Virgen, recogiendo el legado de las diosas madres prehistóricas y de sus sucesoras paganas, Isis, Belisana o Artemisa. En el origen del culto a las diosas madres prehistóricas encontramos unas piedras negras caídas del cielo, los meteoritos, adorados como generadores de vida. En nuestros días pueden encontrarse las vírgenes negras en muchos países europeos, especialmente en Francia y España como objeto de gran devoción popular.
En la mitología de la antigua Europa céltica, sobre las colinas sagradas dedicadas a la Madre Tierra, llamada Brigit o Belisana, se encendía el 1ro. de febrero una hoguera, el Kildare, que custodiaban nueve vírgenes. Sobre esa hoguera los druidas cocían en un recipiente que representaba el caldero mágico del dios Lug, una poción de hierbas medicinales para que la energía regeneradora de los dioses beneficiara al pueblo. Cuando llegaba la noche, cada cual encendía una antorcha en las brasas del Kildare, de manera que éste, a semejanza del fuego cósmico, derramase bendiciones sobre la familia y sus posesiones.

Cuando se estableció el Cristianismo en el viejo mundo se rezaba a Jesús pero, aún así, muchos continuaron con la celebración de los antiguos ritos y subían a los montes a encender sus hogueras tradicionales y a cocer sus pociones, regresando a las casas con sus antorchas mágicas encendidas. La Iglesia se dio cuenta de que no podría acabar con estas costumbres y, en lugar de combatirlas, las substituyó por otras similares, celebradas en fechas parecidas y dedicadas a vírgenes y santos que habían adoptado los caracteres de los antiguos dioses y diosas. Así, Nuestra Señora de la Candelaria toma el lugar de Belisana y es acompañada los días 1 y 2 de febrero por San Lucas, que reemplaza a Lug, dios del caldero. La sacaban en procesión con una vela en la mano rodeada por doncellas que portaban cirios encendidos y los fieles le ofrecían ramos de hierbas medicinales. El sacerdote culminaba la celebración presentándola a todos como La Virgen Madre que trae la Luz al mundo. Lo llamativo, sin embargo, es que su imagen era de color negro ¿Por qué, quién y cómo escogió el color negro para una figura cristiana que debía substituir el viejo culto a la Madre Tierra? 
A lo largo de la Edad Media, las imágenes de la Virgen de rasgos europeos pero de piel negra, fueron abundantes. Tanto así, que algunas de ellas han llegado hasta nuestros días. Buenos ejemplos son: las francesas de Marsat y Rocamadour, las alemanas de Altötting y Colonia, las británicas de Glastonbury y Walsingham, las italianas de Loreto y Nápoles y las españolas de Montserrat y Solsona (Cataluña), Atocha (Madrid) o Peña de Francia y Guadalupe (Extremadura), por mencionar tan solo unas cuantas. La realidad es que en cada lugar donde hubo un santuario a la Madre Tierra, se instaló una Virgen Negra. Los autores de esta substitución fueron miembros de órdenes esotéricas, integrados a importantes ordenes religiosas como la de San Antón, San Benito y el Temple. 
Oriente Medio siempre fue un punto de confluencia donde se dieron cita tanto las grandes como las pequeñas religiones mistéricas de la antigüedad. En tiempos de las Cruzadas, Tierra Santa conservaba aún restos de cultos iniciáticos a Dionisos, Mithra e Isis, que se entremezclaban con las prácticas de algunos grupos de cristianos orientales. Entre los cultos de Oriente Medio sobresale, el de la Diosa Madre, que aparece en todas las grandes religiones de la antigüedad aunque su origen es anterior a ellas. Encontramos así, bajo diversas formas, una Gran Madre o Diosa Tierra, cuyos más antiguos antecedentes son las "Venus paleolíticas" de la prehistoria. Estas diosas (Isis, Astarté, Cibeles o Artemisa), fueron representadas generalmente de color negro porque eran el símbolo de la Tierra primigenia que, una vez fecundada por el Sol, se convertía en fuente de toda vida, pero también porque muchas de esas imágenes substituían, en el lugar de culto a una Piedra Negra de origen meteorítico, que había sido venerada en esos santuarios desde tiempo inmemorial. Tanta llegó a ser la fama que tenía el poder divino de tales rocas meteóricas que los romanos las requisaron en los países conquistados para venerarlas todas juntas en un templo dedicado a la Magna Mater (la Gran Madre) que construyeron en el Palatino de Roma. Allí lograron reunir la piedra Kybele de Frigia, la Lapis Lineus de Anatolia y El Gebel de Siria entre otras, y a ellas acudía el pueblo en general para solicitar favores, especialmente relacionados con la fecundidad en el plano físico, tanto como con la fertilidad intelectual y espiritual.
 
Esta veneración por las piedras negras celestes llegó hasta la Edad Media. El ejemplar más famoso, puesto que su culto persiste hasta nuestros días, es el de la negra roca basáltica conservada en el valle de Arabia donde se le adora en el templo llamado Kaaba. Cuando los musulmanes conquistaron La Meca en el año 683 y se apoderaron del templo la Kaaba, destruyeron 360 ídolos que se encontraban en su interior, pero respetaron, sin embargo la mencionada piedra negra. 
Por su parte, cuando los templarios entraron en posesión de Chipre, hacia el 1191, encontraron que todavía los habitantes bizantinos de la isla rendían culto en Pafos a una Piedra Negra que para los fenicios había personificado a Astarté y que los dorios habían identificado con Afrodita Cipris. Los templarios levantaron allí una iglesia dedicada a Nuestra Señora y pusieron en su altar a una Virgen Negra en cuyo trono cúbico guardaron la piedra como una reliquia preciosa. 
Así, tanto musulmanes como cristianos, demostraban una especie de temor reverente ante la idea de destruir una piedra negra que se consideraba sagrada. Atendiendo a diversos simbolismos parecería que esta adoración de piedras caídas del cielo explicaban de cierta forma el origen de la Vida y su renovación cíclica, por constituir la plasmación material del estado espiritual. Según el simbolismo cabalístico tradicional, por ejemplo, la Piedra Negra Celeste está relacionada con todas las formas derivadas de la Diosa Madre Tierra o asimiladas a ella. En la Cábala Hebraica encontramos: "El mundo solo comenzó a existir cuando Dios cogió la Piedra de Fundación y la lanzó al abismo de las posibilidades, para que pudiera construirse el mundo sobre ella." Encontramos también ideas afines en el mito griego del Diluvio y entre los celtas. 
Los antonianos y los benedictinos del Siglo XI y tras ellos los cistercienses y templarios en el Siglo XII asimilaron el sincretismo a través de los contactos que tenían con Anatolia, Siria, Chipre y Egipto y llenaron Occidente de imágenes de la Virgen Negra que tenían ocultas en su interior piedras de ese color. Estas vírgenes no fueron instaladas al azar. Los santuarios de las imágenes negras occidentales se levantan sobre las ruinas de templos paganos, que a su vez fueron edificados sobre sitios de adoración prehistóricos megalíticos y son herederos no sólo de sus piedras, bosques, manantiales y pozos, sino de sus ritos, tradiciones, mitos y folklore que aun están presentes en las celebraciones que honran a las Vírgenes Negras. 
Hoy día encontramos Vírgenes Negras diseminadas por todo el mundo: En Europa, Francia es el país que tiene mayor número de Vírgenes Negras, también se encuentran en Alemania, Austria, Bélgica, República Checa, Holanda, Hungría, Inglaterra, Irlanda, Italia, Lituania, Malta, Polonia, Portugal, Suiza, España. Aparecen igualmente en América, aunque no pueden considerarse rigurosamente como auténticas puesto que algunas son copias o llegaron después de la conquista española. Las vemos en Canadá, Bolivia, Brasil, Ecuador y México. 
Los hieráticos y morenos rostros de las Vírgenes Negras parecen invitarnos a una búsqueda iniciática personal tras la sabiduría y la suma de conocimiento que han encerrado durante siglos y que, en verdad, aunque requiere perseverancia y esfuerzo, se encuentra al alcance de nuestras manos
_________________


Este artículo fue tomado de http://elarcano.blogspot.com/2004/11/las-virgenes-negras.html